“Pese a que estén tan lejos, me siento parte de mi gente” dice Yasmin, de 16 años, estudiante en Italia. “Desde los nazis a los soviéticos, los habitantes de Praga han vivido una gran inestabilidad política. Su afán de recuperación es digno de admirar”, asegura Hossein, de 27, que trabaja en Recursos Humanos en el Reino Unido. “Es bueno ver que el mundo vio lo que ocurrió”, se consuela Sadaf, de 29 y estudiante en Francia.
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