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Daniela Iezzi: música callejera para encontrar la felicidad

Artículo publicado el 5 de Octubre de 2017
Artículo publicado el 5 de Octubre de 2017

Daniela Lezzi se define a través de sus decisiones. Esta joven italiana empezó a tocar música por las calles de Berlín para, más adelante, transmitir su arte alrededor de Europa. La música callejera le ha enseñado cómo sobrellevar el dolor y a mantener un equilibrio emocional. No tanto por sus propios actos, sino por la gente que ha conocido.

¿Cuanto tiempo llevas actuando en la calle? ¿Qué te hizo empezar?

Empecé tan solo hace tres años, a los 36, cuando estaba en Berlín. Un año antes de irme a Berlín, acababa de salir de una relación tóxica que duró 8 años y hasta entonces había llevado una vida normal (para un músico). Llevaba 14 años enseñando en diferentes academias de música y también cantaba en bandas. Tenía pensado ir a Berlín por primera vez durante dos semanas con una amiga. Sin esperarlo, ella encontró trabajo en Londres y decidí ir sola y experimentar esta ciudad de la que todo el mundo hablaba. Así que hice la mochila, llegué allí, dormí en un hostal por primera vez en mi vida.

¿Cuál fue tu inspiración para empezar a actuar en la calle?

Me resultó revelador ver a tantísimas personas tocando en la calle. ¡Había cientos de músicos por toda la ciudad! Tuve la suerte de conocer a Ricardo Moretti, un famoso artista callejero. Me sorprendió positivamente ver como la muchedumbre se paraba a escuchar y comprar su música. Le hablé porque quería saber más sobre su concepto y me explico cómo había llegado a cambiar su vida en los últimos 15-20 años desde que había empezado a tocar en la calle. Ese fue el momento en el que pensé: "Yo también quiero esta vida. Quiero viajar por el mundo y ser libre, tener la posibilidad de conocer a gente que ayudará a que mi música evolucione". Me dijo: "Si tienes un proyecto musical, esta es la manera más fácil de difundirlo. ¡Cómprate una batería de coche, un inversor, un altavoz y listo!".

Así que volví a Roma y decidí comprar el material y una pedalera, ya que era el momento de hacer algo diferente, prepararlo e ir a Berlín el año siguiente para probar suerte. Y esta vez fui a Berlín para quedarme tres meses. Al principio fue difícil, tenía problemas con el equipo(el generador), así que los primeros meses no pude tocar mucho. Pero no me rendí. También conocí a otros músicos y me di cuenta de que tocar en la calle es una experiencia súper enriquecedora. Por aquel entonces tampoco sabía inglés y tenía problemas de comunicación (risas). Decidí apuntarme a un curso para aprender el idioma y a expresarme como yo quería. 

¿De qué trata Meccanismi, tu proyecto musical

Meccanismi es un proyecto muy importante para mí, está repleto de sentimientos personales y ha cambiado muchísimo a lo largo de los años. Con la ayuda de un ingeniero de sonido, Andrea Mazzucco, grabamos y mezclamos diez canciones en un período de dos años y medio, en mi pequeño piso de catorce metros cuadrados en Roma. Decidí hacer mi propia música porque sentía la necesidad de ser valiente y expresar mi debilidad y fragilidad sin miedo. Quería desnudarme (metafóricamente hablando). Necesitaba hacer este albúm por y para mí, fue un viaje emocional para ayudarme a mí y a los demás. Quería explicar que tosos somos humanos con mecanismos psicológicos similares pero que es mejor si nos comunicamos con otra gente, si pedimos ayuda cuando la necesitamos.

¿Cómo empezaste este proyecto?

Empecé a crear la primera versión en 2011, tras un largo período de terapia y una larga carrera como cantante y profesora. El primer álbum lo grabé con mi teclado, guitarra y otros instrumentos pequeños. El proyecto estaba encallado, pero cuando conocí a Ricardo Moretti en Berlín descubrí que actuar en la calle era la mejor manera de dar a conocer mi música, ser independiente y finalmente poder realizar el proyecto como yo quería. ¡Meccanismi cambió por completo! 

Volví a editar ocho canciones del álbum original con una pedalera de loops y empecé a actuar por Berlín. Mi música llamaba la atención y percibí que tenía posibilidades de llegar alto, pero sé que para conseguirlo tengo que trabajar paso a paso. Tras pasar cinco meses cantando por las calles de Berlín, decidí dar el salto al resto de Europa.

¿Con qué situaciones te quedas tras todos tus viajes?

Cuando viajas ves diferentes situaciones, gente con problemas, maneras diferentes de pensar y puedes aprender muchísimo de cada persona y cada situación. También tengo muy buenos recuerdos de Colonia, donde los músicos callejeros tienen un ritmo más marcado: la policía te da unas reglas y te explica que puedes tocar cada día, pero parando cada treinta minutos, cambiar de sitio, esperar treinta minutos y volver a tocar. Sin embargo, en Berlín es más arriesgado porque no está regularizado.

En Ljublana viví una experiencia muy bonita: ¡un hombre nos ofreció a mí y a mi novio su casa en el centro de la ciudad durante cinco días y gratis! Y todo porque escuchó mi música, me preguntó más sobre mi proyecto, le hable del aspecto psicológico y le conmovió. He llegado a la conclusión de que a veces la gente te ofrece cosas positivas porque siente una conexión, siente que tu estilo de vida es honesto. 

¿Qué consejo darías a alguien que está pensando en empezar a actuar en la calle? ¿Hay algo que te hubiera gustado saber antes de empezar?

Diría: ¡Ve y hazlo! Es genial, es muy bonito. Descubres muchísimas cosas, te entenderás a ti y al resto de personas de una forma diferente. Hoy en día es la única forma de replantearse la vida. Puede que a veces pienses que tu vida es horrible, con muchos problemas, pero normalmente no ves que ocurre fuera, en la calle, en el mundo. He conocido a personas con problemas enormes, pero con una fuerza enorme y pienso en ellos cada día porque me han enseñado algo. Quizá esta sea la mejor parte de este trabajo y no el dinero, la fama o el éxito. Desde un punto de vista antropológico, es una experiencia interesante.

¿Cuáles son tus sueños para el futuro?

Ya estoy haciendo lo que quiero, ya he cumplido mis sueños. Hace cuatro años, este tipo de vida me quedaba muy lejos, no me imaginaba ser quien soy y viajar por el mundo con mi maleta de cincuenta kilos. Estaba en un estado de ánimo completamente diferente, enseñando en una academia, tenía una vida normal. Así que se puede decir que ya he cumplido mi sueño de viajar por el mundo.

La idea es seguir mejorando el proyecto, quiero comprar otra máquina y trabajar aún más en el sonido para que refleje a la perfección lo que tengo en mente. En invierno quiero componer nuevas canciones, quiero expandir el proyecto. También me gustaría encontrar un productor que me ayude a promocionar mi música aún más por todo el mundo.