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Owen Lean, por arte de magia

Artículo publicado el 15 de Febrero de 2017
Artículo publicado el 15 de Febrero de 2017

Es probable que todo aquel que creciera en los noventa y leyera los libros de Harry Potter, se pasara horas soñando en convertirse en un mago de verdad. Resulta que para aprender a hacer magia, no hace falta ir a Hogwarts, sino a Dublín. 

Cada día a las nueve de la mañana, incluso antes de que los turistas lleguen de verdad, el Covent Garden de Londres se llena de ajetreo. Los artistas y músicos callejeros hacen cola para introducir sus nombres en un sombrero. El primero que salga es el primero en elegir a qué hora del día actuará. Al día, solo hay catorce vacantes para hacer unas treinta funciones, por lo que la espera puede ser tensa.

Si tienes suerte, verás a un hombre con el pelo castaño claro y ojos azules brillantes actuando en la esquina junto a la tienda de Apple. Se llama Owen Lean, y está (en sentido literal) altamente cualificado: es la única persona en el mundo con un Grado en Magia Callejera.

Estudiar entre Muggles

Owen creció rodeado de teatro y de arte, pero su relación con las artes oscuras empezó a los 18 años, cuando se encontró, en el suelo de casa de sus padres, una baraja de cartas trucada. "Sé que la compramos meses atrás en una juguetería de la cadena Hamleys", dice, "pero no estoy seguro de cómo llegó hasta ahí".  Sin embargo, ya fuera una señal del más allá o algo que pasó de chiripa, en seguida se dio cuenta de que tenía mano para los trucos de naipes. "Resultó que la magia era como hacer teatro, pero sin tener que pasar meses ensayando con gente que no me gustaba. Lo podía hacer por mi cuenta".

Su amor por la magia, y en particular la callejera, era muy fuerte, a pesar de que en ese momento Owen estudiaba un Grado en Artes Escénicas en la Trinity College de Dublín. Por cosas del destino, la universidad está junto a Grafton Street, una de las calles más caras de la capital irlandesa, y una de las más concurridas por artistas en Europa. Cuando llegó el momento de hacer su trabajo de fin de grado, tenía dos opciones: escribir 12.000 caracteres sobre un tema que eligiera, o la opción (mucho más llevadera) de 7.000 palabras basadas en una actuación. Como todo "buen" estudiante, Owen eligió la opición más corta, para la que solo tenía una idea en la cabeza: hacer un espectáculo de magia.

Afortunadamente, los profesores estaban entusiasmados: "Todos los profesores de la Trinity están chalados", dice Owen. Así fue como una tarde fría de mayo de 2006, su carrera dependió de la habilidad de encontrar con éxito una carta dentro de una baraja utilizando únicamente su lengua. Ese verano, Owen Lean recibió el primer Grado en Magia Callejera de la historia. Tras graduarse, pasó un par de años de aquí para allá, actuando en Londres y desarrollando "Roadmage", el número que había iniciado en Grafton Street los años anteriores.

Y entonces su casa explotó. 

"Lo más curioso es que no estábamos en casa", dice Owen años después en voz baja y con incredulidad. "Había ido a visitar unos amigos durante una semana, y me pidieron que me quedara un día más. Y aunque me iba a costar un pastón les dije que lo haría. Así que me quedé una noche más, y a primera hora del día siguiente recibí una llamada de mis padres para decirme que a las dos de la madrugada la casa había explotado. Si hubiera vuelto, estaría muerto".

La experiencia cercana a la muerte tuvo su efecto: Owen se empeñó aún más que nunca en vivir de la magia. Así que empezó a viajar por el todo país y también en el extranjero. Pasó tiempo en Canadá y vivió dos años en París, donde su 'campo base', el sitio en donde practicaba sus espectáculos, se encontraba a pocos metros del Museo Georges Pompidou.

Owen bromea diciendo que viajaba principalmente porque "es mucho más fácil cambiar el público que los materiales", pero la temporada en el extranjero le sirvió para mucho. "Te das cuenta de lo diferente que es todo el mundo, y de cuánta energía se necesita para acercarse al público. Suena un poco metafísico, pero no hay mejor palabra para definirlo que energía. Cualquier representación es un intercambio de energía entre el artista y el público".

"En Dublín, donde empecé, la gente era muy 'de pasarlo bien' como dicen allí. Empezaban con mucha energía, pero tardaba mucho más en impresionarlos. En Canadá, sin embargo, todos estaban más relajados, pero era más difícil conseguir que te vitorearan. Tienes que empezar donde está tu audiencia, y así ocurre con todo: si vas con mucha energía a firmar un acuerdo de negocios, y la otra persona está muy deprimida, no vas a conseguir nada".

Pasión por la defecación humana 

Aun así, ya sea en Canadá o en Covent Garden, Owen sostiene que cada público tiene algo en común: es despiadado."En el mundo del teatro, cuando tienes un papel en un espectáculo que no es muy bueno, puedes hacer que el público vuelva más tarde. En la calle, si su mente se aleja, ¡su cuerpo también empieza a alejarse!".

Otra cosa que hace que las actuaciones callejeras sean impredecibles son las propias calles. "En Covent Garden", cuenta Owen, "los artistas callejeros son una comunidad muy unida, casi una familia". Pero en otras zonas son mucho más feroces. "En Leicester Square hay un grupo de breakdancers que básicamente se han apropiado del lugar, y no dejan que nadie más trabaje allí", me cuenta. "Pero en París, cerca del Pompidou, los breakdancers son seres humanos encantadores. Se trata de una cuestión de suerte".

Y muy de vez en cuando, todo artista queda eclipsado. Una vez, en Dublín, Owen se encontraba en mitad de un número cuando la gente empezó a estar extrañamente inquieta. "Me percaté de que la gente no me miraba a mí, sino que miraba detrás de mí", recuerda mientras se ríe. "Así que me giro, y justo ahí había un vagabundo haciendo caca. Y no hay nada que pueda hacer en este mundo que sea más entretenido que el espectáculo de la defecación humana. Así que tuve que esperar a que terminara".

"Siempre hay alguien para quien actuar" 

Por suerte, es poco probable que Owen tenga que lidiar con la misma estampa en un futuro próximo. Ahora está reduciendo las representaciones callejeras ("solo tres a la semana, de momento"), y trabajando de formador corporativo y de conferenciante motivacional, ayudando a que otra gente sepa venderse en el mundo del trabajo empleando sus experiencias como mago callejero. Los dos trabajos parecen polos opuestos, pero Owen afirma que tienen mucho en común.

"Un artista callejero debe hacer tres cosas: necesitas que la gente te preste atención, la mantenga y establezca una conexión. Después tienes que conseguir sacar una rentabilidad de ello. Lo llamamos el principio ACD [del inglés ARM, atención, conexión y dinero, ndlr]. Toda mi trayectoria como corporativo se basa en enseñar a la gente a utilizar el principio ACD".

Pero hay otro motivo para el cambio de carrera de Owen: él y su mujer esperan la llegada de su primer hijo para marzo; al que han bautizado temporalmente "Saltarín" hasta que den con un nombre. Sin embargo, no es el aumento potencial de sueldo el que realmente ha influenciado esta elección.

"Gano suficiente con el arte callejero como para mantenerme con vida, pagar la hipoteca y conseguir, a fin de cuentas, un poco de dinero que es todo lo que se puede pedir, aunque me haya costado muchos años llegar a ese punto. Pero no quiero estar en la situación de tener un hijo, y tener que trabajar cada fin de semana y todas las vacaciones escolares para ganarme la vida; que es la hora de máxima audiencia para un artista callejero. Me encanta, pero no funciona para el tipo de vida que quiero tener con mi hijo".

No obstante, mientras nos despedimos, Owen no siente remordimientos por dejar las calles atrás. "Ser padre es un nuevo desafío". Con todo, estoy seguro que habrá fines de semana que podré ir y hacer un par de espectáculos. No tengo que abandonarlo por completo. Una vez que lo dejas nunca te olvidas del cómo, y siempre hay alguien para quien actuar.

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"Voglio Vivere Così" es una colección de ocho historias sobre estilos de vida alternativos. Una mirada a un mundo que parece quedarnos muy lejos pero que, en realidad, está a tan solo un paso. Ocho historias, elegidas por el equipo de cafébabel, que compartiremos a lo largo de las próximas ocho semanas. Vivamos a nuestra manera. Vivamos felices.