Cultura

Terri Gilliam, el eterno adolescente

Artículo publicado el 22 de Diciembre de 2006
Artículo publicado el 22 de Diciembre de 2006
El actor y director norteamericano se ha pasado media vida en Londres donde conoció a sus compañeros de los Monty Python. Hoy, tiene 65 años, pero aún conserva su espíritu inquieto e imaginativo.

Su aspecto no difiere mucho del típico inglés jubilado: cabeza canosa, generosa barriga, camiseta de colorines y chanclas. Sólo se le diferencia de los demás turistas británicos que se acercan a España por dos cosas: la nacionalidad (aunque parezca mentira Terry Gilliam nació en Estados Unidos) y el talento que a estas alturas ya pocos le discuten. Es difícil que alguien que no se haya reído con la delirante comedia Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores. Treinta años después de ese indudable éxito del grupo humorista británico Monty Python, uno de sus miembros, el actor Terry Gilliam, sigue trabajando en el cine.

Gilliam hojea con avidez los periódicos que hay encima de su mesa buscando las páginas que recogen sus declaraciones en el Festival de Sitges. “Nostradamus es mi segundo nombre”, “Los Monty Python son como los Beatles: nunca volverán”, “Me siento como el Quijote”. Es una fuente inagotable de titulares. Espero que a mi me dé alguno parecido.

Empezamos hablando de los críticos. El cineasta no encajó demasiado bien las malas críticas que recibió Tideland, su último filme, en el festival de cine de San Sebastián. “Sois unos estúpidos”, llegó a soltarles. Ahora, un año más tarde, parece más tranquilo. “En Sitges hay otro tipo de audiencia y la reacción ha sido mucho más positiva. Ya no me interesa tanto lo que digan los críticos. A veces pienso que han visto tantas películas que ya no saben de cuál están hablando. Nunca he aprendido nada de un comentario negativo”. El tono de Gilliam es relajado, sin rencor.

Niños y drogas

Hay que admitir que Tideland es un filme difícil de ver, una obra que requiere cierto esfuerzo por parte del espectador. La trama, inspirada en un libro de Mitch Cullin con el mismo título, habla de una niña que prepara las dosis de droga a sus padres. Cuando estos mueren, empieza a vivir en un mundo imaginario en el que los trenes son tiburones y las muñecas hablan. La realidad es sórdida, pero la imaginación ayuda a la chica a tirar adelante. “Me enamoré del libro desde un principio y creo que la clave de todo es el punto de vista. Todo se ve a través de los ojos de la chica y esto sorprende mucho a los espectadores adultos que no son capaces de disfrutar del filme” ¿Por qué? “Cuando aparece una niña preparando heroína dicen ‘puaj’, se cierran en banda y se niegan a aceptar lo que ven. Sólo ven muertos, drogas y cosas horribles, y en cambio, no se fijan en la relación entre el padre y la hija ni en el mundo que ella crea. A la protagonista no le plantea ningún problema lo que hace: sólo ayuda a su padre.” Para apreciar la película no queda más remedio que ponerse en la piel de un niño.

Imaginación sin límites

Para el mismo Gillian esto nunca ha sido un problema. A pesar de tener 65 años, parece que nunca haya dejado de pensar como un niño. Desde que dejó los Monty Python, se ha convertido en un director de culto gracias al toque fantasioso de sus producciones. En todas ellas hay un elemento mágico que muestra la faceta más infantil de nuestro personaje. Lo podemos ver tanto en la persecución orwelliana de Brazil (1985) como en la fábula futurista Doce monos (1995). Él no se esconde. “Creo que cuando dejas de soñar, mueres. Yo no separo la realidad de la imaginación, mucha gente las pone en cajas separadas, pero a mi no me gusta.” Se para un momento para extender los brazos y dar énfasis a su idea. Y continua: “Todo el mundo se llena la boca hablando de la realidad, pero yo aún no sé qué es. Hay quienes consiguen vender periódicos u obtener récords de audiencia en la televisión con esta idea. En cambio, para mí, la realidad es una cosa personal. Todos tenemos la responsabilidad de reinventar el mundo para nosotros mismos. No tenemos que aceptar por fuerza aquello que nos quieren imponer”. Luchar contra el sistema. Esto es lo que le gusta a Gilliam, aunque, a veces, se complique la vida.

Como en el caso de El hombre que mató a Don Quijote, una película que nunca consiguió acabar. No sólo por los inconvenientes previos al rodaje (tardó diez años en conseguir el presupuesto), sino por las múltiples desgracias naturales y materiales que le sucedieron cuando empezó a rodar. Para más detalles, Keith Fulton y Louis Pepe han hecho el documental Lost in la Mancha (2002); el primer making of de una película que no llegó a hacerse.

Por muchos molinos de viento que haya, Gilliam tiene la intención de seguir alternando sus rodajes a un lado y otro del Atlántico con la misma energía de siempre. ¿Dónde será más fácil? “Supongo que en los Estados Unidos, porque allí suelen darme más dinero. Ya sé que parece irónico decirlo porque me paso el día criticando a Hollywood, pero los estudios me garantizan unos presupuestos imposibles en Europa.” Acaba la frase con una gran carcajada. Gilliam no se olvida de los europeos. “Cuando quiero hacer un filme con comodidad, digo que soy americano, pero cuando mi propuesta es más exótica, me presento como inglés”. Tideland se rodó en Inglaterra. En Europa, tenemos un presupuesto reducido pero estamos abiertos a las propuestas arriesgadas.

El retorno de los Monty Python

El miembro yanqui de los Monty Python, se ha pasado media vida en nuestro continente, en concreto en Londres. Fue allí en 1967 para buscarse la vida y conoció al resto de los miembros del famoso grupo cómico autor de La vida de Brian (1979). Tal época difícilmente volverá. Gilliam descarta reunificaciones y propone otras series humorísticas actuales con el mismo espíritu trasgresor. “Se siguen haciendo cosas interesantes en la televisión. El problema es que hay demasiados ejecutivos y productores que te complican la vida. Dicho esto, en cuanto dispones de un espacio, puedes hacer un humor muy excitante. Y no sólo en el Reino Unido, donde triunfa la comedia Little Britain, sino también en Estados Unidos, donde han salido obras como South Park”. A pesar de todo, se hace difícil pensar que estas series marquen una generación como lo hicieron los Monty Python.

Antes de acabar le pido un titular. Se concentra y dice: “Terry Gilliam aún sigue muerto”. No lo acabo de entender, pero vuelve a estallar en una carcajada mientras se despide. Dicen que volverá a rodar un Quijote con Johnny Deep. Que tenga suerte.