Política

Capitán Europa: cambio de capa

Artículo publicado el 20 de Diciembre de 2016
Artículo publicado el 20 de Diciembre de 2016

Tras su desembarco en 2006, el Capitán Europa, el "único superhéroe europeo", ha decidido guardar su capa y sus medias azules en el armario. Análisis y encuentro con quien, durante un tiempo, quiso salvar al Viejo Continente de sus demonios. 

No salta de edificio en edificio; no corre los 100 metros en cinco segundos y aún no consigue ver qué se trama tras los muros del Parlamento. Pero son ya siete años los que el Capitan Europa ha estado llevando su capa y su calzoncillo amarillo a todos los recovecos del barrio europeo de Bruselas. Por los bares o en reuniones políticas, él habla, interpela y hace frente a todo aquel que quiera debatir. ¿Sus poderes? Los valores europeos y los tratados que conoce como la palma de su mano. En vez de un traje color antracita, ha elegido un uniforme de lycra para hablar de ello. Algo que nos da una idea de la audacia que le ha permitido conocer a toda la "jet set" europea y a los jefes de estado más influyentes del continente. El héroe no volverá a hacer de justiciero para la UE. El Capitán Europa ha decidido llegar a un fin, dejando tras él una verdadera y bonita historia que consiguió hacer de las instituciones europeas un lugar muy divertido. 

"¿Por qué Europa no tendrá su propio superhéroe?"

Desde que atraviesa la puerta, todas las miradas se dirigen hacia él. Para su gira de despedida por los bares de Bruselas, el hombre ha decidido dar una prórroga al traje. Vestido de pies a cabeza, bien combinado en azul lycra, consigue bordear el bar con su calzoncillo amarillo sin perder demasiado orgullo en el camino. Su capa, su máscara y su gorro terminan de darle el anonimato que le ha permitido impartir justicia. Los curiosos le hacen fotos, los valientes le proponen un selfie. Es en medio de un bar bastante tradicional de Bruselas, lleno de cervezas trapenses y de buen humor, donde el Capitán Europa ha elegido contar el final. Su final. "Siempre he dicho que terminaría mi carrera de superhéroe con 40 años", exclama. "Mientras tanto, ha habido una reforma del servicio público europeo que ha prolongado tres años la edad de la jubilación". El hombre enmascarado ha decidido por tanto, mantener la diversión, hasta sus 43 años. 

La idea de ponerse el traje se le ocurrió hace 10 años. Fue en 2006 durante un carnaval. Disfrazado de monje para la ocasión, se vio rodeado de superhéroes americanos muy conocidos: Batman, Spiderman, Capitán América… "Es en ese momento, cuando me pregunté por qué Europa todavía no tenía su propio superhéroe", explica levantando el codo. La historia comenzaba a escribirse a la altura de los grandes de Marvel. El hombre vuelve a su casa con la firme voluntad de hacer el bien. Hace el diseño de los rasgos y del traje que tendrá su futuro doble, en la sombra, durante 3 años. Pues no es hasta 2009 que el Capitán Europa se hace visible "con motivo de las Jornadas de Puertas Abiertas de las instituciones europeas".

El Capitán Europa responde: ¿qué ha hecho Europa por nosotros? 

Desde entonces, se puede ver su silueta en los acontecimientos que animan la burbuja de Bruselas y a veces en el extranjero. "En Londres o en Copenhague, ciudades que, sin embargo, se muestran como las capitales de dos países más bien euroescépticos, me han acogido de manera favorable", señala. Sin embargo, es difícil afirmar que nuestro genial europeo, con una carrera profesional de "héroe de carne y hueso" es el personaje estrella de los estados miembros. Por lo que dicen las redes sociales, su calzoncillo amarillo tan solo agita la red de su barrio bruselense: su página Facebook tiene poco más de 2.000 seguidores y su cuenta en Twitter 3.000. Situado muy por detrás de sus homólogos americanos en cuanto a popularidad, el Capitán Europa y su visión federalista, sin duda asusta un poco.    

El "mejor" peor momento 

Crisis de deuda soberana, del Euro, aumento de la extrema derecha y del populismo o Brexit. La Unión Europea cada vez recorta un poco más su imagen. Irse ahora, siguiendo la estela del presidente del Parlamento Europeo – Martin Schulz – sería casi como salir huyendo. "Nunca es un buen momento, responde el Capitán. Pero no pretendo y nunca he pretendido que la UE, tal y como la conocemos hoy, sea perfecta; todavía hay mucho trabajo por hacer. " Cuando se le pregunta por asuntos "sensibles" que afectan a varios Comisarios europeos, dice sentirse decepcionado por algunos responsables políticos. "Cuando eurodiputados y comisarios se portan mal, eso cae sobre todos nosotros". Normalmente, el hombre de la capa prefiere coger alturas cuando enumera las numerosas crisis que ya ha conocido la Unión y que ha superado. "En 1960 con la política de la silla vacía del general De Gaulle, los años 70 con la crisis del petróleo, la crisis financiera de 2008, el Brexit..(…) y Europa sigue ahí. Y, en cada ocasión, ha reaccionado y resistido" nos cuenta el héroe. Un brindis optimista, pero para nada inocente. Hace falta, según nos dice, tener los valores europeos tatuados en el cuerpo para mantener el timón del Viejo Continente. "Tener un profundo conocimiento de los valores europeos(…) y ser íntegro", añade. Estas son las cualidades que espera ver en sus sucesores. Pues sí, el Capitán Europa está entrevistando candidatos para que una especie de "Robin europeo" tome el relevo "Me gustaría que fuera una mujer pero todavía no tengo candidatos, solamente un hombre" , nos confiesa, retirando la espuma. "Un candidato que sea serio", precisa.

Durante siete largos años, el Capitán Europa nunca se ha quitado la máscara. Sólo se sabe que el hombre un día se dejó la barba y que habla 6 lenguas - entre ellas un francés con marcado acento extranjero. En la ciudad, podría ser funcionario en el seno de las instituciones cuyos engranajes conoce tan bien. Pero en un gran momento de suspense, el inventor tras las máscara precisa que su personaje es más que una persona: "El Capitán Europa es de algún modo Europa tal y como debiera ser. Es decir, fuerte pero no demasiado pesada" y "próxima del ciudadano". 

Lejos de las discusiones amables de los pasillos bruselenses, el Capitán Europa es más un "agitador de ideas" que el símbolo de un hipotético heroísmo europeo. Un hombre que se ha metido en el juego del traje para llamar la atención, preguntar y a veces despertar una sonrisa en aquellos que lo observan. 

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