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Artes adivinatorias: una estafa con cinco millones (de victimas)

Artículo publicado el 23 de Agosto de 2017
Artículo publicado el 23 de Agosto de 2017

Se hacen llamar videntes, morabitos e, incluso, curanteros. Tras sus descripciones, a veces divertidas, se esconde una realidad mucho más dura: decenas de miles de personas víctimas de estafas. Investigación sobre los que se sienten angustiados.

París, abril de 1986. Está decidido. Christine va a dar el paso. Por primera vez, va a visitar un vidente. Madre de cuatro hijos, acaba de comprarse un piso con su marido. Sin embargo, este acaba de dejar el domicilio conyugal. Todavía siente náuseas por la situación. Con un nudo en el estómago, se dirige hacia la calle Faubourg Saint-Martin para encontrarse con el hombre cuya consulta aparecía en una revista de astrología.

Un matrimonio, una deuda

El vidente sacó unas cartas de tarot y le pidió la suma de 300 euros para garantizarle "el regreso del ser querido". Como no podía concebir la vida sin su pareja, no se hizo de rogar y pagó en el acto.  Y así cada tres semanas, en cada consulta. Por azar o por pura coincidencia, su marido regresó el 7 de septiembre. Lo que pasó es que el vidente omitió un pequeño detalle: el marido de Christine parecía mostrarse indiferente hacia su mujer. "No era más que una extraña para él y también para mis hijos", confiesa Christine. El método de trabajo de su vidente siempre ha sido un misterio para ella. "Siempre me decía que trabajaba en equipo y que iba a presentármelo. Esto no sucedió jamás". Sin embargo, el vidente le asegura y le repite que los sentimientos de su marido siguen estando presentes. Efectivamente, a principios del año 1987 se produjo un cambio. "Estaba más cariñoso", confirma Christine. Pero los años pasan y su situación económica se deteriora rápidamente. Aun así, continúa pagando cada consulta y termina por pedir el divorcio en el 2002.

Como Christine, muchos buscaban encontrar la pareja perfecta, el regreso de su ser querido o, incluso, su día de suerte. Se encontraron con los bolsillos vacíos. No obstante, las consultas de videntes no tienen nada de nuevo. Al contrario, todas funcionan de la misma manera: crean la angustia al paciente, lo convencen de que es víctima de un maleficio, camuflan la compensación financiera como un hechizo y el daño ya está hecho. Actualmente, ya no se cuenta el número de víctimas de estas prácticas que, tras unos cuantos años, siguen proliferando. Aunque el INSEE (Instituto nacional de estadística y estudios económicos) "solo" recoge 2.300 empresas de artes adivinatorias, no cabe duda de que hay decenas de miles de videntes que ejercen en Francia y que se aprovechan de las personas que se encuentran solas o que son psicológicamente vulnerables.

"El mundo de la videncia está formado por un 70%-95 % de charlatanes", estima Youcef Sissaoui, presidente del Instituto Nacional de las artes adivinatorias (INAD). Sentado en su enorme despacho, se pasa los días recopilando todas las estafas relacionadas con las artes adivinatorias. Sissaoui contabiliza más de cinco millones en Francia entre el 2010 y el 2014. "Las primeras víctimas son las personas solas, enfermas o jubiladas", continúa el quincuagenario. A menudo, la técnica es la misma: ofrecer una consulta telefónica por un euro simbólico para después pedir los datos bancarios de los clientes. "El teléfono es un canal que se presta a la manipulación, sobre todo para hacer 'magia ceremonial', como afirman los morabitos". (En África, un morabito es una persona conocida por sus poderes curativos o incluso un brujo). Según su opinión, una consulta no debería durar más de diez minutos, porque el morabito conoce de antemano la razón de tu presencia. "Hay que desconfiar de los que piden dinero imperativamente. Va en contra de su ética", advierte el presidente de la asociación.

Estos brouteurs [animales de pasto en español, ndlr], como él los llama, se encuentran sobre todo en las plataformas en línea como marabouts.com, Wengo o Cosmoplace. Operan mediante consulta privada y sus tarifas pueden dispararse hasta los 700 euros al mes. "Cosa que no impide que la gente se haga adicta", comenta Sissaoui. Las plataformas generan unos flujos financieros enormes, tal y como hace Wengo, que se ha especializado en la consultoría y que ofrece, igualmente, servicios de videncia. En la sección de comentarios de la web de la empresa, se puede leer : "Después de una dolorosa separación sentimental, caí en la trampa de Wengo. Una adicción que costaba más de 5.000 euros, sin tener en cuenta las falsas esperanzas". También se pueden encontrar testimonios de antiguos colaboradores. "Tras trabajar en esta plataforma, me harté de un sistema que se aprovecha de la angustia de los usuarios", afirma una vidente en la web del INAD, quien asegura que, a continuación, dejó su empleo porque se niega a ser considerada una estafadora. "Wengo es una auténtica gallina de los huevos de oro. Pertenece al grupo Vivendi (que sostiene, entre otros, a Canal +). Actúa como un verdadero grupo de cabildeo", añade Sissaoui.

Marie y Marie-Ange 

Además del fraude en línea, las consultas también cuentan con un buen número de impostores. Víctima de una estafa de 19.000 euros, Sonia (hemos modificado su nombre) ha aceptado dar su testimonio a cafébabel. Su historia comenzó el 29 de abril, mientras paseaba por un centro comercial de Créteil, "cuando, de repente, una mujer de cierta edad se dirigió a mí para contarme que alguien le había echado una maldición a mi madre", destaca esta joven. Interesada, pagó treinta euros para tener más información.

La vidente, que decía llamarse Marie, le comentó que detectaba un bloqueo relacionado con los hombres. Sonia, que no está casada ni tiene hijos, lo interpretó como una señal. Al hilo de la conversación, la vidente le comenta que deshacer la maldición de la madre costaría 1.000 euros. "Me inspiró confianza y me tranquilizó mientras apuntaba mi número de teléfono. Me repetía que no me inquietara y que iba a llamarme pronto". Sonia no estaba del todo convencida, pero le dió 400 euros. Esa misma tarde, la vidente le pegó un telefonazo a su clienta y le presentó a una colega, Marie-Ange, que se manejaba mejor en francés. Le propuso a Sonia una consulta de videncia por teléfono. Las tres mujeres acordaron quedar al día siguiente. Le pidieron a Sonia que llevara con ella una lista con todos sus objetos de valor con los que recitar algunas oraciones.

Hasta ese momento, nunca se le pidió dinero. Algunos días más tarde, las dos videntes le explicaron que alguien había intentando hacer daño a su madre y que había enterrado algo en un cementerio. Además, esta persona habría dormido sobre bienes de valor para que se realizara el conjuro. "A continuación, me preguntaron cuánto podría donar para salvar a mi familia", nos confiesa. Marie-Ange tomó la iniciativa y le reveló a Sonia que solía colaborar con la ciudad de Lourdes y, sobre todo, con el padre Antonio, "que me ha confirmado, tras haberlo llamado demasiado tarde, que él no se dedica a este tipo de cosas", explica arrepentida la joven. No obstante, ellas le inspiraban confianza. "Son mujeres bastante mayores y son creyentes. Puedo confiar en ellas", se dijo antes de anunciar que dispone de 19.000 euros en su cuenta bancaria. Es después de ese día cuando empezó el acoso. "Me llamaban cada día y me preguntaban si había hecho las gestiones para retirar el dinero, mientras que me prohibían hablar con nadie del tema para que la 'curación' funcionara", comenta.

Una vez entregado el dinero (en efectivo), entre las tres mujeres se estableció una relación de confianza. "Hasta me llevaron de restaurantes", recuerda asombrada. Las videntes llegaron al punto de pedirle tarjetas. Sonia les entregó una tarjeta bancaria. Para su sorpresa, encontró en su cuenta en línea recibos de tiendas bastante atípicas para la videncia: Yves Rocher, Channel o incluso Hermès. Tras algunas compras más, la joven decidió presentar una denuncia. "He mantenido el contacto con estas mujeres por petición de la policía. Actualmente, tengo prohibido emitir cheques y acumulo una deuda de más de 20.000 euros", explica Sonia. No ha podido averiguar la identidad de estas estafadoras. La persecución judicial es, por tanto, imposible.

Lagunas jurídicas

"No existe ningún control ni vigilancia en el sector de las artes adivinatorias", corrobora Sissaoui. Efectivamente, hasta el 1 de marzo del 1994, el ejercicio de la videncia era un delito contemplado en el Código Penal. Tras la abolición de esta ley, la videncia ya no está controlada. "Los videntes usan un nombres falsos para evitar que se les persiga", prosigue el presidente del INAD, refiriéndose a las múltiples intervenciones llevadas a cabo junto a varios gobiernos con la intención  de aclarar sus dudas en este tema. Sin saber qué hacer, Sonia decide contactar con el INAD para pedirles consejo. La asociación, que cuenta entre sus miembros con varios abogados, ayuda a las víctimas a encontrar soluciones y las acompaña en la justicia. "Redactamos un informe al procurador de la República y después dejamos el asunto en manos de nuestros abogados. A continuación, esto pasa por un proceso, si el estafador se niega a reembolsar el dinero", explica su presidente.

Curiosamente, cuando se examinan los detalles de la web del INAD, se descubre que existe un catálogo de profesionales de las artes adivinatorias recomendados por el propio instituto. Se pueden encontrar videntes, médiums, curanderos, numerólogos e, incluso, tarotistas. "No hay fraude posible. Todos los profesionales han firmado y han comprometido su honor al firmar la carta deontológica", explica Sissaoui, quien asegura que no tiene ninguna conexión con estas personas. Según él, la carta ha sido aprobada por el Ministerio de Economía y Finanzas, aunque se arrepiente de no recibir subvenciones de esta institución. "Hacemos esto de forma desinteresada. Solo recibimos las donaciones de nuestros socios", aclara.

Tras la muerte de su exmarido, Christine decidió pasar a la acción. Y, precisamente, se ha dirigido a la organización de Sissaoui. "He guardado todos los justificantes de mi tarjeta bancaria que, posteriormente, he enviado al INAD", revela con firmeza. Su presidente contactó en seguida con el estafador y anima a la víctima a presentar una demanda para pedir un reembolso. Víctima de la falta de transparencia y el abuso de confianza de su vidente, Christine acaba de mandarle al INAD una suma de 1.060 euros para intentar defenderse. En total, se ha gastado unos 20.000 euros en consultas desde 2002 y unos 50.000 desde su encuentro con el vidente hace treinta años. Acostumbrado a adivinar el futuro, sin embargo, no ha podido prever el suyo: ya está en marcha un juicio en su contra.

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