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Del odio al amor: los alemanes en el Tour de Francia

Artículo publicado el 5 de Julio de 2017
Artículo publicado el 5 de Julio de 2017

El Tour de Francia 2017 comenzó el 1 de julio en Düsseldorf, 52 años después de la primera salida en el país germano. Gracias al Tour, el ciclismo alemán ha evolucionado a buen ritmo. Recorremos los 104 años de relaciones franco-alemanas en la ronda gala.

El Tour celebra este año su edición número 104 y su cuarta gran salida desde Alemania. Al contrario de lo que puede hacer pensar la denominación Tour de Francia,  las salidas desde el extranjero son comunes desde 1950. Cada vez más ciudades compiten por albergar el pistoletazo de salida. "El Tour de Francia representa la fiesta moderna, popular e industrial por excelencia", explica Sandrine Viollet, historiadora y especialista del Tour de Francia. Así, este año, el recorrido al que también se conoce en francés como La Grande Boucle (el gran círculo) comenzó el sábado 1 de julio en Düsseldorf, en el oeste de Alemania. Algo lógico, según Sandrine Viollet, ya que la capital de Renania del Norte-Westfalia aspira a reinar en el ciclismo alemán. "El objetivo de Düsseldorf es convertirse en la 'capital de la bicicleta' en Alemania y promover su uso como medio de transporte habitual en la ciudad", apunta la historiadora. 

Guerra y paz

La elección de Alemania no se debe al azar. Aunque los ciclistas del Tour pasarán este año por tres países limítrofes con Francia (Alemania, Bélgica y Luxemburgo), los organizadores han querido resaltar la importancia del acontecimiento iniciando la competición en el país germano y pasando la página de una historia ciclista tan tumultuosa como la que hizo y deshizo los lazos entre Francia y Alemania. 

En 1903, año de la creación del Tour, los alemanes se sitúan de inmediato en el punto de mira de los organizadores franceses. ¿El objetivo de la gran carrera ciclista? Mejorar Francia, e impresionar al vecino del este. "Uno de los objetivos del Tour era contribuir a la regeneración física y moral de Francia frente a Alemania", explica el historiador Jean-François Mignot, autor del libro Histoire du Tour de France (éditions La Découverte, Paris, 2014). "Había que reafirmar el sentimiento nacional francés", continúa. A principios del siglo XX, todavía hay un sentimiento muy arraigado de revancha, sobre todo después de que Alemania se anexionara la región francesa de Alsacia-Lorena. Las dos guerras mundiales obviamente van a tener un gran impacto en la competición, durante treinta años. Las piernas de los ciclistas de ambas naciones sirven tanto para subir los puertos de montaña como para afirmar el dominio de un país sobre el otro. 

Tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo del ciclismo pedalea al mismo ritmo que la comunidad internacional. Llega la apertura. Los alemanes participan de nuevo a partir de 1955 y el Tour se convierte en un gran acontecimiento pacifista. La construcción europea se celebra con inicios de competición fuera de Francia. Y la amistad con Alemania se celebra por primera vez en 1965, con una salida desde Colonia. En ese momento, las razones son tanto deportivas como diplomáticas. Se quiere recompensar a los clubes alemanes por haber aportado jóvenes talentos como Rudi Altig [campeón del mundo en carretera y vencedor de ocho etapas del Tour de Francia, ndlr]. "Pero también permitir una reconciliación verdadera entre Francia y Alemania, necesaria para la reconstrucción europea", subraya Sandrine Viollet

El ciclismo alemán aprovechará esta dinámica europea. La edición de 1966 se convertirá en la más prolífica de la historia alemana con dos victorias de etapa y quince etapas en las cuales Altig y Karl-Heinz Kunde se turnaron el maillot amarillo. "Soy un buen escalador y es en Francia donde hay más montaña. Y, además, me gusta estar aquí, la gente es amable", declarará Kunde, apodado "nain jaune" (enano amarillo) durante su periodo dorado en la ronda gala. 

Campeones en entredicho

"Durante el Tour de 1994, año en el que se conmemoraba el cincuenta aniversario del Desembarco de Normandía, en la etapa que pasaba por la playa Utah Beach, es un ciclista alemán, Olaf Ludwig, quien obtiene una bonificación otorgada por el memorial del Desembarco", cuenta Jean François Mignot como para recordar que la reconciliación franco-alemana está entonces consumada. Esto conllevará la aparición de "dos grandes estrellas como son Jan Ullrich y Erik Zabel", explica Benoît Vittek, periodista deportivo especializado en ciclismo. 

El primero ganará el Tour en 1997 y el segundo se pondrá seis veces el maillot verde al mejor esprínter. Estas hazañas constituyen "el gran periodo del ciclismo alemán en el Tour", en palabras de Vittek. La popularidad de los ciclistas aumenta en el país germano: "Si el Tour pasa por Alemania en el año 2000, es porque Zabel tiene muchos seguidores", afirma Mignot. "Sin duda, Alemania y sus campeones han marcado la historia del Tour de Francia", señala Viollet. Pero, a finales de la década, el ciclismo es alcanzado por una lacra de la que no escapa nadie: el dopaje. El campeón alemán Ullrich se ve implicado en varios casos mediáticos como la operación Puerto y se encuentra en la lista negra de los ciclistas que dieron positivo en EPO en la edición del Tour de Francia de 1998. Alemania se sume en un estado de shock. "Fue un gran golpe para el ciclismo alemán, al que siguió el fin de la retransmisión del Tour por las cadenas públicas", explica Vittek. 

A pesar de ello, los jóvenes alemanes no han dicho la última palabra: "El ciclismo alemán no estaba muerto, estaba incluso muy vivo, lo que generaba atracción y entusiasmo popular", matiza Benoît Vittek. El ídolo principal: el esprínter Zabel, que todavía hace soñar a muchos jóvenes ciclistas del país germano. "Destaca una muy buena escuela de ciclismo en el esprint. Tienen a los mejores esprínteres , como Marcel Kittel y André Greipel", continúa el periodista. A estas dos estrellas se añade Tony Martin, "uno de los mejores ciclistas del siglo XXI". Gracias a su rendimiento, estos tres cabezas de cartel han permitido a los alemanes reconciliarse con el Tour. 

Cumbres de curvas mal tomadas, sin duda el Tour ha representado un punto de encuentro entre Francia y Alemania, un punto de encuentro en el que compartir buenas prácticas, recuerdos y saber hacer. Hoy en día, ¿alguien puede negar que el Tour ha ayudado al ciclismo alemán a crecer?