Cultura

Homo Erasmus o "la nulidad de los intercambios"

Artículo publicado el 28 de Octubre de 2013
Artículo publicado el 28 de Octubre de 2013

En un cuarto de siglo, el programa Erasmus ha planteado muchas cuestiones, recientemente, la de su procedencia. En su librito sarcástico, Léos Van Melckebeke - un estudiante francés - erige el retrato del Homo Erasmus, tan grotesco como decepcionante. Entrevista con un autor que rompe el mito.

Cafébabel: ¿Cómo se te ocurrió la idea del libro?

Léos Van Melckebeke (LVM): Empecé unas prácticas de lengua italiana en Venecia cuando tenía 21 años [ahora tiene 23, ndlr.] rodeado de estudiantes Erasmus para preparar el año siguiente que pasé en Bolonia. Durante ese mes, muy pocos estudiantes intentaron encontrar italianos y hablar el idioma, idea básica de los intercambios. Pude observar entonces lo que podía ser un estudiante Erasmus, es decir, algo completamente desfasado con el discurso positivo del programa. El objetivo del libro es aclarar las partes oscuras del Erasmus.

Cafébabel: Antes de eso, ¿qué opinabas sobre el programa Erasmus?

LVM:  Me parecía estupendo y aún me sigue pareciendo estupendo. La idea es genial, solo me he sorprendido por la realización concreta y por la nulidad de intercambios que el Erasmus podía aportar. No porque metas a 20 europeos en una habitación va a salir algo interesante. Generalmente, suele desembocar en estupideces. Cada estudiante va a defender muy deprisa el cliché de su país sin que haya un intercambio real. Nunca he oído una discusión sobre lo que Europa debería ser o sobre la situación de nuestra generación, por ejemplo.

Cafébabel: ¿Pero no había estudiantes que compartieran tu opinión?

LVM: Sí. En Bolonia me encontré con estudiantes con los que realmente dialogué. Hubo algunos (suizos, alemanes y de otros sitios) que sí decidieron cambiar el Erasmus y hacer amigos italianos. Es por eso por lo que no frecuentaba las famosas asociaciones de Erasmus, que no aportan nada. También es por eso por lo que el libro es sobre todo una exageración cómica a propósito de una situación absurda.

Cafébabel: ¿Entonces no es un planfleto contra el Erasmus?

LVM: No. Es una descripción de la realidad para apartarse de los discursos uniformes francamente delirantes y forzosamente elogiosos. ¿Has escuchado a los antiguos estudiantes Erasmus? Siempre es igual.

Cafébabel: Aunque no esté escrito en primera persona, el libro es, sin embargo, un poco autobiográfico. ¿Quién es entonces el verdadero Homo Erasmus?

LVM: He creado este personaje conceptual como un personaje de novela porque me permitía abordarlo por tres lados. El Homo Erasmus es, en primer lugar, resultado de todos los estudiantes Erasmus que he observado. En segundo lugar, es una interpretación de mí mismo. Y en tercer lugar, no es nadie. Es decir, es un concepto exagerado del estudiante Erasmus.

Cafébabel: ¿Crees que el Homo Erasmus es sectario?

LVM: Sí, en el sentido en el que no se interesa por la cultura del país donde está. Se mantienen entre los de su mismo tipo. Es bien absurdo, ya que cuando te vas de Erasmus debes descubrir otras cosas. Sin embargo, al final te reencuentras con la monocultura dominante. Puedes pasar perfectamente un año de Erasmus en Bolonia y no estar nada en contacto con la ciudad, su historia, su población, su singularidad. Nos preguntamos entonces cuál es el interés del viaje.

Cafébabel: La utilidad del viaje es entonces el objetivo inicial del libro y tú pareces tener una visión muy intelectualizante… 

LVM: (Comienza antes de acabar la pregunta) Parto del principio de que si se viaja es porque somos curiosos. Pero hoy en día viajamos para imponer nuestras ideas. Para mí, el deseo de viajar nace del deseo de descubrir. No estoy diciendo que todo el mundo deba ser así. Solo me sorprende que los estudiantes viajen sin tener curiosidad por conocer el lugar donde se encuentran.

Cafébabel: Un pasaje de tu libro describe al Homo Erasmus completamente boquiabierto ante un desfile del Orgullo Gay como si no supiera lo que es. ¿Tu libro no es también una crítica cáustica de tu propia generación?

LVM: Esa escena es una ilustración del potencial cómico de nuestra generación. Me entra la risa. Me río de la época. No tengo ningún respeto hacia ella. Intento hacer delirar la realidad contemporánea y su espíritu serio. Si te remontas a Ionesco, o a Molière, descubrirás que se burlaban de su época y llegaban a sacar ese potencial cómico.

Cafébabel: De acuerdo pero, ¿qué punto de vista aportas tú sobre nuestra generación?

LVM: Nos aburrimos como ostras. Tengo la impresión global de que la gente se aburre e intentan llenar ese aburrimiento con un seguimiento generalizado: este estado de fiesta permanente donde todo el mundo estalla por nada. Tengo un punto de vista escéptico sobre el modernismo, sobre la época, sobre mis contemporáneos.

Cafébabel: Tanto en la forma como en el fondo se ve claramente. Con este libro, ¿no tienes miedo de parecer un abuelo cascarrabias?

LVM: Soy plenamente consciente de ello y, como ya he dicho, este libro es una exageración cómica. No soy alguien a quien no le guste la fiesta, pero encuentro que las quedadas actuales son tristes e insípidas. Lo que sí espero es haber hecho reír. Este libro no tiene grandes pretensiones, no es un programa político. Es algo pequeñito. 

Cafébabel: Antes de acabar, ¿qué aconsejarías a los actuales estudiantes Erasmus? 

LVM: No dejarse absorber por el programa, tener la curiosidad de encontrarse con los autóctonos. Y eso… eso requiere un esfuerzo. La cosa es que estamos en una época donde se nos pide hacer lo menos posible. La tentación de no dejarse llevar por las ideas convencionales y permanecer entre los Erasmus es fuerte. Pero buscando siempre la facilidad solo estamos formando rebaños.

Leer: "Homo Erasmus", publicado en Ediciones Dasein.