Cultura

Arte en vez de rebaños

Artículo publicado el 17 de Enero de 2007
Artículo publicado el 17 de Enero de 2007
El Parc de la Villette de París es uno de los centros de cultura de Europa, donde se aúnan el arte, la música, la ciencia y la técnica.

“Eso era antes el matadero”. Raymond, de 68 años, señala con una colilla una amplia zona cubierta de césped situada detrás de la sala de espectáculos que se encuentra a la entrada del recinto. Vive desde hace varias décadas en el barrio y los domingos va a pasear al parque.

“Todos los días llegaban camiones cargados de ganado. Siempre ocurría alguna cosa. Las cafeterías de alrededor estaban repletas de gente”. Hoy, nada hace pensar en aquel trajín de entonces, los paseantes son muy escasos. Los jóvenes pasan fugazmente con sus bicicletas. Algunas personas juegan al fútbol en el césped que está detrás de la Grande Halle .

Al salir de la estación de metro de Porte de Pantin , al noreste de París, es imposible no toparse con el Parc de la Villette . Frente de la salida del metro se encuentra la sala de espectáculos central y, a su lado, una caseta de información recibe a los visitantes. A su derecha se eleva la curvilínea fachada de la Cité de la musique . En la amplia plaza situada entre los edificios se oye fluir el agua de una fuente.

El parque posee una extensión de más de 55 hectáreas y llega hasta los límites de la ciudad. Su oferta abarca desde música clásica hasta ciencia y técnica, pasando por danza, conciertos de rock y cine al aire libre. Esta unión de cultura y naturaleza, única en Europa, se creó en los años ochenta, en los antiguos terrenos del matadero de París. Al norte y al este, el parque limita actualmente con complejos ferroviarios desolados y áreas industriales ruinosas.

De establo a sala de festivales

La Grande Halle es un lugar destinado a exposiciones, festivales y ferias comerciales. Se trata de uno de los pocos edificios del parque que data del siglo XIX. Hecho de hierro, con sus ornamentados soportes y sus cristales incrustados en el metal, recuerdan más a la arquitectura de la Torre Eiffel que a un edificio puramente funcional.

Hasta los años setenta, este espacio fue utilizado como mercado ganadero, con una capacidad de hasta 5.000 animales. Aquí estuvieron, durante más de un siglo, el mercado y el matadero de todo París, hasta que los sistemas frigoríficos modernos eliminaron la necesidad de transportar el ganado vivo a la ciudad. En 1974 tuvo lugar el último sacrificio en La Villette.

Fue en los años setenta cuando los políticos decidieron que, en la zona nororiental de la capital, en lugar de vacas, debía haber cultura. Los trabajos de reforma comenzaron en 1983, y ya un año después se abrió al público la sala de conciertos Le Zénith, actualmente símbolo de éxito para cualquier grupo musical francés. Pocos años más hubo que esperar para ver terminados la Cité des Sciences et l’Industrie y las salas de teatro y conciertos.

Dar un paseo por La Villette es casi como hojear una guía de la arquitectura francesa moderna. Christian de Portzamparc, arquitecto del Palacio de Congresos de París y de la embajada de Francia en Berlín, proyectó la Cité de la Musique. Bernard Reichen y Philippe Robert convirtieron los establos en sala de exposiciones. A Bernard Tschumi se debe la forma del parque y las casetas rojas esparcidas por todo el parque y que se utilizan como oficinas de información o restaurantes.

Imagen de la ciencia francesa

La zona septentrional del parque está dominada por la Cité des Sciences et de l’Industrie, el museo francés de ciencia, técnica e industria. Desde lejos, el edificio recuerda a una gigantesca pieza de Lego. “Esta construcción tan enorme fue concebida en los años setenta como matadero”, cuenta Bruno Jammes.

El director del departamento multimedia del museo nos enseña, dando un paseo por el edificio de 270 metros de largo, algunas huellas de los primeros tiempos. “Los camiones cargados de ganado llegaban al sótano. Los trabajadores siguen llamando a este piso niveau gare” (planta estación). Cuando se cerró el matadero, la enorme estructura del edificio permaneció sin uso hasta que el arquitecto Adrien Fainsilber la reformó para convertirla en museo.

Más de tres millones de visitantes acuden cada año a la Cité des Sciences. Las exposiciones temporales tratan temas actuales, desde Alzheimer hasta Albert Einstein, desde el hachís hasta el cambio climático. Con una superficie de 75.000 metros cuadrados, la Cité es uno de los mayores museos técnicos del mundo. Es un modelo para proyectos de toda Europa, como, hace poco, la exposición permanente de la fundación científica Eugénides de Atenas.

Una última reliquia del pasado seguirá existiendo hasta 2010. En la actualidad, una cuarta parte del edificio no se utiliza. Unas instalaciones de las dimensiones de un matadero son imposibles de mantener, incluso para la Cité des Sciences. “Había proyectos para utilizarlas como universidad u otros museos, pero nunca llegaron a realizarse”, nos informa el director de espectáculos, Frédéric Poisson.

Recientemente, han recibido una oferta por parte del sector privado. La empresa Apsys quiere construir un centro comercial especializado en tecnología digital. Los cines de este centro de ocio podrían hacer que desapareciese la «gran soledad» que reina todas las tardes en las afueras de la ciudad tras el cierre del museo. «Estamos en la fase de negociaciones», explica Poisson. «Espero que esta vez se logren resultados».

Para el viejo Raymond, las salas de cine apenas cambiarán nada. Para él, el recinto está demasiado muerto: “Ahora vienen los turistas pero, por aquel entonces, esto estaba, por lo menos, diez veces más lleno de gente”. Sin embargo, sí puede sacar algo positivo del parque, ya que es aficionado a la música clásica y asistirá a un concierto después de su paseo dominical. “La Cité des Sciences, no la soporto”, declara, categórico. “Pero, bueno, me gusta ir de vez en cuando al teatro o a la Cité de la Musique”.