Política

Budapest, un fénix renacido de cenizas de benceno

Artículo publicado el 31 de Enero de 2007
Artículo publicado el 31 de Enero de 2007
La ciudad de Budapest quiere construir en el solar de la antigua refinería de gas de Óbuda un moderno parque científico.

“¡Aquí, fíjese en la torre de agua!”. Imre Gróf sujeta con su mano izquierda el volante y señala con la derecha una pintoresca torre redonda, pintada con líneas rojas y blancas, que se alza sobre el plomizo cielo de diciembre en Budapest. Arbustos salvajes se aferran a su base. Sería el decorado perfecto para una película de cuentos antiguos.

Gróf maniobra con decisión con su coche por el intransitable solar de la antigua refinería de gas de Óbuda al norte de Budapest. “Los baches son el menor de los problemas”, asegura. “Todo aquí está en un estado deplorable”. El edificio se construyó entre 1912 y 1914, cuando la demanda de gas de Budapest era alta. 70 años más tarde ya estaban obsoletos, y la fábrica cerró. Hoy se alzan abandonados a la orilla del Danubio.

Si todo sale según los planes del alcalde de Budapest, no será por mucho tiempo. En breve debe construirse en este lugar un moderno parque tecnológico. El Museo Técnico de Hungría podría tener aquí su próxima sede; al mismo tiempo, hoteles y restaurantes embellecerían la orilla del Danubio. E Imre Gróf, en su cincuentena, un hombre fornido y con una poblada barba, debe hacer estos planes realidad: no en vano es el presidente de la sociedad “Budapest Urban Development”. Su modesto despacho se halla a la entrada del solar. Desde aquí intenta encontrar inversores para que inviertan en los edificios protegidos como monumentos. No es una tarea fácil, pues su única colaboradora es su secretaria.

Buena calidad en una buena atmósfera

Mientras las viejas instalaciones industriales hibernan tras una valla, el futuro se acerca desde el sur. La empresa Graphisoft amplía aquí, en la parte sur del solar de Óbuda, su parque tecnológico de fabricación de software. La mayoría de los edificios están sobriamente construidos con ladrillos entremezclados con cristal. En la cafetería, la empresa Future Catering proporciona a los jóvenes expertos en software especialidades húngaras y bebidas energéticas.

Graphisoft se fundó en 1982 en Hungría y se estableció enseguida en el mercado mundial con su software para arquitectos Archicad. El arquitecto jefe János Kocsány controla el destino del parque. “Creemos que sólo se puede conseguir buena calidad en una buena atmósfera”, sintetiza la idea del parque. “Y lo que es bueno para nosotros, también puede ser beneficioso para otras empresas. Por eso les ofrecemos edificios de despachos aquí”.

Cuando los que desarrollaban el parque a finales de los noventa trataban de abrir el camino hacia el futuro, se encontraron con las huellas del pasado. Kócsany nos enseña fotos de las obras, en las que se ven esqueletos y huesos en hileras de tumbas. “Son restos de los antiguos romanos”, sentencia. No lejos del solar se encuentra Aquincum, los restos de una colonia romana. “Por suerte sólo encontramos tumbas, no edificios antiguos”, dice el arquitecto con alivio.

Mucha suciedad y poco dinero

Justo eso es lo que teme Imre Gróf. La antigua fábrica de gas está más cerca del centro de Aquincum que el parque tecnológico de Graphisoft. Si se encontraran restos antiguos, estarían obligados a conservarlos. Algo que aleja a los inversores. “En caso extremo, podríamos construir un garaje en profundidad, en el cual informáramos a los visitantes de que allí se encontraron piedras antiguas”, dice con pragmatismo.

Pero esto no es lo único que da quebraderos de cabeza al empresario húngaro. La ciudad de Budapest tiene grandes planes…, pero poco dinero. El Estado no puede proporcionar nada, ya que su déficit interno es demasiado grande. La renovación de los viejos edificios cuesta como mínimo algún par de cientos de millones de euros. “Nuestra idea es que compañías privadas renueven los edificios y obtengan a cambio derechos para explotarlos a largo plazo”, dice Gróf con optimismo.

Sin embargo, para atraer a los inversores se necesita estabilidad política, y eso falta en Budapest, donde los partidos se pelean sin tregua. A principios de octubre, tuvieron lugar las elecciones municipales, pero sólo a principios de diciembre pudieron ponerse de acuerdo para nombrar al alcalde.

Además, los edificios de la antigua fábrica están contaminados con metales pesados y benceno. “En la refinería de gas del oeste en Ámsterdam se juntó todo el material contaminado en una montaña, sobre la que posteriormente se plantaron árboles”, comenta Gróf. A menudo visita proyectos similares en Europa, para informarse. La limpieza de los deshechos de la refinería de Óbuda costará entre cuatro y diez millones de Euros, calcula Krisztian Karácsony. Él ha desarrollado el plan de desarrollo para el solar por encargo de la ciudad.

Locales para artistas

Zoltan Balla no dispone de tanto dinero, ni mucho menos. Este diseñador gráfico de 29 años es uno de los iniciadores del Tüzrakter, un proyecto cultural alternativo. Cada verano, se transforma un antiguo laboratorio de investigación en el corazón de Budapest en un centro para fiestas, conciertos y exposiciones. Artistas de toda Europa pueden desarrollar aquí sus ideas. “Aquí montan artistas franceses su teatro de marionetas”, dice Balla, y señala una gran habitación. El eco de su voz se escucha en los grandes pasillos del edificio. Ahora, en invierno, Tüzrakter está vacío. No hay casi puertas ni ventanas; aquí y allá se ven extrañas obras de arte: una hamaca hecha de mangueras, un informal bar de bebidas hecho con cajas de cartón.

El alquiler del solar lo pagan los organizadores con el dinero que sacan de las fiestas veraniegas. Pero no hay seguridad en el futuro. “Cada invierno, firmamos un nuevo contrato para el verano, pero nunca podemos estar seguros de si podremos usar el edificio al año siguiente.” A pesar de las condiciones adversas, Balla no quiere cambiar de edificio. “Un antiguo laboratorio es justo lo que necesitamos”, dice sonriente. “Aquí también tenemos una especie de laboratorio…, sólo que para artistas.”

También Imre Gróf ve, a pesar de las ruinas romanas y la contaminación industrial, la parte positiva del legado de su ciudad. Sube las persianas del despacho y señala los muros del edificio que se alza enfrente. “Los ladrillos de los bancos de las ventanas están hechos a mano”, dice, y añade con una orgullosa mirada a la fachada, artísticamente decorada: “Algo así hay que conservarlo”.

(Fotos, MS)