Cultura

David Le Breton: el cuerpo es la extensión del alma

Artículo publicado el 28 de Octubre de 2007
Artículo publicado el 28 de Octubre de 2007
Invitación a un viaje original a través de Europa y los cinco (¡o seis!) sentidos, en compañía de este antropólogo francés.

Siento, luego soy. Así es como David Le Breton sintetiza, parafraseando a Descartes, su antropología: estudiar al Hombre a través de parámetros sensoriales. Y es que Le Breton es una especie de Robin Hood moderno, con su melena despeinada (que trata de domeñar con la mano sin resultado) y vaqueros azules en lugar de medias verdes. Tiene la manía de citar a los filósofos del pasado. Para popularizar sus conocimientos, “robando” a los ricos (los repletos de sabiduría) para “repartirlo” entre los más humildes.

Una ciudad para cada sentido

Nos cruzamos con este antropólogo francés de 54 años durante el Festival de la Creatividad (Festival della Mente) en la Toscana italiana, en donde se ha dedicado a tratar de desmontar ni más ni menos que a Aristóteles: “Es de este filósofo griego de dónde nos viene a los europeos la percepción sensorial tan reducida que tenemos hoy por hoy”, explica convencido. No bastan cinco sentidos, prosigue Le Breton, profesor en la Universidad de Estrasburgo. “¿Acaso no habla la gente muchas veces de un sexto sentido? ¿Cuántas veces no explicamos las cosas mediante el argumento de la famosa intuición femenina para explicar conceptos que no sabemos verbalizar de otro modo?”, insiste. Reducir a cinco nuestros sentidos es simplificar las cosas para volverlas más fáciles al entendimiento. Sobre todo cuando se trata de asimilar cada uno de esos sentidos a una ciudad. Otorgarle un espacio a cada sentido: noble motivo para reducirlos a un número finito. Es exactamente el juego que le hemos propuesto a Le Breton.

Lisboa es el tacto

“Me lo ponéis difícil”, contesta mientras posa sobre la mesa sus pequeñas gafas de montura azul claro, junto a la jarra de cerveza. Se acaricia las sienes, respira hondo y se lanza: “El gusto vive en Italia por lo general. Pero no me obliguéis a elegir una ciudad, en este país cada región ofrece sabores magníficos, no sabría deciros cuál prefiero”. Y la vista, ¿es francesa? “No, si tuviera que darle una nacionalidad, le volvería a dar la italiana. La Toscana, más exactamente. De hecho es florentina. Es donde la arquitectura ha conocido su expresión más perfeccionada. Florencia me pierde. Venecia representa también un espectáculo para la vista”. Si queremos salir del País de la Bota hay que pasar por el tacto: “A nivel mundial, el tacto se encuentra en Río de Janeiro. En Europa, un buen sustituto sería Lisboa, que, de todos modos, está ligada a Río por múltiples lazos”. Es más, Portugal bien merece otro sentido más, uno de los más disputados en las guías turísticas y en los anuncios publicitarios: “El olfato lo asocio a la ciudad de Funchal, en la isla de Madeira. El perfume de su vegetación no tiene parangón en Europa. Sin duda, mi nariz me llevaría allá si pudiera escoger por sí misma”. En cuanto al oído, Le Breton cruza el charco para tenderlo en Vancouver y en las vastas llanuras del Canadá. “Es mi alcoba natural: sólo allí logro sentir que escucho el mundo.”

El cuerpo como metamorfosis

Le Breton parece divertirse: sigue buscando lugares alternativos mientras estimula su espíritu con el aroma del vino. Sin embargo, el juego no tiene nada de original: ya en su día Ítalo Calvino, en su novela Bajo el sol del jaguar había imaginado –en un ejercicio de estilo de una forma perfecta- contar lugares e historias apoyándose en un solo sentido a la vez. De ello nacieron, bueno será no olvidarlo, cinco relatos que cuentan el mundo desde una perspectiva única. “Los puntos de vista alternativos sobre las cosas me fascinan: es por eso que me siento un hombre en perpetua peregrinación. Me siento de verdad un habitante del mundo.” Un cosmopolita con la maleta lista en la puerta, y que, aunque parezca mentira, no lleva teléfono móvil. “Mira, detesto la gente que llama por teléfono en presencia de otras personas”, me dice señalando una mesa contigua desde la que un cliente habla con el teléfono pegado a la oreja.

La era de Second Life

En sus trabajos, Le Breton se suele asomar a la relación que mantiene la sociedad con el cuerpo. “Hoy, intervenimos en nuestra carne, sobre nuestra piel, de un modo mucho más sutil que en el pasado. Los motivos principales también han cambiado: herirnos, cambiarnos, tatuarnos... El cuerpo es cada vez más la expresión del alma. Una medida de nuestro mundo”. ¿Y qué dice del mundo virtual, el de Internet? “Me permito pensar que lo dicho se aplica a este mundo con más razón aún. ¿Conoce Second Life? En ese programa, podemos inventarnos un nuevo cuerpo, incluso dotarnos de un cuerpo de otro animal.” ¿Y cómo ve este profesor el cuerpo, el mundo, y su propio cuerpo en el mundo? “Soy antropólogo, y la antropología reposa sobre un principio básico: todas las personas son iguales. Combatir el racismo es uno de los primeros deberes del antropólogo, y del Hombre antes que nada. Nuestra piel, nuestro cuerpo, deben servir sólo de metáfora, de filtro semántico”.

¿Existe un Estado europeo que haya tratado mejor el tema del cuerpo? “Las constituciones italiana y francesa son las más avanzadas en este punto. Pero es un mundo que entra más bien en el mundo de la cultura antes que en el de las cartas de derechos.” Aún nos falta una cosa: una definición final que sepa comprender la totalidad de nuestro cuerpo: “La carne es el pensamiento del mundo, pero este pensamiento sólo es comprendido por la Razón”. Así que ya se sabe : mens sana in corpore sano.