Cultura

Victor Ginzburg, la Generación Pepsi y la lucha por acabar con los estereotipos

Artículo publicado el 18 de Abril de 2012
Artículo publicado el 18 de Abril de 2012
Con ocasión del festival Europe autour de l'Europe, hemos charlado con uno de los directores rusos de mayor éxito de las últimas décadas. Entrevistamos a Victor Ginzburg, que ha trabajado durante cinco años en la adaptación cinematográfica de Generation P, la novela de Viktor Pelevin sobre la primera generación post-soviética. En el artículo, algunas imágenes originales de la película.

Nieve, vodka, Tolstói y Comunismo son lo primero que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en nuestra fría y lejana hermana del este, Rusia. Sin embargo, es probable que estos estereotipos sean los mismos a los que tuvieron que enfrentarse los jóvenes que abarrotaron las proyecciones de la película Generation P, del director ruso Victor Ginzburg, en los festivales de cine de Toronto, Mumbai, Moscú y París.

Superamos el reto de poder hablar con él

“El objetivo más importante para las nuevas generaciones es desembarazarse de los estereotipos”, opina el cineasta. Seguramente lo han logrado, porque la película ha sido acogida con entusiasmo precisamente por la generación comprendida entre los dieciséis y los treinta años: “ha sido la juventud urbana y progresista la que de verdad me ha comprendido”.

Aceptamos el reto acudiendo al festival Europe autour de l'Europe, organizado por Evropa Film Akt, en colaboración con institutciones culturales y con numerosas salas cinematográficas de la capital francesa, entre las que destaca l'Entrepôt, donde la película se proyectó el sábado 24 de marzo en presencia de su realizador. Nos sentamos rodeados de franceses, italianos, brasileños, americanos y rusos, estos últimos compatriotas de Ginzburg, nacido en Moscú en 1959, pero emigrante en los EEUU desde hace casi cuarenta años.

Inspirado en la novela homónima de 1999 de Victor Pelevin, el director cuenta la historia de Vavilen Tatarskii (Vladimir Epifantsev), un joven licenciado en Literatura en Moscú que se encuentra en pleno capitalismo post-soviético sin trabajo y sin esperanzas. Como otros de su generación, es contratado como redactor, y se destapa como un perspicaz creador de eslóganes publicitarios para marcas recién llegadas a Rusia como Sprite, los cigarrillos Parliament y los caramelos Tic-Tac. Así empieza una historia inquietante, que mezcla la aparición de sustancias estupefacientes,que tienen el poder de hacer descubrir al protagonista los reclamos más eficaces, con un retrato para nada amable de la Rusia contemporánea.

Un puzzle experimental

Los lectores más escépticos no creían en la adaptación del libro, pero ha sido el mismo Ginzburg el que ha trabajado en ella, añadiendo también elementos originales. “También, aunque se tratara de un proyecto experimental, no quería ser egoísta y olvidar la historia. Ha sido ella la que me ha inspirado. Para mí, era como un puzzle que tenía que resolver; hacer que tuviera sentido era mi auténtico desafío”, dice Ginzburg. Pero la verdadera prueba apenas había comenzado: ¿cómo utilizar productos publicitarios en una película crítica? “En lo que respecta a las marcas, al principio me dijeron que sería imposible incluirlas en la película. Con paciencia, he conseguido obtener los permisos necesarios, los contactos justos, y me han dado su apoyo: sólo los más fuertes se ríen de sí mismos”, concluye, con cierto humor.

Y la verdad es que sería imposible pensar en la película de Ginzburg sin la comparación continua entre la Rusia de la era Yeltsin y el feroz cambio capitalista, que dan un tono algo irónico y único a esta obra cinematográfica. “Si hubiese estado ambientada en Europa o Estados Unidos, la película no se habría estrenado jamás. En este sentido Rusia es muy particular; uno de los pocos países del mundo donde aún existe un espacio para la experimentación con marcas publicitarias”.

A pesar de todo esto, Generation P no es una película que la crítica considere típicamente rusa: “mis películas no se adhieren a la tradición cinematográfica de mis compatriotas, como pueden ser las de Tarkovski, por ejemplo”, nos explica Ginzburg, que vive actualmente en Los Angeles, donde realiza videoclips relacionados con la publicidad y la música. “La película tiene una estructura abierta, no convencional: no hablamos del bien contra el mal o de sexo y amor. Generation P es una gran metáfora del mundo contemporáneo, de eso estoy seguro”. 

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Si bien Ginzburg no sabe decirnos dónde ha encontrado sus raíces, ha sido su carrera en los años noventa la que le ha permitido desarrollar una mirada particular: “durante la apertura capitalista, vivir entre los dos países, Rusia y Estados Unidos, me llevó a una indiferencia crítica: acabé viendo la transición del comunismo al capitalismo con perplejidad e ironía al mismo tiempo. Mi visión de aquella época la reencontré en el libro de Pelevin”.

La película aún no ha salido fuera del estrecho círculo de los festivales independientes, y no está presente en los circuitos cinematográficos. Se ha publicitado exclusivamente en la red, a través de Facebook y Youtube, donde ha obtenido más de setecientas mil vistas. “Después del primer premio de Generation P he recibido numerosas críticas favorables. Estaría bien verlo en los Estados Unidos o en las grandes salas cinematográficas europeas”.

Fotos: portada y texto © Agata Jaskot. las otras: cortesía de  © Victor Ginzburg