Colaboraciones

La vuelta al mundo de un post de Facebook

Artículo publicado el 25 de Agosto de 2017
Artículo publicado el 25 de Agosto de 2017

Tu verano habrá sido muy aventurero, pero el viaje de tu post en Facebook ha sido más exótico que el tuyo. Para ofrecer publicaciones personalizadas a sus dos mil millones de usuarios, Facebook tiene que almacenar muchos muchos datos. Y, para ello, les hace viajar. Seguimos un perplo por Irlanda, Suecia o España.

Queridos datos, abróchense los cinturones que vamos a despegar. Cada vez que un usuario de Facebook da al botón de publicar envía su contenido rumbo a un largo viaje. Cada me gusta en una foto, en un comentario, en una actualización del perfil o cada nueva amistad es un pasaporte para dar una nueva vuelta al mundo. Cada uno de los datos de los dos mil millones de usuarios (el tercero más visitado del mundo) tiene un mismo destino: Estados unidos pero, según el país de salida, la ruta es diferente. Los datos de los usuarios estadounidenses solo viajan por líneas domésticas, por lo que no salen de su país.

Rumbo al círculo polar

El resto de los datos son viajeros internacionales. Sigamos, por ejemplo, la ruta de una foto publicada desde un móvil de París. Los ceros y unos que forman parte de la imagen circulan vía aérea a través de diferentes antenas wifi que se unen a cables de fibra óptica, las autopistas de la red digital. Estas rutas publican los datos en servidores de Lulea en Suecia

De hecho, en los confines del Círculo Polar Ártico, Facebook ha construido un centro de datos o granja de servidores que almacena los datos de los usuarios europeos. Es decir, de más de 310 millones de personas. Nuestra foto parisina permanecerá allí durante un tiempo. Con el transcurso del día perderá actualidad en la red social y provocará cada vez menos reacciones hasta sumergirse en las profundidades de las publicaciones. Dejará de aparecer en las conversaciones e , incluso, quedará olvidada por los usuarios. Sin embargo, se mantendrá en Facebook como un contenido 'frío'. Es en los Estados Unidos donde la foto llegará a un retiro pacífico, en otros servidores de archivo de Facebook.

Un tunel bajo el Atlántico

Después de dejar el horizonte nevado de Lulea, la foto va rumbo a Reino Unido, para llegar a uno de los cables de fibra óptica que circulan por los fondos del Atlántico y que forman parte de un "verdadero túnel de números bajo el océano". Por estas vías circulan, en la actualidad, un 90% de los miles de millones de datos que van de una plataforma a otra. Pero para evitar los atascos Facebook y Microsoft decidieron construir su propio cable que, en principio, debería estar operativo a finales de 2017. El paso hacia Estados Unidos no se produce en las costas británicas, sino en Bilbao.

Si nuestra foto parisina sigue este intinerario llegará a territorio americano a través de Virgina tras haber recorrido 6 600 kilómetros. De ahí pasará a uno de los dos servidores de Facebook en Estados Unidos (Fort Worth en Texas o Los Lunas en Nuevo México) y otro de Europa, precisamente en Clonee, Irlanda.

Viajar a la velocida de la luz

Más de mil servidores se movilizan cuando los usuarios consultan desde el móvil su cuenta de Facebook durante treinta segundos. Estos se encuentran en diferentes lugares del mundo y los datos viajan a la velocidad de la luz. Esta velocidad casi será alcanzada con Li-Fi, una tecnología de transmisión de datos a partir de luces led, que es hasta diez veces más rápido que el wifi y que se espera que lo monten los móviles en 2020.

Facebook tiene cuidado de no olvidarse ningún dato. El gigante estadounidense incluso ha desarrollado nuevas tecnologías en sus servidores, más fáciles de reparar para garantizar una memorización inmediata y a largo plazo para evitar que se pierda información. Recuerda lo que despertó interés en cada usuario para que su algoritmo seleccione los contenidos que le vayan a gustar. Pero el almacenamiento de esos datos también tiene un valor para Facebook. Con su venta, esta red subsiste y crece. En Estados Unidos, la compañía ganó 26,68 dólares por cada usuario, más del doble de lo que gana en Europa (11,60 dólares) y hasta seis veces más de lo que obtiene en el resto del mundo (3,35 dólares). Estas diferencias se explican tanto por el interés de los anunciantes en una determinada zona, como por la regulación de cada país.

Un pasaporte, por favor

El gobierno chino puede conocer todos los datos emitidos por sus ciudadanos, pero parece poco inclinado a que una empresa estadounidense difunda información que no está sujeta a su derecho de control. El regulador estadounidense es de lejos el más flexible. Europa, por otro lado, exige que se advierta al usuario previamente de que un tercero utilice o venda sus datos.

La trashumancia de los datos plantea la cuestión de si hay una garantía de confidencialidad en función de la zona geográfica donde se almacenen los datos. Europa es muy activa en las negocaciones con otros países para respetar la libertad de los europeos de controlar el uso de su información, pero cada usuario tiene la responsabilidad de leer las condiciones generales que acepta cuando forma parte de una red social, así como de revisar los términos de privacidad. Todavía es dueño del tipo de 'pasaporte' que da a cada una de sus publicaciones.

Por Perrine Créquy.

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Este artículo ha sido publicado en el 0bservatoir0 de Mes Datas et Moi.

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