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Chamanismo: ¿en qué creen los jóvenes de Letonia?

Artículo publicado el 30 de Agosto de 2017
Artículo publicado el 30 de Agosto de 2017

Plumas, colores, calaveras y una increíble relación con la naturaleza. En Letonia, los chamanes vuelven a fascinar a las jóvenes generaciones en busca de espiritualidad.

Hace algunos días me preguntaron si creo en los chamanes. Puede que penséis que se trata de una pregunta un tanto insólita. Pero lo que aún os sorprenderá más es que no respondí, habría sido imposible. La pregunta se me antojaba y se me antoja sin sentido.

No se le puede preguntar a un occidental si cree en los chamanes. No tiene por qué creer en ellos, su sociedad ni los pide ni los quiere ni los comprende. Sin embargo, en Letonia, a caballo entre Europa y Rusia, el chamanismo tiene su razón de ser. El mundo báltico no puede renunciar a la figura del chamán, fundamento de una sociedad agrícola arcaica. En un país en el que la naturaleza tiene un papel principal es imposible no conocerla, no plantearse preguntas sobre ella o no temerla. Casi todo el mundo tiene una casa en el campo, tal vez de los abuelos, en la que puede experimentar una relación directa con el agua, la tierra y los animales. Los bosques no son mudos, como sucede en las sociedades completamente secularizadas, sino más bien lugares de encuentro, lugares donde se viven miedos, dudas y experiencias.

“Tras la caída del muro de Berlín volvieron los chamanes —explica Krišjānis, estudiante de Riga. En Occidente viven en un mundo posreligioso; nosotros, ex países soviéticos, vivimos en uno posateo. El chamanismo representa la conquista de una libertad que parecía perdida para siempre. En este sentido, posee un valor no solo religioso, sino también cultural, antropológico e identitario”.

La cuentacuentos de Riga

En realidad, el chamanismo es un fenómeno asiático, principalmente turco-mongol y siberiano. El que encontramos aquí es más que nada chamanismo urbano. Un magnífico ejemplo de esta realidad es Inin Nini, una chamana que se autodefine como curandera, mística, guía de almas y cuentacuentos de Riga. Ella también cree que el chamanismo representa la posibilidad de expresarse tal como se es, sin filtros ni restricciones de ningún tipo. Es el modo de expresar la singularidad de cada uno, la diferencia respecto a los demás, esa originalidad que el mundo soviético había aniquilado por completo. Y para darse cuenta de esto basta con dar un paseo por cualquier ciudad letona: todos los edificios son triste e inexorablemente idénticos. El chamán rompe esta monotonía con los colores de su ropa y el humo de su incienso. En Letonia el cristianismo es la religión principal (congrega a cerca del 80% de la población. Sin embargo, las relgiones de los bosques están creciendo entre los jóvenes. El chamanismo se funde con el neopaganismo y la naturaleza.

La naturaleza es la dueña

Imaginad un gran pinar con un lago en medio y algún riachuelo a modo de afluente. Completad el cuadro con mosquitos, flores y helechos. No olvidéis un perro ladrando en la distancia y una anciana que pasea sola. Dos jóvenes trepan a un árbol para dar algún sentido a la jornada veraniega mientras sus padres se bañan en el lago. Unos amontonan la leña para la hoguera. Otros preparan zumo de abedul y una sopa de patata y zanahoria. Todos están orgullosos de haber entrado a formar parte de eso que comúnmente se llama “Occidente industrializado”, pero nadie quiere renunciar al privilegio de la naturaleza, a la libertad de poder vivirla como algo abierto a todos, como el canal primario de comunicación con el mundo.

Y entonces llega el chamán. Parece uno más, es uno más. Es el símbolo de la no homologación, de la protesta contra la usurpación de la naturaleza y de la resistencia de las tradiciones. El regreso de la mitología báltica y de su panteón pagano representa la voluntad de singularidad de Letonia. Ni rusa ni occidental, es el pueblo del lauki (el campo). Una nación en busca de sí misma, en la que el cristianismo oficial no es suficiente.

"Nuestra relación con la naturaleza es distinta de la que tienen los otros jóvenes europeos —cuenta Dace, estudiante de teología de Rēzekne, sobre su relación con la zona—. Conozco los bosques del Latgale casi como el salón de mi casa. Es donde jugaba de pequeña, ahí di mis primeros besos y ahí me planteé mis primeras dudas existenciales. Fue por eso que decidí estudiar teología, para conciliar la familiaridad que tengo con los bosques con las tensiones religiosas que siempre ha habido en mí”.

Mientras paseamos por un campo soleado, prosigue: “Para nosotros, naturaleza y religiosidad van indisolublemente ligadas. No se puede comprender la primera sin conocer la segunda y viceversa. Siempre he sentido fascinación por Oriente, pero nunca he renunciado a las tradiciones locales. No puedo llamarme cristiana, pero tampoco pagana. Me atraen las religiones panteísticas y animistas asiáticas. Mi creencia es parecida a la espinosista. Dios está presente en todo. En el lago, en los ríos, en la nieve”.

Las religiones que se mezclan

Aquí las religiones distintas del cristianismo no se esconden. En Tartu, en Estonia, hay una exposición sobre el chamanismo, y está ahí para recordar que, tras la caída del muro de Berlín, al este volvió la necesidad de la vida espiritual.

“A veces me preguntan en qué creemos los jóvenes letones —comenta Elina, trabajadora en el sector turístico en Rēzekne—. Paganismo y cristianismo se mezclan continuamente, no se sabe dónde empieza uno y dónde termina el otro. Es cierto que tras el fin del comunismo resurgieron las creencias en todas sus variantes. No me parece negativo que se retome la Dievturiba (politeísmo pagano precristiano), igual que no me parece negativo que se retome el cristianismo después de un ateísmo impuesto. Nuestra generación busca cualquier cosa en la que creer que no sea el típico viejo cristianismo".

Hablando con las personas que viven en el territorio se entiende que en Letonia hay de todo: católicos, ortodoxos, luteranos, paganos. Pero para comprender plenamente el estado de ánimo de los jóvenes hay que vivir Līgo y Jāni. Son las fiestas principales del país en las que se descubre la actitud de sus habitantes frente a la religión. Se celebra el fin del largo invierno. "Para vosotros católicos sería San Juan —dice Elina riendo—, pero nosotros hemos quitado el santo y dejado solo Juan. Por otra parte, Jānis es uno de los nombres más difundidos en Letonia. Es como decir que nosotros no renunciamos a nuestro pasado precristiano. Nos deleitamos en un mundo compuesto de criaturas fantásticas, hogueras infinitas, coronas de flores y deidades milenarias”.

La espiritualidad letona está formada por muchos símbolos geométricos antiguos que representan el sol, la lluvia o la tierra.  Para algunos paganos, la esvástica tiene un significado completamente diferente al que tiene en el mundo occidental, aquí es un símbolo de virilidad, fuego y fuerza. Se regala a los chicos en señal de respeto o amistad. Muchos se la tatúan en los brazos o en las piernas. La serpiente, en cambio, es una figura femenina, simboliza la sabiduría. Muchas chicas llevan collares o brazaletes con esta representación, aunque tradicionalmente se cuelga en la falda. Si se quiere proteger la casa, se cuelga en la puerta el símbolo divino, un simple triángulo, o la Laima, la deidad del destino. También es importante la fertilidad, para la que hay varios símbolos que recuerdan el vínculo con el campo.

"Una parte de la mitología báltica está ligada a determinados símbolos y la otra está relacionada con las plantas —sonríe Elina—. Por ejemplo, recuerdo una vez que, paseando con mi abuela por los bosques del Latgale, encontré un serbal silvestre. Es muy importante, protege la casa de los espíritus malignos, de los ladrones y de los rayos. Así que mi abuela se lo llevó y lo plantó en nuestro jardín, explicándome que no haberlo hecho habría sido un grave error. Años más tarde aún está ahí".

Es algo mágico, cada especie tiene su simbolismo, casi como en un cuento: "También el abedul es un árbol fundamental. De él no solo se extrae el jugo, sino que también es el material con el que tradicionalmente se hacen las cunas de los bebés. Pero el árbol más importante de la mitología letona es el roble, símbolo de poder, fuerza y resistencia. Representa la conexión entre el cielo y la tierra, entre nosotros los humanos y Dios. Los chicos lo usan para hacerse la corona en Līgo y Jāni. Finalmente, quien busque el amor en los bosques letones tiene que poner los ojos en el trébol rojo, una flor ovalada con matices fucsia. Puede hacerse una sencilla corona con estas flores, pero es mejor si se las lleva a casa y las mete bajo la almohada. Por la noche se le aparecerá en sueños su futuro marido”.

Identidad nacional o identidad religiosa

En mi recorrido en busca de la espiritualidad letona me encuentro con Ilze, una chica que durante los últimos años se ha acercado mucho al chamanismo. Me dice que la creencia religiosa no puede desvincularse de la identidad personal y nacional. "Letonia no es un país verdaderamente cristiano. Aquí los chamanes y las deidades naturales llegaron mucho antes que Jesucristo y nunca se fueron del todo. Nosotros fuimos el último país europeo en ser cristianizado en el siglo XII. A pesar de ello, nadie ha dejado realmente de creer en los ritos chamánicos y en el poder de la naturaleza. Este país es un gran bosque, aquí es posible vivir verdaderas prácticas chamánicas".

Casi orgullosa de haber alcanzado una identidad espiritual, Ilze me relata intensamente cómo se desarrollan sus días: "En mi grupo hay quien practica yoga, hay quien es budista y hay quien consulta a los chamanes. Por ejemplo, una amiga mía me ha explicado cómo funciona una práctica ritual chamánica. Se va a ver al chamán y se le cuenta el problema. Él o ella entra en contacto con el mundo sobrenatural enviando su alma en busca de respuestas. Después emite un diagnóstico y una curación. Por lo general se le pide tener salud, pero también éxito y dinero. Tradicionalmente, el rito chamánico debería ser largo y celebrarse después de la puesta del sol. Hoy, por motivos prácticos, a menudo se abrevia y se lleva a cabo en las horas diurnas".

La parte más fascinante del chamanismo es el Yasa. Fundamentalmente es un concepto de origen turco-mongol que se ha asentado en todo el chamanismo según el cual el punto central de la observación religiosa se encuentra en la relación entre el hombre y la naturaleza. Existe un código ético y moral por el que hay que respetar los tiempos, las exigencias y las necesidades de la naturaleza. Se trata de un precursor del ecologismo actual al que los letones no podemos renunciar. Dios está presente en todo. Respetarlo significa respetar nuestros bosques, nuestro país, nuestra identidad y, por tanto, a nosotros mismos”.

Le pido que me hable más detalladamente sobre el chamanismo. Y de sus palabras queda claro que en Siberia y en el mundo báltico han resurgido los chamanes. O quizá es que en realidad nunca se fueron, simplemente se tomaron una pausa durante la dominación soviética.

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Este verano, Cafébabel quiere conocer personas que han decidido vivir su espiritualidad de una manera diferente. Descubre nuestro especial sobre religiones alternativas a través de ocho reportajes.