Política

Alter-votants: la web que permite votar a los extranjeros en Francia

Artículo publicado el 30 de Junio de 2017
Artículo publicado el 30 de Junio de 2017

Con una abstención de un 51,29% en la primera vuelta de las elecciones legislativas, Francia alcanza un récord desde 1958. Algunos votantes decidieron no desperdiciar su voto este domingo: van a dar su voto a un extranjero. 

Con sonrisa relajada, Jeremy*, trabajador social de 29 años, se acuerda del momento en el que conoció a Malika*, su alma gemela para las elecciones presidenciales de abril de 2019. “Tenía necesidad de dar mi voz a un extranjero, por lo que rellené un formulario en la página web Alter-votants. Dos o tres días después, la plataforma me envió las coordenadas de una persona”. Malika y Jeremy se conocieron gracias al colectivo Alter-votantes, creado a finales de 2016. Detrás de la organización, están tres amigos, voluntarios, motivados por la idea de apoyar a los extranjeros y refugiados dándoles la posibilidad de influir en la votación francesa. “Nos cruzamos a diario con personas sin derecho a voto que quieren construir su vida en Francia y a otras que no se interesan por las elecciones. ¿Por qué no juntarlos entonces?”, explica Robert, uno de los fundadores del colectivo. 

En Francia, los extranjeros no pueden votar en las elecciones nacionales. En cuanto a los miembros de la Unión Europea, pueden votar en las elecciones municipales. “En quince países europeos, los extranjeros no comunitarios tienen el derecho de votar en las elecciones locales, Francia va con retraso”, afirma Catherine Wihtol de Wenden, investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC) y especialista de la ciudadanía europea. En Francia, son 4,2 millones de residentes extranjeros los que están privados del derecho a voto (6,4 % de la población, según un informe del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos). En enero de 2017, 4000 personas se inscribieron en Alter-votants y se formaron 1000 parejas. “Para las elecciones legislativas, como ya están formadas las parejas, hay menos personas inscritas. Hemos creado una plataforma Bretagne y Grand Est para que se acerque más al modo de votación regional de las legislativas”, explica Robert.

“He querido compartir los derechos que tenía”

Jeremy no había previsto abstenerse de las elecciones presidenciales y legislativas. Solo quería formar parte de lo que consideraba como una oportunidad, “compartir los derechos” que tenía. “Vengo de una generación educada en la necesidad del voto, por lo que no entiendo que personas que residan aquí estén privadas de ello”. El domingo 23 de abril, Jeremy y Malika quedaron delante del colegio electoral del ayuntamiento del decimoséptimo distrito de París. Jeremy lamenta que su pareja no haya podido quedar con él en la cabina electoral y meter el voto en la urna. “Antes de inscribirme, me preparé por si mi pareja deseaba votar en contra de mis ideas, debía meter su elección en la urna”, cuenta Jeremy. Jeremy se ha reservado esta decisión de darle su voz a él y personas muy cercanas. No había necesidad de discutir, de justificarse. “He descubierto que hay una presión para votar y para votar bien”, resume.

Cincuenta y cinco años, primer voto

Malika no es una “extranjera como los demás”. Esta mujer en la cincuentena con ojos verdes de origen cabilio nació en Francia. En ese mes de enero de 1962, nacía francesa. Pero dos meses más tarde, con la independencia de Argelia, perdió la nacionalidad. A día de hoy, si quiere volver a ser francesa, debe llevar una solicitud de reintegración y pasar los tests de idioma y conocimientos de la cultura nacional. Se niega a tener que justificar su nacionalidad.

“Me he comprometido políticamente, pero encuentro muy frustrante no poder votar”, indica Malika. Descubrió Alter-votants en la prensa. Diez días despues de inscribirse conoció a Jeremy. La sensación fue buena y eligieron continuar para ir a votar los dos juntos. “A pesar de todo no siento al 100% el haber votado, pero aun así era la primera vez desde hace más de cincuenta años en Francia”, señala Malika. Privada de un derecho que considera incalculable, no comprende la abstención: “¿Cómo no se pueden tener ideas? ¡No podemos llamarnos apolíticos, ya que la política es la vida de la sociedad!”, afirma. Por lo tanto Malika motiva a su hijo de veintitrés años a ir a las urnas, incluso si él no le ve utilidad.

* Se ha cambiado el nombre