Política

Deuda pública: Bruselas tira de las orejas a Francia

Artículo publicado el 8 de Octubre de 2007
Artículo publicado el 8 de Octubre de 2007
El 9 de octubre, los ministros de Finanzas de los 27 (Ecofin) se reunen para examinar con lupa el nivel de la deuda y del déficit público de los Estados miembro. En el punto de mira: Francia.

60% y 3%, las cifras de oro que gobiernan la economía europea. Tras el Tratado de Maastricht y la imposición de criterios financieros, la ecuación para armonizar las economías europeas es simple. La deuda pública debe permanecer inferior al 60% del PIB y el déficit público inferior al 3% del PIB. No respetar estas reglas significa no respetar a sus socios.

¿Está Keynes caducado?

Al principio, un método simple y casi mágico, teorizado por el economista Keynes: cuando el Estado aumenta el gasto público, las empresas producen más para responder a esta demanda, los ingresos de los empleados aumentan, y así se les incita a consumir más, aumenta la demanda etc.…Es un círculo virtuoso: la demanda final es más importante que la inicial. Es el principio del multiplicador de Keynes.

Esta política que ya comenzó a ser criticada en 1973 y luego enmarcada estrictamente por los criterios de Maastricht, alcanza hoy sus límites. En una economía abierta, la mayor parte del gasto público de un país termina compartiéndose con el extranjero: vamos, que un país financia a sus vecinos. Luego, como el Estado debe recuperar el dinero invertido, aumentan las tasas de interés, y esto ralentiza la economía. Todas las economías relacionadas son igualmente penalizadas.

Así, ¡una política de recuperación presupuestaria aislada en el seno de la UE provocaría la caída del euro! El principio es simple: cuando un miembro echa una cana al aire, todo el mundo brinda.

Para mantener cierta coherencia en el seno de la Unión europea, es necesario adoptar unas reglas comunes para dirigir las políticas presupuestarias: el criterio del 3%. No más del 3% del PIB se puede emplear para la recuperación presupuestaria. Esta estrategia tiene también la desventaja de endeudar al Estado. El Estado cuenta con que la recuperación gracias a este crecimiento le permita rembolsar más tarde su inversión, pero por lo general, esta recuperación ha culminado casi siempre con un aumento de la deuda pública.

Rigor garantizado

El quid de la cuestión es que estos criterios son muy estrictos. Demasiado estrictos, inspirados por el rigor de la Banca central alemana. Estas políticas presupuestarias juegan asimismo un papel contra-cíclico: es decir, ayudan a la economía cuando todo va mal, pero también la ralentizan cuando todo va bien. Hablamos pues de un moderador económico.

Vemos entonces que estos dos criterios son las pruebas de una coherencia económica en la Unión Europea y que un país que quiere cabalgar solo demuestra su egoísmo al favorecer su economía en detrimento de otras. Francia por ejemplo ha visto su deuda flirtear con el 66,6% de su PIB. En lugar de mantenerse humildemente en segundo plano, ha pedido a sus socios una derogación: el tiempo suficiente para percibir los frutos de sus reformas económicas actuales. La situación irrita y hiere a otros países europeos que han hecho causa común contra el país galo. No es desde luego la mejor demostración de solidaridad europea.

Foto Maastricht, Barth Wahlen

¿Adónde va el dinero de las sanciones impuestas por el Tribunal de Justicia a las comunidades europeas?

Va a parar al presupuesto general de la UE. La suma total de las sanciones representa un 1% del presupuesto de la institución, lo que equivale a 1.300 millones de euros al año. Dicho esto, es muy posible que en 2007 esta tasa aumente bastante a causa de la enorme sanción impuesta a Microsoft el pasado 17 de septiembre. Ésta asciende a 497 millones de euros, lo que equivale al 0,4% del presupuesto anual.

Este dinero a continuación se transfiere para financiar las diferentes políticas comunitarias. Resumiendo, que Microsoft financiará una parte de la PAC, por ejemplo. Rembolsará así 1 euro a cada ciudadano de la UE, lo que, comparado a los 150 euros que cuesta el programa Windows, es como si regalara cacahuetes.

Billete de 100 euros (Foto, Jul Riera/Flickr)