Cultura

La esclavitud de los romaníes, 'La gran vergüenza' de Rumanía

Artículo publicado el 27 de Febrero de 2017
Artículo publicado el 27 de Febrero de 2017

Cada 20 de febrero, Rumanía celebra la abolición de la esclavitud de los romaníes. Coincidiendo con esta celebración, la directora Alina Șerban ha representado en el Teatro Nacional de Bucarest una obra de teatro que trata de cerca este tema. [Opinión]

Cuando la historia se olvida, el arte la saca de nuevo del cajón. Con la obra Marea Rușine (La gran vergüenza), reaparecen en escena los 500 años de esclavitud de los romaníes. En esta obra, Magda, una joven romaní estudiante de doctorado, decide redactar una tesis sobre este tema, pero tiene que hacer frente a las críticas de sus familiares y a sus dudas internas: ¿qué significa ser hoy en día una mujer romaní en Rumanía y en Europa?, ¿cómo se puede ignorar semejante historia?

"Magda: propongo describir las principales características de la esclavitud de los romaníes en Rumanía.

Profesor: le pregunto de nuevo, ¿por qué es tan importante este tema?

Magda: porque aún hay poca información sobre ello y puedo contribuir a desarrollar esta área de estudios.

Profesor: la tesis que propone es demasiado militante. Habría que decidir si es académica o activista".

A través de este personaje, la actriz romaní Alina Șerban vuelve a acercar este pasado al presente y a cuestionar la identidad romaní, así como la historia de los romaníes rumanos. Para Șerban, es crucial conocer el pasado para poder comprender el presente: "Todo el discurso sobre los romaníes ha sido elaborado en el presente, pero nunca se cuestiona por qué existe tal situación. ¿Han tenido estas personas la misma suerte que otras? Es importante que Rumanía y el resto de Europa comprenda que los antepasados de los romaníes rumanos eran esclavos y que las consecuencias son visibles hoy en día. La gran vergüenza no es solo un pasado esclavista, la gran vergüenza es el olvido de este pasado".

¿Quién está tras la historia?

La primera parte de la obra trata sobre la elaboración de la tesis de Magda y sobre el diálogo con su hermano — un cura ortodoxo — su novio y sus profesores. En la segunda parte, la joven y los otros personajes interpretan la defensa de la tesis con cierta exaltación y recuerdan la historia de la esclavitud de los romaníes hasta su abolición. Al final de la obra, imágenes del siglo XXI muestran las habitaciones de los romaníes destruidas y a sus habitantes expulsados. 

Este tipo de situaciones las ha vivido Alina en su propia piel. Siendo adolescente, toda su familia fue expulsada de la 'corte rom' donde se alojaban. Es entonces cuando se benefició de una ayuda social para la infancia que le permitió vivir en un piso con otros jóvenes de su edad. Con el bachillerato aprobado, consiguió entrar en la UNATC, la universidad de teatro y cine de Bucarest. 2010 fue el año de los reconocimientos: Alina obtuvo una beca para estudiar primero en Nueva York y después en la Real Academia de Londres: "Me di cuenta de lo afortunada que era de ser europea. Por aquel entonces no podía trabajar, pero, a diferencia de mi amigo somalí, yo tenía un pasaporte válido, el cual me permitió vivir y estudiar en otro lugar. Fue una auténtica liberación", reconoce Șerban.

Durante su estancia en Nueva York, Șerban comenzó a relacionarse con afroamericanos que le hablaron de sus antepasados, de la esclavitud y del 'privilegio blanco'. "Para ellos era normal hablar de este tema. Ellos daban voz a mis pensamientos, unos pensamientos que no había expresado hasta ese momento. Los romaníes de Rumanía aún no han abrazado este tipo de discurso, a pesar de haber vivido una historia parecida. Por tanto, la pregunta que lanzo es la siguiente: ¿quién escribe la historia?".

Șerban decidió informarse sobre los antepasados romaníes, las generaciones de roms spoitori (lavanderos), y quiso adaptar la historia, su historia. Siguiendo a los afroamericanos, Alina quiso formar parte de esos artistas romaníes que hablan del pasado esclavista de Rumanía y contribuyen a dar voz al grupo étnico más discriminado de Europa. 

Amnesia general

Muchos historiadores han comparado la esclavitud de los romaníes con la de los afroamericanos de Estados Unidos. Aunque las condiciones y el contexto sean diferentes, merece la pena destacar ciertas semejanzas. Desde el siglo XIV hasta el XIX, los principados de Valaquia y Moldavia esclavizaron a los romaníes. Este sistema se institucionalizó con un Drept Tigan, una especie de 'código negro'. La abolición definitiva de la esclavitud se declaró en 1864. Desde entonces, solo se ha recordado este periodo vagamente.

El término 'gitano' era el apodo de los romaníes, siendo el término empleado para designar a todos los esclavos. Al igual que la palabra 'negro', 'gitano' se ha utilizado para designar despectivamente a los romaníes. No todos los esclavos eran romaníes, pero todos los romaníes — salvo los liberados o los que huyeron — eran esclavos, propiedad del príncipe, de los monasterios o de los boyardos, célebres aristócratas ortodoxos de Europa del Este. 

Hoy en día, se ha minimizado la historia de la esclavitud. Incluso, la lengua rumana habla más bien de sometimiento (robie) que de un tipo de esclavitud (sclavie). La historia no entiende de errores. En 1837, el estadista Mihail Kogalniceanu, que más adelante sería el primer ministro de Rumanía, intentó alertar a Europa sobre la situación de los romaníes: "Los europeos crean compañías filantrópicas para abolir la esclavitud en América, mientras que en su propio continente 400.000 romaníes siguen en situación de esclavitud". 

Los manuales escolares rumanos no contienen ningún tema sobre la esclavitud de los romaníes. Solo algunas líneas mencionan el sometimiento que sufrieron y el periodo abolicionista. No obstante, los principales propietarios de esclavos, representados por la Iglesia y el Estado, poco a poco han ido asumiendo sus responsabilidades. El 20 de febrero de 2011 (fecha de la primera abolición de 1856, ndlr) se promulgó el 'día de la conmemoración de la emancipación de los romaníes'. El 19 de febrero de 2016, el primer ministro de Rumanía, Dacian Ciolos, reconoció de manera oficial que durante siglos existió la esclavitud y la situación marginal de los romaníes. Al día siguiente, se colocó una placa conmemorativa en el monasterio de Tismana, uno de los primeros en tener esclavos. 

Pero, ¿por qué no reconocer el pasado impide que se hable de las consecuencias? Varias investigaciones muestran algunos de los lugares ocupados por los romaníes durante el periodo de la esclavitud. Este es el caso del barrio Simileasca en la ciudad de Buzau. En su ensayo From the Gypsies to the African-America, la profesora de literatura Mihaela Mudure escribe que el periodo después de la abolición fue funesto: "Los esclavos formaban un nicho económico, pero sin ningún tipo de personalidad política o jurídica. Los esclavos liberados, en cambio, sí que tenían esa personalidad política y jurídica pero se encontraban expulsados de la sociedad y vivían al margen de la vida económica moderna". De igual manera explica que, al contrario de los afroamericanos, los romaníes nunca tuvieron los medios que les permitiera dar a conocer su cultura y su historia.

Sin arte no hay memoria

Este tema volvió a la escena pública en 2015, durante el estreno de la película Aferim, dirigida por el rumano Radu Jude. Premiado en la Berlinale, este western se desarrolla a principios del siglo XIX y pone en escena a dos policías en busca de un esclavo que ha huido. Para muchos espectadores, la revelación de este pasado fue como una bofetada. "El diálogo está comenzando", opina Alina, pero los avances todavía son inciertos. "No era fácil conseguir representar una obra así en el Teatro Nacional. Estamos contentos, no hubiera sido posible si nadie hubiera valorado el mensaje que queremos transmitir en esta obra. Es el centro cultural Romano Kher el que ha permitido que se presente". Otro teatro público, en cambio, lo consideró demasiado militante, pero Șerban no quiere revelar su nombre.

Trailer de Aferim (2015)

Alina no se deja abatir. Ella no cree que sea cuestión de hacerse la víctima: "O se rechaza, o se victimiza a los romaníes. Debemos seguir adelante. Para mí era una necesidad hablar de historias dolorosas, pero para crear algo positivo, para provocar un cambio. Y es el teatro y el arte en general el que puede conseguir que llegue este cambio". Posiblemente, unos años antes, no se hubiera atrevido a sacar adelante un proyecto así: "Como mujer romaní, no tenía la costumbre de llenar este espacio. Otras personas lo hacen más fácil, dicen lo que quieren y lo consiguen. A partir de ahora yo también quiero demostrar que también tengo derecho a tener mi lugar ». Y así evitar que 500 años de esclavitud caigan en el olvido.

__

*Mirar la reseña Etudes Tsiganes número 29 sobre la esclavitud de los romaníes.

___

Este informe cuenta con el apoyo de la bourse Europa y del Instituto Cultural Rumano.