Cultura

Rumanía: El pueblo de los palacios gitanos

Article published on 30 de Enero de 2009
Article published on 30 de Enero de 2009
Vanos en un pequeño tren que atraviesa Rumanía en dirección a Buzescu, un pueblo en el que los gitanos, otrora nómadas, construyen palacios sin licencia a su antojo y sin un plan previo en mitad de Valaquia

Al llegar de Alejandría, Buzescu, con sus pequeñas casas de pueblo amontonadas a ambos lados de la calle principal y sus pequeños jardines delanteros convertidos en huertos, se parece a cualquier otro pueblo rumano. Pero de pronto, nada más pasar la iglesia, nos encontramos con un espectáculo totalmente distinto: techos altos, torres de acero y de festones que resplandecen a la luz del sol, estrellas de Mercedes en lo alto, pagodas que se unen a otras pagodas, tejados plateados, una mezcla de estilos que sobrepasa todos los límites.

"Todas las calidades que se han perdido en la arquitectura actual las encontramos aquí"

Es en este pueblecito rumano donde se sitúa el origen de lo que llamamos palacios gitanos estilo pagoda. Un trío de arquitectos y de artistas, Mariana Celac, Iosif Király y Marius Marcu-Lapadat, fueron los primeros no gitanos que llamaron la atención sobre este fenómeno en 2001, mediante un trabajo fotográfico de varios años bautizado Tinseltown (Villa Oropel). Buzescu, situado a 100 kilómetros al suroeste de Bucarest, es el ejemplo más claro en Rumanía. Según Mariana Celac, aclamada urbanista y crítica del régimen de Ceauşescu, “encontramos, agrupadas en este lugar, todo un conjunto de calidades que se han perdido en la arquitectura actual”.

Tras la ventana desfila un paisaje extraño con pastores, pueblos y muchos perros que ladran al paso del tren. “¿Van a visitar a los gitanos? ¿Los palacios? Olvídense de eso, es demasiado hortera, sin ningún estilo ni importancia”. En una gran ciudad alemana, bien estructurada, ordenada, esto parecería una utopía, ¿pero no estamos hablando de una arquitectura innovadora, quizás incluso de una nueva seña de identidad de la cultura gitana? No podemos sino entenderlo como una búsqueda, como un puntapié a los límites impuestos por la sociedad.

Edificios móviles

Mármoles rosa malvavisco, baldosas negro regaliz, cemento, metales preciosos, gráciles columnas, herraduras desproporcionadas, arañas con adornos en forma de dólares, además de cuerpos extraños, nos sentimos violentados en mitad de esta parte del pueblo habitada por los gitanos. Formas nunca vistas se alzan a una y otra parte de la calle principal, capiteles casi sin fuste florecen entre las paredes. La calle principal del pueblo recuerda al puente de mando de un barco. ¡La moda pronto pasa de moda! Las fachadas metalizadas reflejan ahora tejados con forma de pagodas chinas. Todo está en constante movimiento. La gente trabaja en medio de campos de arena, con hormigoneras y andamios improvisados. Cada propietario de un palacio es su propio licitador.

Las fuentes estéticas de estos palacios son diversas: desde los edificios administrativos de la vecina Alejandría hasta las piedras moldeadas sobre los originales en yeso de la locura megalómana del viejo dictador, el ‘Palacio del Pueblo’ de la capital, Bucarest. Los elementos de un lenguaje formal representativo recombinados de nuevo. Preguntamos a un habitante sentado delante de su puerta si podemos llamarle ‘arte’ a lo que representa su casa. Se lo piensa, sonríe y asiente. “El lenguaje formal de los palacios está lleno de fantasía, es penetrante y sincero. ¡Es arte!”, opina también Mariana Celac.

Arquitectura e identidad

Un hombre con un sombrero de paja nos invita a visitar su palacio. Siempre ha vivido en Buzescu. Como la mayoría de sus congéneres, pertenece al grupo de los Kalderash (la palabra căldăraşi significa calderero en rumano) y sigue comerciando con artículos de hojalata. Admiramos los ricos frescos murales que representan un paisaje toscano, las flores de plástico inmaculadas, el arreglo de jarrones de oro y las pieles de tigre de peluche. Todo es extremadamente simétrico.

Mariana Celac ve en esta simetría un principio de composición importante. Tanto en el interior de las casas como en las fachadas exteriores o en las escaleras, incluso si las construcciones son muy diferentes, se hace hincapié en el eje central. “Construyen así porque les encanta. Es mucho más eficaz y arraigado, mucho más profundo que las normas que imponen las autoridades y la sociedad”. Nuestra anfitriona nos habla con orgullo de la trayectoria de sus ocho hijos. Sus nombres coronan el tejado de su casa.

"La libertad se pierde cuando buscamos y encontramos normas e instituciones"

Puede ser que este tipo de construcción, que relaciona estrechamente al hombre y su morada, tenga un potencial real. ¿Podría llegar a convertirse en una parte de la identidad de los gitanos? Iosif Kiraly, el fotógrafo del proyecto Tinseltown habla con prudencia de un “momento histórico”. “Pienso que nos encontramos en un momento crucial, un momento en el que una minoría redefine su identidad. Ya es característico que los terrenos y los edificios más costosos se encuentren en la calle principal. Estas casas no sirven sino de representación”. Así pues, una arquitectura de representación. De hecho, como toda arquitectura, bien sea el palacio de Ceauşescu o los edificios de los bancos de Europa occidental.

Como una improvisación musical

Entre los gitanos, la cuestión de la identidad provoca opiniones discordantes. Según un eminente filósofo y antropólogo gitano, los palacios serían “un estereotipo más creado por la sociedad blanca sobre los gitanos”. Se trataría de un fenómeno marginal que no tendría nada que ver con la verdadera identidad y la pobreza múltiple de los gitanos. Sin embargo, Mariana Celac ve en las construcciones de Buzescu el nacimiento de un innovador movimiento arquitectónico: “Su estilo es como una improvisación en música. La libertad se pierde cuando intentamos encontrar normas e instituciones”. Entretanto, un estudio de arquitectura gadjo (payo) ha tratado de reproducir este estilo a modo de colaje. Pero la cuestión es, ¿podemos imitar lo auténtico? La característica principal de las construcciones gitanas es, en efecto, el cambio permanente. La movilidad del inmobiliario.