Política

Alemania y Polonia en una cumbre: que no salten chispas

Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2006
Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2006
Las actuales relaciones entre los gobiernos alemán y polaco están en crisis. Sin embargo, ambos países comparten demasiados intereses como para poder permitirse una larga disputa.

La relación polaco-germana no atraviesa su mejor momento. En julio de este año, la séptima edición de la cumbre de Weimar entre Francia, Polonia y Alemania fue suspendida. “Imposibilidades pasajeras” del presidente polaco Lech Kaczynski impidieron el encuentro. El periódico liberal de izquierdas Gazeta Wyborczca sospechaba una relación directa de la cancelación del evento con una sátira en el diario alemán Tageszeitung.

Nueva patata polaca

En el artículo publicado en la semana precedente a la cumbre, Lech Kaczynski resultó identificado en las páginas del Tageszeitung como “nueva patata polaca”. Tampoco su hermano gemelo, Jaroslaw Kaczynski, presidente del partido nacional-conservador Partido por el Derecho y la Justicia (PiS), gobernante en la actualidad, queda al margen de la sátira: “como vive con su madre, seguro que es un duro antihomosexual”, ironizaba el periódico.

Las reacciones del gobierno polaco al artículo fueron inmediatas. El líder del grupo parlamentario del PiS, Przemyslaw Gosiewski, propuso una orden de detención europea contra Peter Köhler, autor del artículo. El ministro del exterior, Fotyga, exigió una disculpa del gobierno alemán y comparó al Tageszeitung, de izquierdas, con el folletín de propaganda nazi Der Stürmer.

La profundidad de las heridas de la Segunda Guerra Mundial por parte del lado polaco afloró también en el debate sobre Günther Grass. El casi octogenario premio Nobel de Literatura admitió hace poco haber servido en las fuerzas nazis de elite, las temidas SS, a los 17, años durante la Segunda Guerra mundial. Siendo Grass conocido tanto en Alemania como en el extranjero por su implicación contra el “olvido del nacionalsocialismo”, esta declaración desencadenó un escándalo.

También en Polonia, puesto que Grass es ciudadano de honor de la ciudad costera polaca de Danzig desde 1993. El por entonces presidente polaco Lech Walesa, que como líder del sindicato Solidarnosc (Solidaridad) propulsó el fin de la dictadura comunista en los ochenta, exigió a Grass la renuncia a la ciudadanía de honor de la ciudad. Walesa retiró esta petición tras una carta de Grass a la ciudad Danzig.

El puente tendido por el Papa

Dicho lo anterior, las tensiones, a menudo magnificadas y afiladas por los medios de comunicación, ocultan las evoluciones positivas en la relación entre ambos países.

Durante la revolución naranja en Ucrania, ambos países apoyaron al líder de la oposición, Viktor Yúshenko. Ambos países se posicionaron con éxito a favor de unas nuevas elecciones, después de que Viktor Yanukovich, fiel a Moscú, fuera declarado ganador.

El Papa Benedicto XVI fue capaz de tender un puente en su visita a Polonia al comienzo de su mandato. “Recemos por que las heridas del pasado se curen”, anunció el Papa en relación al pasado trágico entre Polonia y Alemania. En el antiguo campo de concentración de Auschwitz declaró que “en este lugar las palabras son vanas y sólo puede reinar un silencio conmovedor”.

Aunque Benedicto XVI no logre ganarse la popularidad de su predecesor, Juan Pablo II, el acogimiento amistoso del país del papa precedente mostró que también un alemán puede ser apreciado en Polonia.

El problema del oleoducto del mar Báltico

Una mejora de las relaciones es necesaria, ya que Alemania y Polonia deberán realizar numerosas tareas conjuntamente en el futuro.

Entre ellas, ante todo, la política energética. Polonia se siente molesta por la construcción del oleoducto del mar Báltico entre Rusia y Alemania. Alemania se beneficia económicamente de este proyecto, mientras que Polonia teme una pérdida de su seguridad de abastecimiento. Además, Polonia pierde las tasas de tránsito, ya que este nuevo oleoducto, al contrario del existente, no pasará por Polonia. Por el momento el país es muy dependiente de las importaciones de petróleo y gas ruso. Es posible que Polonia se esfuerce en el futuro por conseguir fuentes de energía de origen distinto, por ejemplo provenientes de Noruega.

El segundo punto importante es el “Centro contra los Éxodos” planeado por Berlín: La Fundación de la Asociación de Refugiados (BDV) en Alemania quiere construir en Berlín un centro de documentación sobre los éxodos del siglo XX.

El centro debería documentar la existencia de alrededor de 15 millones de exiliados alemanes, sobre todo tras la segunda guerra mundial. También las migraciones de los polacos, bálticos y ucranianos de 1939 a 1949, y las de los judíos europeos a partir de 1933, serán presentadas.

El presidente polaco Kaczynski rechaza un centro semejante de forma categórica. Teme una revisión de la Historia. Por otro lado, la canciller alemana Merkel está a favor de la construcción del centro en Berlín, que levanta pasiones encontradas en Alemania. Otro centro similar podría ser creado en Pristina, Sarajevo o Wroclaw.

El “triángulo de Weimar”, como plataforma de diálogo, puede relativizar las acusaciones de revisionismo polacas contra Alemania. Por su parte, Alemania puede comprender mejor el miedo polaco causado por la Historia gracias a un intercambio constante de opiniones e ideas. El triángulo puede incitar a Alemania a la construcción de una política del Este común. Polonia y Alemania tienen la oportunidad de hacer avanzar la democratización de los países postsoviéticos. Por ello, las “imposibilidades pasajeras” no debieran repetirse.