Política

Brexit: el drama de los ciudadanos

Artículo publicado el 31 de Mayo de 2017
Artículo publicado el 31 de Mayo de 2017

Ellos son jóvenes que viajan y descubren Europa. ¿El problema? Son británicos. Debido al Brexit, pronto perderán los beneficios de su ciudadanía europea. ¿Es esta una mera formalidad o una verdadera crisis de identidad? Nos encontramos con algunos de estos jóvenes que piensan que la ciudadanía europea va más allá de unas pocas estrellas en el pasaporte.

"Derecho a votar y a participar en las elecciones locales y europeas. Derecho a no ser discriminado. Libertad de movimiento en toda la Unión Europea (UE)". Laura está familiarizada con el concepto de ciudadanía europea. Originaria de Oxford, esta británica de 24 años vive actualmente en París, donde estudia un máster en asuntos europeos. Si bien Laura puede citar todos los derechos inherentes a la ciudadanía de la UE, ella la define como "el sentido de una comunidad y de una unidad europea. Creo que representa el hecho de trabajar juntos por un bien común".

Partidaria ferviente del proyecto europeo, Laura votó por Remain, la permanencia del Reino Unido en la UE, durante el referéndum en junio del año pasado. Para ella y para todos los británicos, el Brexit significa el final de su ciudadanía europea, concedida solamente a los ciudadanos de los Estados miembros. Para muchos, es una oportunidad para reexaminar su visión de este concepto a menudo malinterpretado e ignorado por los principales interesados.

Pequeñas cosas de todos los días

La ciudadanía europea se remonta al 1 de enero de 1992 con la firma del Tratado de Maastricht. Si bien su comienzo fue bastante impreciso, la condición jurídica de los ciudadanos europeos ha sido objeto de varias revisiones. Hoy en día, incluye tanto derechos económicos como políticos (derecho a participar en elecciones locales y europeas, derecho de iniciativa ciudadana, garantías legales, etc). Sin embargo, más allá de una simple lista de protocolo, la ciudadanía europea se nutre de momentos particulares, experiencias atípica y personales. 

Madeleine es un gran ejemplo de esto. A los 21 años, sus raíces inglesas han sobrepasado los bordes de su nación y, habiendo vivido en otros dos Estados miembros, ya ha visto mucho de la UE. Su primer destino fue italia. Inicialmente vivió en Florencia y luego se mudó a Puglia, una pequeña ciudad del sur de Italia donde trabajó como au pair. A continuación, se mudó a Francia, a la ciudad de Bourges (Centro), donde se dedicó a enseñar inglés. Para Madeleine, tener la ciudadanía europea es como tener la posibilidad de descubrir las diversas culturas o las "pequeñas cosas que no se encuentran en otros lugares". "Todos los sitios culturales en Florencia, la magnífica costa de Puglia, el festival de Bourges, y por último... ¡El Camembert de mi compañera de piso francesa!" explica ella. "Voté por remain y hoy en día, estoy preocupada por la forma en que la salida del Reino Unido de la UE afectará mis posibilidades de vivir y trabajar en el extranjero".

Cambiar de estilo de vida

Entre las líneas a menudo misteriosas del derecho, hay un principio al que Madeleine y una gran mayoría de jóvenes británicos se aferran, y es la libertad de movimiento. Un verdadero referente del proyecto europeo que permite a los ciudadanos de la Unión circular libremente y establecerse en cualquiera de los Estados miembros. Para algunos, este beneficio va más allá del simple hecho de viajar fácilmente: la libertad de movimiento ofrece la posibilidad de empezar de cero y de probar otros estilos de vida.

"La primera vez que fui a Francia fue para una práctica en una startup en París", nos cuenta Sarah, de 24 años. "Si elegí Francia fue por casualidad, esa experiencia fue una verdadera revelación. ¡Hoy en día aprovecho toda oportunidad de volver a ese país!". Nativa de Halifax, una región del norte de Inglaterra particularmente afectada por el desempleo, Sarah no pudo encontrar un contraste más marcado. Sin embargo, más allá de las diferencias económicas, la joven destaca sobre todo las diferencias en la vida cotidiana de los dos países. "Estoy mucho menos estresada aquí, el ritmo es más lento que en Inglaterra. En Francia se toman como mínimo una hora para el almuerzo. Te puedes tomar las cosas con calma, y eso me gusta". "Me encantó Alemania desde el momento en que llegué", nos cuenta Lucy, que vive en Berlín desde hace tres años. "Además de tener una verdadera afinidad con el lenguaje, mi personalidad coincide con las formas de los alemanes. Berlín me obligó a bajar la velocidad, disfrutar de mi vida y de mi amor por la historia. Los alemanes me enseñaron a reconciliarme con el pasado de una manera productiva y progresiva".

¿Permite realmente la ciudadanía europea cambiar el estilo de vida? Como mínimo, todos coinciden en que la libertad de movimiento hace posible descubrir otras culturas desde dentro. Dialectos locales, marcas de cerveza favoritas o cadenas de supermercados conocidas son todos elementos que componen el universo nacional accesible a los ciudadanos europeos.

¿Vender la ciudadanía europea?

La lógica se remonta a la génesis misma del proyecto europeo. El objetivo: formar el sentido de comunidad al unir los pueblos europeos. Hoy, parece que estamos a mitad de la batalla. Si bien el Brexit marca claramente un rechazo de la UE, paradójicamente también puso de manifiesto la verdadera naturaleza de esta unidad europea. "Siento solidaridad con las personas de mi misma edad de otros países europeos", dice Bradley, londinense de 22 años, después de haber trabajado tres meses en Viena. "Gracias a mis estudios en Londres y mi trabajo en Austria he conocido a muchos jóvenes europeos, muchos de los cuales ahora son mis amigos. Hoy me siento triste de que mi gobierno planee debilitar este vínculo".

Solidaridad y sentimiento de cercanía: ¿estamos asistiendo a la formación de un pueblo europeo? El tema todavía es objeto de debate, la ciudadanía de la UE y la realidad europea quedan limitados a ciertas categorías de la población. Sin embargo, incluso en su etapa embrionaria, el "ser europeo" está muy presente en nuestros entrevistados. Muchos dicen que se sienten directamente europeos. Definen la ciudadanía europea con mucha más profundidad que una mera condición jurídica. "Atravesar todos los países, hablar idiomas extranjeros: ¡Me siento más europea que inglesa!" continúa Sarah. "Pensar que pronto tendré que pedir esta ciudadanía, reclamarla: ¡resulta rarísimo!"

Además, el Brexit marca el final de un sueño para los europeos-británicos. Si bien las negociaciones sobre la salida del Reino Unido aún no han comenzado, la cuestión de la ciudadanía europea ya es uno de sus desafíos. En noviembre de 2016, el diputado de Luxemburgo Charles Goerens presentó la idea de una "ciudadanía asociada", por la cual los británicos que la quisiesen podrían conservar algunos derechos europeos. Una propuesta tentadora sobre la cual muchos de nuestros entrevistados mostraron escepticismo. "Estaría encantado de mantener la ciudadanía europea", dice Laura. "Sin embargo, la ciudadanía asociada iría en contra de su legitimidad. Los británicos tendrán que pagar para conseguirla, lo que significa que se puede "vender" la ciudadanía europea". "El proyecto es fenomenal, pero sin duda llega demasiado tarde", añade Sarah. "La votación está hecha y el Reino Unido no tiene nada que ofrecer a la UE a cambio de este beneficio".

Por ahora, el asunto queda pendiente hasta las elecciones parlamentarias anticipadas del 8 de junio. Convocadas por la primera ministra Theresa May, la decisión de ir a elecciones ha sorprendido tanto al Reino Unido como a la UE. May busca establecer una sólida mayoría del partido conservador para las negociaciones del Brexit, consciente de que los resultados podrían también determinar el futuro de la ciudadanía europea de los británicos. Sin embargo, con o sin ella, Laura explica: "La pérdida de mi ciudadanía europea no quiere decir que vaya a dejar de ser europea. Voy a seguir siendo parte de la misma comunidad cultural y social".