Política

20, años, tiene mi amoooor: ¿Vitaminas para Erasmus?

Artículo publicado el 22 de Enero de 2007
Artículo publicado el 22 de Enero de 2007
Nombre: Erasmus. Fecha de nacimiento: 1987. Lugar: Bruselas. Las instituciones europeas se muestran muy orgullosas de su vástago.

“Erasmus es el símbolo de lo que mejor sabe hacer Europa. La Europa de lo concreto, de los resultados.” Estos son los términos elogiosos que José Manuel Durão Barroso emplea para calificar el programa de estudios europeos que cumple 20 años en 2007. En 1987, sólo 3.000 pioneros se lanzaron a la aventura de ir a estudiar uno o dos semestres al extranjero. Hoy, cada año, unos 150.000 jóvenes deciden irse a otra universidad a seguir sus estudios en el extranjero. En 20 años, un total de un millón y medio de estudiantes viajeros.

Una idea de jóvenes

A mitad de los ochenta, Europa se construía sobre las bases de la industria, el comercio y el librecambio, pero no lograba acercarse más a sus ciudadanos y el sentimiento europeísta empezaba a enfriarse entre la gente. ¿Cómo implantarlo entre los jóvenes, el futuro de Europa, nacidos en su seno? La respuesta fue simple: la educación.

Fue la asociación estudiantil europea AEGEE, dirigida por Franck Biancheri, con 27 años por entonces, la que propuso el proyecto Erasmus. El presidente francés, François Mitterrand, quedó seducido y apoyó la idea ante las institucioines europeas. Unos meses más tarde, nacía Eramus.

Durante estos 20 años, son los franceses los que más han participado en el programa, aportando más de 217.000 estudiantes, seguidos por los alemanes (216.000) y los españoles (191.000). El destino favorito de los candidatos es España, que acoge cada año a alrededor de 25.000 Erasmus.

Tanto el clima como la vida nocturna de la península ibérica, popularizada por la película de Cédric Klapisch, Una casa de locos, explican su éxito. En la cinta, las aventuras de un grupo de estudiantes extranjeros en Barcelona hizó la experiencia Erasmus al rango de icono de la vida estudiantil despreocupada y cosmopolita. Otros destinos, como el Reino Unido, Holanda e Irlanda van a la zaga.

Ventajas innegables

En 2004, Erasmus se internacionalizó aún más gracias su hermano pequeño, Erasmus Mundus. Su principio consiste en que los estudiantes europeos mejor calificados se marchen a un país tercero a la vez que otros vienen a Europa. Más de un centenar de masters han obtenido ya la etiqueta identificativa “Erasmus Mundus”. La intención es convertir a la UE en un centro de estudios reconocido en el mundo entero por su excelencia, conforme a la estrategia de Lisboa, que pretende hacer de la UE la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica en 2010.

Otro punto positivo es que Erasmus ha favorecido la homogeneización de los itinerarios universitarios europeos con el sistema Licenciatura–Máster–Doctorado y los famosos créditos europeos ECTS, reconocidos en todas partes. En teoría, se acabó lo de pelearse con los funcionarios para que nos reconozcan los puntos obtenidos durante una estancia en el extranjero. De aquí a unos años, 45 países del mundo entero se alinearán con este sistema para favorecer a los alumnos trotamundos.

Además, la experiencia adquirida por estas expatriaciones se considera por lo general como un punto a favor de cara al futuro profesional de los estudiantes. Según un estudio llevado a cabo por la Unión Europea, el 60% de los estudiantes Erasmus veteranos considera que su estancia en el extranjero ha pesado a la hora de ser contratados por primera vez en una empresa, gracias a las competencias lingüísticas adquiridas y a la apertura de miras que otorga. Algunos estudios, como Ciencias Políticas o Ingenierías, incluso han convertido esta etapa en obligatoria.

Modestia aparte

En todo caso, hay que relativizar. Sólo el 1% de la población estudiantil se va de Erasmus. Durante el periodo 2000-2006, se consagraron 930 millones de euros al programa, con una beca de 150 euros mensuales para cada estudiante. Un montante que no ha sido aumentado desde 1993, no tomando en cuenta el aumento del coste de la vida y, sobre todo, el de la vivienda. Además, el Erasmus Student Network (EST) señala que en 2006, sólo la mitad de los estudiantes Erasmus pudieron beneficiarse del reconocimiento del diploma obtenido en una facultad extranjera.

Otra espinita es que la beca no tiene en cuenta tampoco el nivel de vida del país de destino. ¡Sin embargo, entre Bucarest y Oslo, la diferencia es grande! Jan Figel, comisario europeo responsable de Educación, Formación y Cultura, declaraba en diciembre pasado que “las becas Erasmus son demasiado pequeñas como para permitir a los estudiantes provenientes de familias humildes aprovecharse del programa”.

Las instituciones europeas han decidido, pues, que para el periodo presupuestario 2007-2012 participen un millón y medio de estudiantes. O sea, lo mismo que en 20 años. Para ello, 3.100 millones de euros han sido asignados a tal efecto. En el debe: que la educación sigue sin ser la prioridad de la Unión Europea; un 40% de sus recursos siguen dedicados a la Política Agrícola Común.