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Meet My Hood : Krutenau, en Estrasburgo

Artículo publicado el 8 de Febrero de 2018
Artículo publicado el 8 de Febrero de 2018

Para muchos expatriados, Estrasburgo no es más que una ciudad de paso. Pero Olalla -antigua estudiante Erasmus y, ahora, periodista española en el Parlamento Europeo- decidió quedarse. Su  decisión se debe, en buena parte, a su barrio: Krutenau. 

"Soy española, cierto. Pero cuando llevas aquí ya 8 años, empiezas a amar la ciudad en la que vives y a sentirte alsaciana". En su visita a la Gran Isla de Estrasburgo, hace una parada y se adentra en el mercado de Krutenau. A un lado y a otro de la pequeña Plaza de Zurich hay puestos con productos de la zona: queso Munster, mermeladas de ciruelas, pan de especias y salchichas ahumadas. Es miércoles y Olalla se pasea entre vendedores y clientes como si lo hubiera hecho toda la vida. Sonriendo, saludando con la mano y muy orgullosa: "Ya lo ven, es una española la que promociona el barrio".

"Primero, el frío"

El día anterior, la veinteañera española había quedado con Michel, toda una institución en el centro de Estrasburgo. También aquí la cervecería la recibe con los brazos abiertos. "No es muy caro y está muy bien -puntualiza-. Me conocen porque vengo a menudo a estudiar aquí después de comer, y me tiro un montón de tiempo con el café". Olalla, con un gran plato de chucrut en la mesa, está encantada con las atenciones que le muestran tanto los camareros como el joven encargado del local. Dejándose llevar, encadena las referencias alsacianas que tiene totalmente asimiladas: del chucrut al Racing Club de Estrasburgo, el equipo de fútbol de la ciudad. Procedente de Madrid, no siempre fue sencillo integrarse en las costumbres de la vida local. "Primero, el frío -bromea tapándose con el cuello de su abrigo-. Imagínate a una española que en dos horas de avión aterriza en el noreste de Francia".

Olalla llega a Estrasburgo en el 2009 para continuar con sus estudios de sociología dentro del marco del programa Erasmus. Después de licenciarse, hace un máster en el Instituto de Estudios Políticos de Estrasburgo, el cual cuenta con un plan de estudios europeo que no hay en España. La joven estudiante tiene que enfrentarse a "una feroz competencia" y el primer año se refugia en su "burbuja Erasmus, pues la gente siempre tiene problemas al principio para integrarse". Pero, al final, Olalla hace muy rápido amistades alsacianas. La razón, según ella, una enorme comprensión hacia los extranjeros. "Estrasburgo es una ciudad que vive una doble identidad desde hace siglos. Aqui, por ejemplo, los acentos se toleran mucho mejor. Los estrasburgueses han integrado como parte de su identidad que somos de cualquier lugar", puntualiza. A 15 minutos de tranvía, la frontera alemana corta el Rin en dos. En Francia, la historia de la ciudad está estrechamente ligada a la de Alsacia y Lorena, territorio disputado por Alemania y el Hexágono. Otro símbolo de ese cosmopolitismo: el Parlamento Europeo, que se alza desde 1999 a orillas del Ill, un afluente del Rin.

Krutenau, un futuro brillante

Y es precisamente aquí, en el Parlamento, donde Olalla trabaja actualmente. Por encargo de varios medios de comunicación, sigue la actualidad del Parlamento y de sus miembros, cuyo "baile de maletas con ruedas de la estación a las inmediaciones del hemiciclo" le divierte mucho. Y confirma una cosa: Estrasburgo es una ciudad de paso para los expatriados. "En las instituciones, en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en el Consejo e incluso en la Universidad, la gente no se queda más de tres años".

Si Olalla se ha quedado más tiempo, ha sido gracias al barrio de Krutenau. "Tengo la impresión de que aquí hay más continuidad, encuentras vecinos de toda la vida". En las calles bordeadas de casas con entramados de madera, nos explica que su primera experiencia en el barrio data de la facultad, cuando vivía en una residencia universitaria, en el  campus de l' Esplanade. Allí descubre un sitio muy animado en el que –cosa aparentemente bastante rara en Estrasburgo– se habla alto en la terraza. Como española, la joven estudiante está encantada con el sitio, todo lo contrario "al aspecto un poco falso y turístico" de la Petite France, el barrio histórico de la ciudad. "Ahora hay militares que vigilan mucho en los barrios céntricos durante los días que dura el mercado de Navidad, -señala Jonathan, 33 años y camarero en el Café Bretelles-. Aquí, eso no sucederá nunca". Un poco excéntrico, Krutenau vive al ritmo de esos barrios en vías de gentrificación en los que los prestigiosos artesanos conviven ahora con los salones de tatuajes. "Se ha convertido en una mezcla entre los verdaderos alsacianos, los estudiantes y los turistas. Todo el mundo puede encontrar su lugar", remata Olalla. Kyung –Ae es un coreano de 36 años que vive en Estrasburgo desde hace 15 años y que hace dos semanas y media decidió abrir su restaurante en el barrio. "Me gusta al mismo tiempo el lado dinámico e íntimo del barrio, -nos explica Olalla-.  Por la noche se llena de estudiantes pero el resto del día es un verdadero sitio de pequeños comerciantes, desde el fabricante de gafas al ferretero, sin olvidarnos de los libreros". 

Antiguo lugar pantanoso, Krutenau se ha convertido en un clamor de autenticidad, el barrio de moda de Estrasburgo. "Francamente, se está volviendo cada vez más chic. Llevo viviendo aquí mucho tiempo y siempre descubro cosas nuevas". El barrio no escapa al destino de los antiguos barrios periféricos de las ciudades: está en vías de gentrificación. Pero, a diferencia de lo que ha ocurrido con otros muchos barrios de Francia, en Krutenau, los vecinos parecen estar de acuerdo. Bicicleta en mano, una chica no escatima en elogios sobre "su" barrio, aprovechando incluso para hacernos partícipes de los buenos planes, como el Café Bretelles. En ese momento, Olalla dice: "Pues allí que iremos". Eso también es sentirse alsaciana.

La opinión de los vecinos

¿Cuánto cuesta?

La gente

Lugares que no te puedes perder

Café Bretelles, 2 Rue Fritz: bar con estilo.

Kei's Atelier, 16 Rue de l'Abreuvoir: restaurante y salón de té coreano. 

Tinta, 22 Rue des Orphelins: salón de tatuaje y peluquería-barbería.

L'Optique de la Krutenau, 50 Rue de Zurich: óptica y fabricante de gafas.

Le Tarbouche, 22 Rue de la Krutenau: restaurante libanés para darse un capricho.

Mémé dans les Orties, 14 Rue Munch: restaurante que ofrece comida casera.

Au Télégraphe, 59 Rue de Zurich: cervecería artesanal.

Le Café des Anges, 5 Rue Sainte-Catherine: bar nocturno a veces demasiado lleno.

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Este artículo, forma parte del proyecto de cafébabel Meet My Hood, cuyo objetivo es descubrir al lector los barrios de las principales ciudades europeas. 

Este artículo se ha realizado con la colaboración de la Fundación Hippocrène