Casi se ha convertido en un dicho: hay una gran diferencia entre un instinto y un proyecto. El instinto fue cuando todo un país se levantó contra un sistema errático y obsoleto para moldear una primavera. El proyecto es el 23 de octubre, cuando nueve meses después de la caída de Ben Ali, Túnez se dispone a vivir su primera prueba democrática con la elección de la Asamblea constituyente. Entre un instinto y un proyecto hay, por tanto, nueve meses. Es la hora de un nacimiento, de una gestación, de traer al mundo una democracia. Ezequiel Scagnetti cuenta aquí la agitación y la tensión todavía palpable entre religiosos y aspirantes a la democracia en vísperas de conocer el resultado de un gran momento electoral.
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