Cultura

Viaje a la isla del arte callejero

Artículo publicado el 6 de Julio de 2017
Artículo publicado el 6 de Julio de 2017

Rutas insólitas y diferentes para explorar Sicilia. Estos son los caminos del arte callejero, que muestran una nueva faceta de la isla y que conectan a las viejas y nuevas generaciones. 

Imágenes de un hombre que rema en una barca fabricada con un contenedor de residuos. Una cabeza antropomorfa con las grietas de las paredes como cicatrices. Un niño atrapado en una botella. El turista que aterriza en el aeropuerto Falcone-Borsellino y recorre el tramo de autopista que le lleva hasta Palermo puede disfrutar de los murales que decoran el perfil urbano y los abusivos bloques de pisos que se alzan sobre el paseo marítimo de Carini. Se trata del proyecto Welcome to Palermo: Vamos a la playa, con el que algunos artistas sicilianos e italianos han querido reflexionar sobre la construcción ilegal. 

Aunque el arte callejero ha tenido más renombre a nivel nacional e internacional, Sicilia se ha convertido desde hace algunos años en un museo al aire libre digno de estudiar, visitar y descubrir. Así lo han hecho el semiólogo Marco Mondino, la socióloga Luisa Tuttolomondo y el arquitecto Mauro Filippi, los autores de Street Art in Sicilia: Guida ai luoghi e alle opere, publicado por Flaccovio y donde han catalogado más de trescientas obras repartidas por más de treinta ciudades de la isla.

En la Sicilia del arte urbano, el mapa de rutas turísticas está marcado por el arte callejero, que revierte las prioridades de los viajes tradicionales y reescribe la geografía. Aunque Palermo, Catania y Messina se han mantenido como núcleos relevantes que albergan escritura, reportaje fotográfico, land art, pop art, mosaicos, carteles, grafitis, técnicas mixtas e híbridos infinitos, también han emergido otras capitales artísticas. Es el caso de Licata y Favara, que se han convertido en las más importantes de la provincia de Agrigento.

"El arte callejero ha intervenido en un centro histórico despoblado deste los años sesenta y setenta, debido a las migraciones a la ciudad nueva", explica Marco Mondino.

Es una Sicilia aún por descubrir. Se intentan dejar a un lado los típicos destinos turísticos como Cefalù y Taormina para poner la vista sobre Salemi, Floridia y Castell'Umberto.

En la trapanesa Petrosino, las obras firmadas por el Collettivo FX y por Dzia narran la identidad de un lugar agreste, rico en viñedos, litorales y antiguos bagli, mientras que en Gibellina, siempre receptiva con el arte (tras el terremoto el arte se convirtió en un instrumento de promoción del territorio a través de obras de land art únicas en Europa, como la de Cretto di Burri). "El arte callejero se instala en un recorrido ya iniciado en el tiempo que continúa dialogando con las formas artísticas del pasado, actualizándolas", nos cuenta la socióloga Luisa Tuttolomondo.

 Mondino, en cambio, señala que "el arte callejero puede ser un instrumento de narración de la memoria no solo de una ciudad o de un lugar, sino del propio artista. En el arte callejero de Maregrosso, barrio de Messina, destaca el elefante, elemento típico del arte de Giovanni Cammarata, artista forastero que contribuyó a revalorizar este barrio entre los años sesenta y noventa".

Este trabajo se lleva a cabo a través de la relación con las imágenes, pero también a través del vínculo entre arte y territorio, por lo que se escogen lugares que son símbolo de unos sucesos históricos, sociales y políticos determinados. Esta relación no es siempre pacífica. Niscemi está cargada de tensión política con la influencia de artistas como Blu, que han apoyado el movimiento No Muos [movimiento contrario a la presencia de una base militar estadouniendse en Niscemi, ndlr]. En este caso, el arte ha adoptado un papel social y político y se ha desarrollado a través de la provocación y la diatriba, reclamando el mismo énfasis ideológico que en los años veinte y treinta diera a luz a los primeros murales en México con artistas como Huerta y Orozco, que sostenían la idea del arte colectivo y que narraban episodios de denuncia social mediante el uso de colores llamativos y formas expresionistas.

En la Sicilia suroriental, en cambio, el arte callejero se ha cultivado a través de importantes manifestaciones. Marco Mondino hace un balance: "En muchas ciudades el arte callejero ha llegado gracias a los festivales internacionales. En Ragusa hay un festival de murales de carácter internacional, llamado Festiwall, con obras enormes que ocupan fachadas enteras de los edificios. Tiene un valor altamente turístico, pues genera una red de museos dentro de la ciudad. En Giardini Naxos se celebró uno de los primeros festivales de artistas callejeros, aunque el primero de todos, pionero del arte callejero siciliano, fue el de Campofelice di Roccella, en la provincia de Palermo".

Regresamos a Palermo, concretamente al barrio popular de Borgo Vecchio. Aquí, Mauro Filippi, director del proyecto del laboratorio de diseño Push, han acogido al artista Ema Jons y en conjunto con Per Esempio Onlus y con la ayuda de niños del barrio, han creado un museo al aire libre inundado de colores, formas y personajes que promueven el sentimiento de pertenencia al territorio. 

Pero en Palermo la calle entabla a su vez un diálogo con la tradición y los símbolos de la ciudad en Vucciria, con el crisol de razas de Ballarò, las referencias a la mafia y a la construcción ilegal en Zen y muestras sus rasgos más pintorescos en Cantieri Culturali alla Zisa.

También hay estratificaciones en marcha en Catania, con las obras del litoral costero, las primeras en Sicilia, y las de San Berillo, un barrio histórico que en los últimos años ha sufrido una degradación urbana y una criminalidad que los artistas callejeros intentan remendar pintando murales en las puertas del barrio.​

"El arte urbano ha llegado a Sicilia comprendiendo la necesidad de un territorio que busca valorizarse. Lo hace uniendo personas y localizando las particularidades de cada lugar, pero también de manera temática, retornando a la tradición, mediante el Genio y Santa Rosalía de Palermo y el Liotru de Catania, con artistas que juegan con los símbolos de la ciudad", explica Luisa Tuttolomondo.