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Friganismo: en la basura también hay manjares

Artículo publicado el 7 de Febrero de 2018
Artículo publicado el 7 de Febrero de 2018

Tiramos mucha comida. Y eso lo sabe bien Raphael Fellmer, un berlinés que, después de vivir cinco años sin recurrir al dinero y cofundar una plataforma de intercambio de alimentos, ha decidido emprender una nueva batalla contra el derroche. Dirige el primer supermercado dedicado a la venta de productos rescatados de la basura, algo con lo que pretende revolucionar Europa.

Quedamos en la tienda, situada en el número 59 de la calle Wilmersdorferstraße. Es difícil no reconocer el lugar: una parte del andamio de la fachada en obras está cubierto por una tela blanca adornada con unas siglas de gran tamaño. Llegamos antes de la hora y, a mediados de noviembre, en Berlín no se puede estar mucho tiempo en la calle. Una vez dentro, nos fijamos en primer lugar en las frutas y las verduras colocadas a nuestra derecha. Parecen "normales". En el resto de expositores se distribuyen palomitas, compotas bio, patatas fritas de todas clases y galletas sin gluten. La tienda es pequeña, más de lo que habíamos imaginado. Los productos rescatados por el equipo de Raphael Fellmer se disponen de momento solo en dos pasillos. SirPlus no es una tienda al uso: este supermercado con una apariencia de ultramarinos de barrio está dedicado en exclusiva a la venta de productos en buen estado encontrados en la basura. "Esto no es más que el principio", suelta Raphael Fellmer mientras se aproxima a nosotros. No tarda en quitarse su gruesa chaqueta de invierno para que veamos su polo de SirPlus con el logo de la fresa en forma de corazón, un logo que le pega.

"¿Cómo no podemos sentirnos mal?"

SirPlus abrió sus puertas el 8 de septiembre de 2017 en una céntrica calle peatonal de Berlín, en el corazón del barrio acomodado de Charlottenburg, una localización cuanto menos sorprendente para un proyecto de estas características. "Al propietario le fascinó nuestra idea y nos hizo un buen precio, sin lo cual no hubiéramos podido pagar el alquiler", nos explica Fellmer con unos ojos que irradian orgullo. El emplazamiento tiene su explicación: tanto en términos de visibilidad como de accesibilidad, el lugar es perfecto. Pero, sobre todo, se ha tenido en cuenta uno de los objetivos de la empresa: demostrar que el consumo de productos en buen estado cuyo destino era el cubo de la basura no se limita a personas necesitadas. Tras el veganismo y los productos sin gluten, ¿comer alimentos caducados será la nueva tendencia?

Raphael Fellmer, un berlinés de 34 años autor de Glücklich ohne Geld! (¡Feliz sin dinero!, ed.), es conocido en el mundo entero por haber pasado cinco años sin haber recurrido al dinero. ¿Su objetivo? Demostrar que nuestros hábitos de consumo ya no son viables y centrar de una vez por todas el foco en el derroche de alimentos. En 2012, cofunda Foodsharing, una plataforma que permite tanto a los particulares como a los comerciantes compartir de manera gratuita la comida que les sobra y señalar el lugar donde se puede recoger. ¿Os vais de vacaciones? En lugar de tirar lo que tenéis en el frigorífico, compartidlo a través de Foodsharing. En cinco años, se ha evitado que 12 millones de kilos de alimentos vayan a la basura gracias a los más de 35.000 usuarios. Se trata de un gran éxito, aunque a pequeña escala. Por esta razón, Fellmer cambió su perspectiva y decidió asociarse con Martin Schott, ingeniero, y Alexander Piutti, empresario, para fundar SirPlus

Fellmer conoce de memoria las cifras del derroche de alimentos y las repite incansablemente, como un mantra, al principio de cada entrevista: "En Europa, el 50% de la comida se tira a la basura; cada año en el mundo, tiramos 1300 millones de toneladas de alimentos; en Alemania, se tiran 20 millones de toneladas cada año, lo que equivale a un camión por minuto". Aunque está cansado de hacer entrevistas, Fellmer nunca pierde su (inmensa) sonrisa. Su entusiasmo se contagia. Saluda efusivamente a todas las personas que entran en la tienda al tiempo que escucha sus preguntas. Con él, no se habla de problemas, sino de soluciones; no se habla de negocios, sino del factor humano. Sus palabras son simples y eficaces. Es difícil no sentirse interesado. Y él lo sabe: para combatir el derroche de alimentos, debe implicarse todo el mundo. Así, año tras año, su combate se ha convertido en una verdadera cruzada.

Tiramos a la basura 1300 millones de toneladas de alimentos: ¿cómo no sentirnos mal por nuestros actos? "Abriendo los ojos, viendo el problema que tenemos delante y poniéndonos manos a la obra”, responde. Siguiendo esta premisa, SirPlus actúa en todos los frentes: entregas a domicilio, lanzamiento de una cadena de supermercados en Alemania y, más adelante, en el resto de Europa (el objetivo son 35 establecimientos de aquí a 2022), preparación de una plataforma digital para los comerciantes… De los particulares a los distribuidores pasando por los agricultores: muy pronto nadie podrá volver a fingir que no puede hacer nada para combatir el derroche de alimentos.

Una nueva moda

Como su propio nombre indica (un juego de palabras entre surplus, "excedente", y Sir, título nobiliario que se concede a estos alimentos), SirPlus tiene dos objetivos principales: por un lado, reducir el porcentaje de lo que se malgasta recogiendo directamente los productos consumibles en los supermercados y en las explotaciones agrícolas y, por otro, concienciar a la población a través de una nueva moda que haga de las verduras "feas" o algo pasadas un producto muy digno. De momento, esta iniciativa ha empezado a funcionar bien, puesto que algunos ya se han dejado convencer. En el podio de este supermercado berlinés encontramos empresas estrella como BioCompany, Metro o Real. Fellmer también nos enseña tres cajas de patatas en la entrada de la tienda- "Proceden directamente del agricultor", nos indica.

Todos los productos del establecimiento se venden hasta un 70% más baratos que en los comercios convencionales. Además, el 20% de los artículos recuperados por SirPlus se redistribuyen gratuitamente a asociaciones. Pero ¿vender productos después de su fecha de caducidad es legal? "Por supuesto", responde Raphael, acostumbrado a la pregunta, "en la mayoría de los países de la Unión Europea es completamente legal". Entonces, ¿por qué los supermercados prefieren tirar cada año a la basura toneladas de alimentos que se pueden consumir?  El joven cuenta con los dedos antes de explicar las dos razones. En primer lugar, la responsabilidad legal. Una vez que una fecha de caducidad vence, el establecimiento que vende el producto se hace responsable. En segundo lugar, la imagen que transmiten. Aunque es legal vender productos caducados, hay que comunicarle esta información de manera obligatoria al cliente, además de verificar la calidad. Así es cómo actúa SirPlus: por un lado, se revisan sistemáticamente todos los productos que llegan al almacén antes de ponerlos a la venta y un cartel bien visible en la entrada de la tienda da cuenta de los términos y condiciones generales. Por otro lado, la sensibilización desempeña un papel muy importante a la hora de cambiar la manera de pensar del mayor número de clientes posible sobre el consumo de estos productos "extraordinarios".

¿Y funciona? "Sí, bastante bien. Recibimos todos los días opiniones muy positivas, tanto de la parte de distribuidores como de particulares. Nos dicen: '¡Por fin existís'". No obstante, convencer a las grandes marcas para que cambien sus estrategias no es ni por asomo tan fácil. "Con los supermercados Metro, por ejemplo, las negociaciones duraron 10 meses", continúa Raphael, "ahora recogemos alimentos seis días a la semana en dos de sus establecimientos de Berlín y están muy contentos con esta colaboración. Les permite ahorrar gastos, es bueno para su imagen y sus trabajadores están encantados". Falta por convencer a los particulares para que se unan a esta iniciativa, ya que, debido a sus dimensiones, desafortunadamente no se puede comprar todo en SirPlus. "Tienes razón, pero llega un momento en el que tienes que dar el primer paso. No podemos pretender siempre que todo sea perfecto". Pero ¿cómo convencerlos para dar el paso? "En primer lugar, tenemos que decir que incorporamos cada día nuevos productos. En un año, contaremos seguramente con 500 diferentes. Están en camino los lácteos, la carne, los cosméticos y los productos de limpieza. Además, hemos puesto en marcha un sistema de envío de paquetes en Berlín y muy pronto lo ampliaremos al resto de Alemania para que todo el mundo se pueda beneficiar". En un futuro, este servicio estará disponible en toda Europa en versión vegetariana, vegana o, incluso, sin gluten.

"La gente no es consciente de lo que esto representa"

El objetivo de Sirplus es hablar a todas y a todos, dar a cada cual la posibilidad de cambiar las cosas. Otra manera de decir que todos somos responsables. "El problema es que las frutas y las verduras tienen que responder a unos estándares (los pepinos tienen que ser rectos, por ejemplo) que los consumidores han interiorizado. Pero, ¿cómo echarles la culpa? Nadie es capaz citar las cifras del derroche de alimentos. La gente tiene una idea vaga, pero no sabe lo que realmente representa". Fellmer habla de los colegios. Ojalá enseñáramos a los niños, desde que son muy pequeños, que la naturaleza no produce zanahorias y tomates perfectos, que detrás de cada caja de manzanas hay hombres y mujeres, trabajo, sudor… "Cuando vas a la panadería y el panadero no tiene la barra de pan que quieres, no vayas automáticamente a buscarla a otro sitio. Aprovecha para elegir otra", nos anima el activista. Esta es una de las causas del derroche de alimentos: la superproducción para satisfacer nuestra necesidad de tener todo a nuestra disposición, a cualquier hora. "En casa, ¿por qué empeñarse siempre en tener el frigorífico lleno? Lo suyo sería no volver a preguntarse qué quiero cenar esta noche, sino qué debería cenar esta noche. ¿Qué producto tiene posibilidades de terminar mañana en la basura? ¿Estas sobras de arroz? ¿Este yogur?".

Tras las campañas de información dirigidas a particulares, la apertura de supermercados, el envío de paquetes a domicilio y la recuperación de productos alimentarios desechados por las grandes empresas de alimentación y las explotaciones agrícolas (lo que se conoce como B2C, business-to-consumers o "de la empresa al consumidor"), SirPlus se centra ahora en el B2B (business-to-business o "de la empresa a la empresa") y en las bases mismas del sistema. "Estamos creando una plataforma digital para poner en contacto a las diferentes partes implicadas. Imaginad que a un agricultor le sobran 200 kg de patatas, información que podrá publicar en la aplicación. Entonces, un fabricante de patatas fritas podrá verlo, ir a recogerlas, dar a conocer esta práctica a sus clientes si así lo desea, y de esta manera conseguir que esos 200 kg no terminen en la basura". Aunque SirPlus se beneficiará económicamente de este servicio, la empresa también lo propondrá de manera gratuita a las ONG.

Con un gran apoyo recibido durante sus campañas de crowdfunding, SirPlus también se beneficia del respaldo europeo a través del programa ClimateKIC, especializado en propuestas sostenibles. Pero Fellmer lo reconoce: SirPlus necesitará la intervención de nuevos inversores y un presupuesto suplementario de varios cientos de miles de euros para poder actuar a gran escala. ¿Hay que inquietarse por el futuro? ¿Los sueños europeos de SirPlus se verán condenados a permanecer en Berlín o, en el mejor de los casos, en Alemania? En la tienda de la capital alemana, el público no cesa. La afluencia no ha descendido desde la apertura hace tres meses y, en esta tarde de lunes, SirPlus está lleno. Antes de irnos, lanzamos una última mirada a Fellmer y a su gran sonrisa. Sus colaboradores están transportando unos palés cargados de verduras. Su cruzada contra el derroche de alimentos parece desarrollarse sin ninguna traba y podría ser que también Francia, Bélgica, Italia o España cayeran rendidas ante el método SirPlus. Sea como fuere, ¿cómo resistirse a fresas en forma de corazón?

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Voglio Mangiare Così- Somos lo que comemos. Descubre qué se cuecen entre los fogones europeos de la mano de ocho personas que han decidido hacer del comer todo un acto revolucionario. 

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