Cultura

A Barcelona le gusta ir a lo grande

Artículo publicado el 7 de Marzo de 2007
Artículo publicado el 7 de Marzo de 2007
Una larga tradición de eventos internacionales y derivados de las Olimpiadas (como el Fórum 2004) han regenerado la Barcelona urbana pero no siempre han ayudado a mejorar su imagen europea.

Barcelona está desierta. Los siete grados del frío enero no hacen justicia a la ciudad, pero sus atractivos son obvios. “Me encantan las calles y sus artistas, los edificios de Gaudí y el Parque Güell, el barrio árabe del Raval, la abundante oferta cultural (conciertos, festivales, manifestaciones)”, se entusiasma la tinerfeña Patricia, de 23 años. ¿Qué Fórum?, le interrumpo: “Es un espacio de conciertos y festivales, pero nunca son gratis”.

Es mediodía. Luce un tímido sol. El fórum, un suburbio gris gigante, se extiende ante mis ojos vacío como un desierto a lo largo de la desembocadura del río Besós. Alfred no lo siente como una parte de la ciudad. “Es un gran horror en medio de la nada, lejos del centro, como el estadio olímpico en Montjuic”, dice este joven barcelonés de 23 años. “La única razón por la que voy son los conciertos y los festivales. E incluso cuando voy siempre me digo que no volveré”. Hace dos años, el invento del ex alcalde socialista Pascual Maragall vio la luz de una manera más pomposa bajo el nombre del Fórum Universal de las Culturas 2004.

Encuentro de culturas, pero no de mentes catalanas

Una nueva franja de costa fue urbanizada para el evento internacional, con 20 hectáreas de cemento que cubrían la instalación de aguas residuales más cercana al mar. Las exposiciones y los “diálogos” (debates al más alto nivel accesibles a toda clase de público), deseaban promover un mundo más sostenible. Vino Gorbachov. Clinton, no. El autodenominado “espacio público más grande del mundo después de la plaza de Tiananmen de Pekín” creó un espacio físico gigante pero no se hizo sitio en las mentes de la gente; los medios de comunicación en Barcelona lo pusieron por los suelos.

El Fórum no revolucionó nada excepto lo que una vez fue el difícil barrio de Poble Nou. Algunos critican su modernización señalando la consiguiente subida de los precios de la vivienda. Héctor, de Castellón, dice: “Fue algo nuevo, diferente, original”. Pero la experiencia de este joven de 27 años en el Fórum el día 11 de septiembre (Diada de Cataluña) es que no hubo mucha calidad o diversidad suficiente para entretener a la gente para toda una temporada. Con tres millones de asistentes, hechos como la mala comunicación o el marketing, hicieron que las cifras descendieran en comparación a los cinco millones que se esperaban.

Eric Hauck, director de comunicación de la Fundación Fórum, que ayudó a crear y poner en marcha el Fórum, reconoce sin ambages la decepción: “No añadimos valores fuertes a la marca de Barcelona como ciudad de paz, tolerancia y conocimiento. Se consiguió mucho, pero al final no resultó ser un éxito”. Hauck concluye que la visión de “las culturas mundiales desde un único escenario en Barcelona” es demasiado ambiciosa y utópica.

Simplemente catalán

La Historia de los grandes acontecimientos de Barcelona comenzó en 1888. La Exposición Universal de entonces es ahora una parte de Ciudad Vella, un barrio situado cerca del mar. La Exposición Mundial de 1929 es hoy el conjunto de palacios de Congresos y Exposiciones de Montjuic (la Feria de Barcelona). Escalar montañas en los años treinta para construir el estadio olímpico (usado, luego, para los juegos del 92) cambió todo el concepto de una ciudad que con anterioridad había vivido de espaldas al mar. Sin embargo, la mentalidad provinciana catalana no permitió a Barcelona hacer del Fórum 2004 su gran acontecimiento tras las Olimpiadas.

“Los barceloneses recuerdan el Fórum como una locura y al alcalde Joan Clos como un payaso con grandes ideas”, suspira Alfred. “Después de todo, somos gente muy sencilla”. Hauck se suma al debate añadiendo: “Nuestra generación no es para nada abierta. Está feliz con este pequeño ambiente local. Los políticos no saben cómo encajar en el mundo. Los medios son muy, muy catalanes, reacios; nunca creemos en nosotros mismos”.

No tomo sus palabras como las de un extranjero prejuicioso; Hauck es alemán pero se “siente catalán”. En los setenta, de niño, cruzó los Pirineos con su madre. En ocasiones, durante la conversación, se regaña a sí mismo por ser demasiado catalán en su enfoque. Barcelona se perdió: “No volverá otra vez, nunca más, seguro”. Aunque quizás es una cuestión de tiempo (una vez, Hauck comparó la construcción del Fórum con la de la catedral de la Sagrada Familia, un proyecto que lleva en construcción más de cien años).

Ser Barcelona

En el Mercado de La Boquería, entre las Ramblas y el barrio del Raval, los vecinos discuten sobre BREADANDBUTTER (BB). La primera edición de este prestigioso salón de la moda tuvo lugar entre el 17 y el 19 de enero. Danielle de Bie, directora de comunicación, explica, feliz, por qué el BB escogió este año la ciudad de Barcelona, en vez de Berlín, señalando la capital catalana como un importante “eje del sur” con respecto al “norte” berlinés. “Vinimos por el mito de la cultura callejera y encontramos gran apoyo en las autoridades”, cuenta. No sorprende: las cifras que Bie me da de la Feria de Barcelona, definido como una “plataforma generadora de riqueza” para los salones comerciales, muestran que BB trajo a la capital catalana un beneficio de 80 millones de euros con 84.000 visitas, de los que alrededor de 50.000 eran visitantes extranjeros.

Hoy, la marca de Barcelona se apoya sobre el FC Barcelona, el GP español de Fórmula 1 en Montmeló, las fiestas de la Mercé y el festival de música Sonar (cuyo último concierto en el Fórum el pasado año reunió a 300.000 personas). Paco, de 23 años, vecino de Tarragona, no está de acuerdo con que el dinero tenga algo que ver en la marca de Barcelona: “Barcelona sólo intenta ser lo que es, la segunda ciudad más grande de un país de 40 millones de habitantes”.