Política

EADS: ¿sueño europeo o pesadilla nacionalista?

Artículo publicado el 25 de Octubre de 2007
Artículo publicado el 25 de Octubre de 2007
Dificultades del Airbus A380, escándalo de información privilegiada, retrasos en la entrega del nuevo avión de carga militar A400M: la cooperativa industrial franco-alemana está para el arrastre. Y sin embargo…

Cada uno recuerda las impresionantes imágenes de Estrasburgo en 1999, cuando los líderes políticos español, francés, británico y alemán crearon EADS, el primer grupo aeronáutico que aportaba un marco jurídico único a Airbus y permitía la integración de todos los oficios por excelencia de la aviación, incluidos el espacio y el dominio militar. Fue una respuesta a la fusión entre Boeing y McDonnell Douglas llevada a cabo en 1996 con la intención de conseguir una posición dominante frente al creciente éxito de Airbus.

El público en general aún recuerda las bellas imágenes del verano de 2005, día del primer vuelo del A380 de Airbus, el avión más grande de la Historia, en presencia de numerosas personalidades de la política y de miles de admiradores anónimos llegados a Toulouse desde toda Europa para la ocasión.

Constructora del avión más grande, el A380, y del mayor cohete (Ariane 5), EADS es también la constructora de los helicópteros más vendidos del mundo (Eurocopter) y ha creado, junto con su avión comercial A320, las condiciones para el desarrollo de compañías de bajo coste.

La obsesión por el interés nacional

Sin embargo, las ambiciones personales y las susceptibilidades nacionales amenazan este éxito. Las rivalidades personales a nivel de los Estados mayores de las empresas siempre estuvieron ahí. Por desgracia, Noël Forgeard, antiguo patrón de EADS, no ha sido el único que ha tratado de aprovechar su posición para enriquecerse y asegurarse un Golden Parachute (contrato blindado) –una indemnización bastante jugosa por despido– de más de 8 millones de euros. Lo que sucede es que en EADS todo se convierte en una cuestión de Estado. La destitución de Noël Forgead fue complicada, siendo como era amigo personal del ex Presidente de Francia Jacques Chirac.

El plan de reestructuración Power 8 (que prevé el despido de 10.000 trabajadores de Airbus) es una consecuencia de los retrasos en la producción del A380, pero también una preparación para la producción de una nueva generación de aviones creados a base de materiales compuestos y que comenzará con el A350. Ahora, los políticos a ambos lados del Rin se preocupan sobre todo por el futuro de sus respectivos emplazamientos industriales. Por suerte, los sindicatos cuentan con una sólida cultura de empresa -y no sólo nacionalista- y evitan así una lucha encarnizada.

Todo cambia pero todo queda parecido

Al poco de calmarse el frente del “power 8”, reaparece la cuestión de la gobernanza franco-alemana. El encuentro franco-alemán del pasado 16 de julio en Toulouse decidió: La dirección bicéfala se suprime y el hombre con más credibilidad para dirigir los asuntos de la EADS, Louis Gallois, antiguo Presidente y Director General de la Sociedad Nacional de Ferrocarriles (SNCF), se confirma como presidente ejecutivo.

Los artículos de prensa en Alemania y Francia son parecidos: la nueva estructura da una ventaja a los franceses, es lo que se puede leer en Alemania; mientras los franceses defienden que la ventaja es para los alemanes (3 de las 6 filiales son los alemanes y el presidente del Consejo de administración es alemán). Esta es la muestra de un compromiso bien equilibrado, pero aún queda mucho por hacer, los ajustes en los puestos intermediarios piden aún más habilidad y espíritu de equipo más allá de las cuentas de los boticarios nacionalistas que a menudo siguen sus propias ambiciones personales. La reflexión común sobre un nuevo pacto de accionistas y sobre la necesidad de proteger esta empresa estratégica de eventuales OPAS hostiles con fondos de Estados asiáticos acaba de empezar. El 24 de octubre se estrenó nuevo consejo de administración con 4 pesonalidades independientes, pero saltó de nuevo el escándalo al no acudir casi ninguno de ellos.

La base de los problemas en la EADS es la misma que en las negociaciones bruselenses: la ausencia de una cultura europea y de los conocimientos mutuos de la mayoría de los responsables económicos y políticos, de los altos funcionarios y de los periodistas. Los visionarios del principio se jubilan y la generación “Erasmus” aún no lleva las riendas.