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Meet My Hood: la Belle de Mai, en Marsella

Artículo publicado el 6 de Febrero de 2018
Artículo publicado el 6 de Febrero de 2018

A pesar de que la mala reputación persigue a la Belle de Mai desde hace varios años, sus habitantes dicen vivir felices, algo por lo que que numerosas personas del panorama cultural marsellés ya se han interesado.

Las estadísticas lo afirman: "La Belle de Mai es el barrio más pobre de Francia". Y precisamente los medios de comunicación se suman a esta cantinela. Sin embargo, en el distrito 3 de Marsella, estas declaraciones molestan a más de uno. Nadie niega las dificultades que concentra la zona: paro, insalubridad, falta de medios y abandono de los poderes públicos. Xavier, un joven español que llegó a la Belle de Mai hace tres meses con la finalidad de realizar un servicio de voluntariado europeo, confirma: "Sea como sea, solo hace falta pasear por el barrio para darse cuenta". El trayecto de un cuarto de hora que lleva desde el ruidoso boulevard National hasta la apacible área cultural de la Friche le da la razón. Si subimos por las calles pequeñas y sinuosas perdemos la cuenta de las fachadas en ruinas que encontramos a nuestro paso. Sin embargo, todos los habitantes que nos cruzamos nos invitan a mirar más allá de las grietas y de los grandes titulares de los periódicos.

 

Nicolas, heredero del oficio de peluquero en la Belle de Mai, habla sin parar sobre la zona de la ciudad donde creció y trabaja, pero nos avisa enseguida: "No voy a decir nada malo". Desde su infancia, ha visto cómo se empobrecía el barrio. El siglo pasado, sus calles albergaban numerosas fábricas, trabajadores y estibadores que aseguraban la prosperidad económica y política. Cuando las fábricas echaron el cierre, los obreros se vieron de repente sin empleo, se marcharon de allí y otros habitantes y tenderos siguieron sus pasos. "¡Antes, la calle Belle de Mai era uno de los lugares más comerciales de Marsella! Se encontraba de todo", recuerda el profesional de las tijeras con la barba bien perfilada. "Ahora hay muchas menos tiendas y las gentes del centro de la ciudad ya no vienen a hacer sus compras". Pese a todo, la hospitalidad no ha abandonado el barrio y los lugareños continúan cultivando el arte del palique, propio de los comerciantes. "Si pasáis la mañana conmigo, veréis que siempre hay quien entra para debatir", explica Nicolas mientras da vueltas en su sillón gris. Lucie, que vive en la Belle de Mai desde hace tres años y medio, confirma: "Tenemos un contacto real con el carnicero, el panadero, el frutero… y para mí la 'vecindad' consiste en eso: charlamos, nos ayudamos… Es muy acogedor y, como todo el mundo se conoce, también hay un fuerte control social".

La joven estudiante de doctorado se instaló primero en el distrito 3, ya que así podía alquilar un apartamento grande por poco dinero. Después, su ambiente la ha empujado a quedarse. "Me encanta no estar en el centro de Marsella, tener que coger la bicicleta para ir hasta allí y que todo esté en calma cuando vuelvo a casa", explica a la vez que señala hacia su jardín. La Belle de Mai, con sus edificios bajos, sus casas bonitas de postigos coloridos y sus callejones, a veces ofrece una atmósfera rural que se aleja de la idea difundida por la etiqueta de "barrio pobre y de clase trabajadora". Gabriella, compañera de piso de Lucie desde hace unos meses, comparte esta opinión: "Es un poco como si estuviésemos en un pueblo, oímos el canto de los pájaros… No estamos en el caos del centro". 

Las dos aficionadas a la bicicleta salen ganando, ya que los que no tienen ganas de pedalear hierven de impaciencia: están obligados a esperar en la parada del bus. La Belle de Mai, situado a tan solo diez minutos de la Estación central de Saint-Charles, parece ser un lugar donde no se baja nadie en el mapa de transportes de Marsella. Alrededor de la estación, hay tranvía, metro y tren, pero por el barrio tan solo pasan tres líneas de autobús al día. Esta es una de las razones que convencieron a la veinteañera Lola para mudarse a un lugar más céntrico: "Está muy mal comunicado. Si no tienes coche, es desesperante…". Nicolas, coordinador de Gyptis —el cine del barrio premiado por el Centro Naciona de Cine (CNN) gracias a su programación en 2016— también se lamenta de la falta de servicio nocturno, que impide que los habitantes de otros distritos asistan a las proyecciones vespertinas y salgan por la zona. "Es una pena porque en el barrio se organizan muchos eventos", cuenta este cinéfilo apasionado antes de enumerarnos todas las estructuras culturales que se han instalado en el área.  

El restaurante comunitario de la Cantine du Midi; Les Brouettes, que organizan intercambios de libros; el espacio cultural y de ocio del Chapiteau; los colectivos de arquitectos, paisajistas y artistas de la Ambassade du Turfu… y, por supuesto, la imprescindible fábrica cultural Friche de la Belle de Mai. Aunque algunas veces se haya criticado al complejo cultural por su falta de implicación en la vida del barrio, es un lugar excepcional en toda la región. Desde su inauguración en 1992, la antigua fábrica de tabacos de Marsella ha conseguido atraer a innumerables empleados, artistas y voluntarios, así como a un nuevo público —cerca de 300.000 visitantes al año— con sus salas de exposiciones, de teatro, su club, su restaurante, sus estudios de grabación y de radio, sus mesas de pícnic, su inmensa terraza de 8000 m2 en el tejado, su cancha de baloncesto, su skate park, su rocódromo…

Desde hace un tiempo, Nicolas corta el pelo a cada vez más clientes que antes no se dejaban ver por la zona. Son bobos (bohemios con dinero) seducidos por el atractivo precio de la vivienda y los jóvenes enérgicos que trabajan en medios culturales o tecnológicos. A pesar de su mala reputación, hay buena esperanza en cuanto al futuro del barrio. "Podría ganar dos veces más si me instalara en otro distrito, pero para ser sincero, tengo muchos proyectos y no me veo realizándolos en otra parte", afirma optimista. Frente a su rótulo en la plaza Cadenas, donde los tenderos vigilan su mercancía, Bernard y Catherine no tienen otras metas en mente a corto plazo que la de disfrutar lo que han comprado en el mercado y vivir felizmente su jubilación. Están de acuerdo en que "por nada del mundo" se irían a otro sitio.

Caminamos hacia la calle siguiente y nos encontramos con Lucie, quien afirma no imaginarse viviendo en otro barrio de la ciudad focense. La razón de su apego a la Belle de Mai es una de las clientas de Nicolas, que tuvo que mudarse y la echa de menos: "Cuando miraba por la ventana de mi apartamento, quizás era un poco feo, no muy limpio, pero al menos tenía vida". Así de simple. 

Alegría vecinal

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¿Cuánto cuesta?

La gente

Lugares imprescindibles

Le Gyptis: cine, rue Loubon, 136

La Cantine du Midi y la Drogheria: restaurante comunitario y tienda de comestibles comunitaria, rue Bernard 36

Le Chapiteau: espacio cultural, traverse Notre Dame, 38

L'Embobineuse: sala de espectáculos, boulevard Boues, 11

L'ambassade du Turfu: rue Raymondino, 3

La Friche: espacio cultural, rue Jobin, 41

Les Grandes tables: restaurante, rue Jobin, 41

Le Cabaret aléatoire: club/sala de conciertos, rue Jobin, 41 

Le Comptoir de la Victorinerue Sainte-Victorine, 10

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Este artículo, forma parte del proyecto de cafébabel Meet My Hood, cuyo objetivo es descubrir al lector los barrios de las principales ciudades europeas. 

Este artículo se ha realizado con la colaboración de la Fundación Hippocrène