Cultura

“A Salazar no lo toca nadie”, sostiene Nogueira

Artículo publicado el 12 de Diciembre de 2007
Artículo publicado el 12 de Diciembre de 2007
El dictador luso del Estado Novo ha sido elegido por sus compatriotas como el personaje más importante de Portugal. El escritor y biógrafo Jaime Nogueira Pinto nos explica por qué.

Fue el 25 de marzo de 2007 cuando en las pantallas de RTP, la emisora televisiva más importante de Portugal, se hizo público el vencedor del sondeo televisivo sobre el personaje más importante de la Historia lusitana: António de Oliveira Salazar, dictador en el poder durante 35 años. Una victora que ha podido meter al país en una crisis de identidad impensable. El enorme 41%, de doscientas mil preferencias en total (un número altísimo en relación con los nueve millones escasos de votantes potenciales del país, ndr), con el que el dictador se ha impuesto, aventajando en 20 puntos porcentuales al segundo clasificado, el “enemigo de siempre”, Álvaro Cunhal, el histórico líder del Partido Comunista de Portugal, fallecido en 2005.

Una especie de plebiscito que ha hecho suponer a más de uno que los “nostálgicos” del Estado Novo podrían constituir un nuevo partido. Y pensar que, en la lista inicial, el nombre de Salazar ni tan siquiera figuraba: ¿simple olvido por parte de los autores o auténtico ostracismo en relación con un personaje “incómodo”?

De Gaulle, Churchill y Franco

“Precisémoslo pronto: no había ninguna posibilidad de que se hicieran trampas. Este sondeo muestra simple y fielmente el pensamiento de los portugueses”, señala Jaime Nogueira Pinto, de la Universidad de Lisboa, conocido en todo el país por haber defendido la figura de Salazar en varias transmisiones televisivas, y por haber escrito la biografía del dictador que ya lleva cinco ediciones. Nogueira Pinto tiene un estilo impecable, con su elegante chaqueta oscura y la corbata perfectamente ajustada al cuello. Hace un sol abrasador en las calles lisboetas a pesar de que ya es pleno otoño. El asfalto hierve y hace aún más duros los empinados laberintos de la Alfama, arriba, hacia el Castillo de São Jorge.

El éxito del sondeo, un formato propiedad de la BBC ya probado en otros países europeos, es aún más perturbador si se compara con sus “hermanos”: en Francia ganó el general De Gaulle, en Inglaterra Churchill. “Y, efectivamente, todos son perfiles muy afines”, insiste Nogueira Pinto. “Gente con un carisma fuera de lo normal, hombres guía, que han llevado las riendas del poder por un largo periodo, guiando al propio país fuera de los momentos históricos fundamentales”. Nada contra esto, pero no nos atrevemos a imaginar qué habría ocurrido si en la edición española de la transmisión, en lugar del rey Juan Carlos hubiera vencido Franco, con quien Salazar, por otra parte, coqueteó políticamente durante mucho tiempo, o si en el equivalente italiano [que por el momento no se ha realizado, ndr] se impusiera Mussolini, en el que el líder portugués se inspiraba públicamente [la edición alemana, para cortar el problema desde la raíz, ha quitado a Hitler de la lista de los elegibles, ndr]. Ciertamente, los marcos políticos son muy distintos: en Alemania o en Italia, la apologia del fascismo es un delito, y la opinión pública no es tolerante con los nostálgicos de los dictatores.

“Hay que distinguir entre carisma y política”

Sin embargo, aunque menos impregnado de significados intrínsecos en Portugal, que, todo hay que decirlo, gracias a Salazar se mantuvo fuera de la Segunda Guerra Mundial, ¿puede un resultado de este tipo, de todos modos, tener un impacto real sobre la política actual del país? Nogueira Pinto excluye esta posibilidad: “Hay que distinguir entre carisma y política: cualquiera puede arrogarse hoy una parte de la herencia del pensamiento del teórico del Estado Novo. No es una cuestión de izquierda y derecha: la alarma ha sonado para todos”. ¿A qué alude con esta última frase sibilina? “La corrupción y el inmovilismo de la clase política a veces hacen arrepentirse a gente resuelta y honesta”, continúa el professor, que, con movimientos rápidos e inescrutables, llega al meollo de la cuestión. Una cuestión, la de la credibilidad de la política en nuestros días, a menudo paneuropea. Basta pensar en la situación familiar de Nicolas Sarkozy, descrita por los periódicos franceses mientras se divorciaba de su mujer Cécilia, o del Vaffanculo day del cómico Beppe Grillo, que ha desencadenado en Italia una especie de revolución popular, iniciada en las páginas de su blog [el tercero más visitado del mundo, ndr] para instalarse en las plazas de todo el país.

Debe decirse que la política portuguesa parece salir del semestre de Presidencia europea en gran forma, tras haber exhibido alguna brillante figura de síntesis –de las que el Hombre-del Compromiso, Durão Barroso, es sólo el ejemplo más mediatico- y haber hecho de matrona en el nacimiento del tan deseado mini-Tratado el pasado octubre en Lisboa. “En política, lo primero es el respeto: y Salazar es una figura que, por integridad moral, dialéctica y competencia económico-financiera, seguramente la gente respetaba”, afirma convencido Nogueira Pinto. “Por valores y forma de ser, no hay ninguno más alejado de mí que Salazar: no tenía familia, no viajó nunca, no leía novelas. No era precisamente uno que inspirase simpatía, aunque tuviera un gran sentido del humor. Para ciertos temas estamos justo en las antípodas. Pero no por esto ignoro su grandeza”.

Foto Oliveira Salazar (ww.oliveirasalazar.org); foto Nogueira Pinto (Filippo Lubrano)