Cultura

Bosnia-Herzegovina: rock contra el nacionalismo

Artículo publicado el 14 de Junio de 2017
Artículo publicado el 14 de Junio de 2017

Famosa por sus divisiones nacionalistas después de la guerra en Bosnia, Mostar es conocida como la ciudad dividida en dos. Desde 2012 una escuela trata de sanar las heridas con una fórmula mágica: el rock.

Es un jueves por la noche en Mostar. Calles desiertas, edificios adormecidos, la ciudad mortecina esconde discretamente lo que ha ocurrido a unos pocos cientos de metros del centro. Detrás de los sólidos muros de un edificio grande y aislado, solo el ruido de una puerta que se abre y se cierra, sugiere que algo ocurre en el interior. Entre el gentío, los proyectores, los focos intermitentes y las salpicaduras de cerveza, un grupo de músicos toca para una multitud. Con un enorme entusiasmo, cuatro músicos adolescentes tocan canciones de rock indie, se arremolinan entre los allí presentes y ceden su hueco al siguiente grupo. Bienvenidos a Mostar Rock School, la escuela que quiere erradicar el nacionalismo.

Una historia de violencia

Para entender el entusiasmo de la juventud por este sitio tan diferente en Bosnia-Herzegovina, damos un paso atrás en el tiempo, Hace veinticinco años, en lo que antes era Yugoslavia, Mostar, se encontraba entre la parte oriental y occidental del país. En la actualidad sigue siendo considerada una de las ciudades más multiculturales de Europa. Con tantos musulmanes como católicos croatas o serbios ortodoxos, aproximadamente el 60% de los matrimonios en Mostar son mixtos. La Guerra de Bosnia en 1992, explica este fenómeno: mientras que casi todas las personas ortodoxas abandonaron la región para unirse a las zonas serbias, los musulmanes bosnios y los católicos croatas, se enfrentaron violentamente en ambos lados del frente que dividía la ciudad. Con la firma de los acuerdos de paz de Dayton en 1995, la población católica y musulmana emigró de un área de la ciudad a otra, y el famoso punto que conecta el este con el occidente no era más que un escombro de ladrillos traídos por la corriente.

Veinte años después, el puente de Mostar todavía atraviesa el rio Neretva, tras haber sido reconstruido después de la guerra por la UNESCO. Pero el antiguo frente de batalla, que ahora se ha convertido en la carretera principal, cuenta con antiguas murallas agujereadas que permiten el paso del viento y con él los fantasmas. Tras el fin de la guerra, los católicos croatas y los musulmanes bosnios han vivido vidas separadas, enviando a sus hijos a diferentes escuelas, asistiendo a hospitales, bares y centros deportivos separados. Los adolescentes pertenecen a esta nueva generación, nacida después de la guerra. Pero con las noticias de la televisión y carteles nacionalistas pegados en todas las esquinas de la calle, es imposible olvidar la división que todavía hoy, separa la ciudad y limita la relación de sus habitantes con los vecinos.

Hogar, dulce hogar

Orhan Maslo, fundador de la Mostar Rock School, tenía solo diecisiete años cuando terminó la guerra en Bosnia. Se unió al ejercito de defensa de Bosnia a los catorce, fue uno de los soldados más jóvenes del país. Varias asociaciones culturales internacionales establecidas en Mostar después de los conflictos, le hicieron descubrir la música, y particularmente la percusión. A los veintiocho años, se unió a Dubioza, un grupo de rock yugoslavo y comenzó una carrera musical internacional. "Viajábamos constantemente  de país en país. Cuando estaba en escenario, me sentía feliz. Pero durante los largos viajes en autobús, pensaba a menudo en Mostar. Sentía que quería regresar, hacer algo por este país". Orhan terminó dejando Dubioza y regresó a Bosnia para abrir una escuela multicultural de música, en la misma ciudad donde combatió. En junio de 2012, reunió a su primer promoción, ocho jóvenes músicos, juntos, para un viaje de integración en bus a Skopje. "Al principio, el ambiente era frío. Los musulmanes estaban en la parte delantera del bus, los católicos en la parte posterior. Yo me senté en medio, y empecé a contar historias sobre mis experiencias en la gira. La conversación fue fluyendo. En la primer parada las cosas ya habían cambiado".

Unos días después, la tropa regresó a Mostar cambiada por completo gracias a su inspiradora semana repleta de música.Cuando otras nueve plazas se abrieron a finales de otoño, la escuela recibió noventa solicitudes. Hoy en día, la escuela acepta cada año a cien estudiantes originarios de Mostar y de otras ciudades del país.

"Cada curso escolar está dividido en cinco ciclos, afirma Orhan.​ Antes de un nuevo ciclo los grupos se separan y se reagrupan, de este modo todos los músicos se reúnen y tocan juntos"La paridad étnica depende del gusto musical del individuo. Cada verano, la escuela realiza giras y campamentos de música en dieciocho ciudades del país. Pero, Maslo no quiere detenerse allí: su próximo proyecto es crear una Escuela de Rock móvil y organizar talleres musicales regulares alrededor de Mostar.

¿Música y agua fresca ?

Aunque algunos jóvenes encuentran su sitio en esta escuela de rock, que es para algunos un segundo hogar, muchos afrontan la incomprensión de sus amigos y familia, una vez que regresan a su casa. "Algunos compañeros no entienden qué voy a hacer allí, por qué me junto con musulmanes, explica uno de los estudiantes. ​Sus familias han sufrido mucho durante la guerra, hay resentimiento". Otros estudiantes dejan de asistir a la escuela debido a estos problemas. "Cuando la presión de grupo es demasiado fuerte, algunos ya no vienen durante meses, o a veces hasta un año Otros terminan regresando. A veces voy a tranquilizar a los padres y a explicarles que nada le va a pasar a su hijo al otro lado de la ciudad", afirma Orhan Maslo

Las familias son invitadas a cada concierto de la escuela. A veces esto da lugar a una química extraña entre los musulmanes bosnios y los católicos croatas, que han venido a apoyar a sus hijos en el ambiente festivo y ruidoso de los conciertos. Por un momento, parece que todo ha vuelto a ser lo que era antes de la guerra. Pero, Bosnia está lejos de sanar sus heridas, perseguida por los genocidios étnicos de los años noventa y minada por las políticas nacionalistas actuales. Es posible que se necesiten décadas para hacer desaparecer las divisiones y reformar la sociedad. La escuela de rock de Mostar brinda a cientos de jóvenes cierta ligereza frente a la gravedad de la vida cotidiana... Y cada día, una buena razón para cruzar la vieja frontera imaginaria.

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