Lifestyle

Meet My Hood: Le Chapitre, Marsella

Artículo publicado el 30 de Marzo de 2017
Artículo publicado el 30 de Marzo de 2017

En pleno centro de Marsella, ciudad fundada en torno al año 600 a.C por marineros procedentes de la ciudad griega de Focea, la Place des Réformés y alrededores son un ir y venir de gente superparlanchina. A veces, hay que saber leer entre líneas para entender la historia del barrio de Le Chapitre.

Dicen que no es buena idea andar por el barrio por la noche. Sin embargo, en pleno día Le Chapitre parece un pequeño pueblo. Como todos los martes por la mañana, flores de colores, cactus enanos de formas inverosímiles y plantas aromáticas propias de la cocina mediterránea llenan la Place des Réformés. Siempre hago lo mismo: rodeo la fuente, paso por delante de las concurridas terrazas de Les Danaïdes y de Le Grand Chapitre y me dejo tentar por un ramo de mimosas a tres euros o una suculenta a un euro. Después, alguien –un comerciante, un transeúnte, un camarero, un vagabundo, un vecino, un ilustre desconocido– me dirige la palabra. Es sistemático. "De hecho, da la impresión de que todo el mundo se conoce", admite Mathieu mientras charla sobre el riego con una clienta. "Aquí a la gente le encanta hablar, y no solo de la lluvia y del buen tiempo", confima Anne-Marie, que justo acaba de meterse en la conversación intrigada por nuestra cámara fotográfica.

En Le Chapitre todo el mundo se cruza con todo el mundo: la alta burguesía del Boulevard Longchamp, estudiantes pelados de dinero a la búsqueda de un brebaje asequible, ejecutivos con cochecitos de bebé, los kurdos manifestándose, jóvenes pensativos, obreros que se paran, los 'sin techo' que han elegido domicilio al lado del quiosco de la música, los jubilados que hacen la compra, los 'verdaderos' marselleses y los de adopción que quisieron alojarse en el centro de la ciudad. "Es como un enorme cruce", explica Stéphane, que ha vivido quince años en la zona. Desde aquí, todo está cerca: en cinco o diez minutos puedes coger un tren en la estación de Saint-Charles, ir de compras a La Canebière o a las tiendas antiguas de Noailles, quedar para tomar unos tragos en el animado barrio de La Plaine et du Cours Ju e incluso contemplar el mar y los mástiles de los barcos del Puerto Viejo.

No obstante, el barrio ha cambiado mucho en poco tiempo. Como buena parte del centro de Marsella en los últimos años, sus grandes arterias –La Canebière y el Boulevard Longchamp– se han ganado el derecho a un lifting. Desde 2008, un moderno tranvía pasa en medio de edificios haussmanianos recientemente renovados. "Eso lo cambió todo, también a la gente", según Néné, apoyado en la barra del Grand Bar du Chapitre. "Antes había un mercado de Navidad, figuritas del belén…", dice la camarera desde detrás del mostrador. "Ahora hay cafeterías por todas partes… y eso no es lo peor", dice de nuevo su cliente y amigo antes de invitarnos a que bebamos una cerveza (espumosa) con él. Otros están encantados de haber pasado página del antiguo Chapitre. "Solo son viejos gruñones que añoran un barrio BCBG (barrio pijo)", espeta Anne-Marie, feliz de dar su opinión sobre el cosmopolita lugar donde ha elegido establecer su domicilio.

Sí, pero parece ser que, antes, la noche aquí "era otra cosa". "¡Tú no has conocido La Rotonde de entonces! Era un punto de referencia de artistas, la calle du Coq, solo había eso", recuerda Néné, 40 años de barrio en su haber y visiblemente nostálgico de un Chapitre pasado. Ahora, al caer la noche, esas mismas calles cuentan otra historia, la de prostitutas y travestis buscando clientes. Me dicen que no debería andar sola por la noche. Me previene una mujer de pelo blanco teñido de negro y un capazo en la mano, Jacqueline, una mujer que conoce gente que ha tenido 'malos encuentros'. Pero sigo y paso por donde están las que suelen estar habitualmente, para sentirme menos sola en la oscuridad. Laurie, una estudiante que vive aquí desde septiembre de 2015 y que lleva sentada en la terraza del Longchamp Palace desde hace diez minutos ha adoptado la misma aptitud. Esas aves nocturnas han llegado incluso a convertirse en amigos. "Me encanta hablar con las prostitutas, y es precisamente cuando ellas no están aquí cuando no me siento segura", dice antes de largarse y preguntar, consciente de que a veces se traman "cosas raras" debajo de su casa: "¿Sabes lo que pasó en el bar Los Héroes? Se cree que al dueño lo asesinaron". 

En Le Chapitre, una cosa es segura: cuando estés en Longchamp Palace, almorzando en el Nour, esperando el tranvía, el autobús o el metro, aumentando la presión de una parte del futbolín en Mounguy o cantando en Casa Consolat, si te molestas en escucharlos, los vecinos del barrio tendrán siempre una historia que contarte.

La opinión de los vecinos

¿Cuánto cuesta?

La gente

_

Direcciones de los locales que se mencionan en el artículo:

- Longchamp Palace: Boulevard Longchamp, 22. Cafetería y restaurante art-déco de los años 30. Tiene comedor interior y exterior (patio). Cocina francesa tradicional y de temporada.

- Le Mounguy: rue Consolat, 10. Cafetería de ambiente juvenil. Exposiciones, 'live music', Djs. Amplia carta de cervezas y cócteles.

- Casa Consolat: rue Consolat, 1. Local en el que se desarrollan actividades culturales "ecorresponsables, solidarias y sociales".

- Grand Bar du Chapitre: rue Consolat, 4. Bar popular. Gran terraza.

- Nour d'Egypte: rue Bernex,10. Centro cultural egipcio. También tiene restaurante.

- Fetouche: La Canebière,148. Comida rápida.

- Green Bear Coffee: 123, la Canebière. Cocina vegetariana elaborada con productos 100% ecológicos de temporada.

- Quiosco de la música: Place Léon Blum.

- Flores del vivero Pepinière Bonventre: martes y sábados por la mañana en la Place des Réformés.

 _

Este artículo forma parte de Meet My Hood, un proyecto de Cafébabel para descubrir los barrios de las principales ciudades europeas. Las calles de tu próximo destino ya no tienen secretos para ti.