Política

El nacionalismo en Hungría provoca vientos contrarios en Europa del Este

Artículo publicado el 9 de Enero de 2012
Artículo publicado el 9 de Enero de 2012
Mientras la prensa internacional habla de una “Nueva Europa” y las agencias de rating registran tendencias económicas al alza en Europa del Este, en Hungría el viento sopla en dirección contraria. El avance nacionalista no solo mina las bases de la democracia, el pluralismo y la libertad de todo un pueblo, sino que además tiene efectos devastadores sobre la economía.

“El Parlamento no tiene dignidad, solo autoridad” comenta el presidente de TASZ (Unión Húngara por las Libertades Civiles), un día después de la decisión del Gobierno húngaro de cerrar la histórica emisora KlubRadio.

Viktor Orbán accedió al poder en marzo de 2010. Líder euroescéptico y ultranacional populista, dirigente del partido Fidesz, no se deja intimidar por las llamadas de atención de la Comisión Europea. Y parece haber empezado a aplicar la ley mordaza poco a poco, siguiendo la famosa “táctica del salami“ que tan bien le resultó al régimen comunista de Matyas Ràkosi, el tirano estalinista de los años 50. La primera víctima de la muy polémica y criticada ley sobre los medios, que entró en vigor el año pasado, ha sido la emisora nacional KlubRadio, única voz radiofónica de la oposición. En marzo de 2012 se verá obligada a ceder su frecuencia a una nueva emisora llamada AutoRadio.

“Poco espacio para la cultura magiar”

KlubRadio cierra, oficialmente, “por no haber reservado suficiente espacio a la cultura magiar”. La noticia, como subraya Reporteros Sin Fronteras, llegó el 21 de diciembre de 2011, exactamente un año después de la aprobación en el Parlamento de la liberticida ley sobre los medios y la información, adoptada con una mayoría de 256 votos a favor y 87 en contra.

Rating democrático y económico a la basura

Un régimen que parece salir de las páginas de Orwell. Y este es solo el último movimiento del ataque de Orbán, que también tiene la intención de emprender una reescritura de la historia húngara, a manos de sus ideólogos. Pretende igualmente rodear al país de una especie de cordón sanitario. De vuelta al poder por segunda vez, después de un paréntesis socialista, Orbán programa su escalada nacionalista. Y mientras arrasa la vida cultural, normalizando las actividades de los teatros, escuelas públicas y universidades, parece tener incluso la intención de hundir la economía del país renunciando a las ayudas exteriores y a la cooperación europea, al tiempo que se declara “en contra del gran capital internacional”.

Esta postura de cierre, combinada con el aumento del paro, la devaluación del florín y el incremento de la deuda soberana, ha arrastrado a Hungría a una pobreza inesperada. Según las agencias internacionales, el rating húngaro es uno de los peores de toda la nueva Europa (BB+). Categoría junk, como se dice en la jerga especializada. Orbán se ha decidido al final a pedir un préstamo al Fondo Monetario Internacional, pero la Comisión Europea ha interrumpido las negociaciones en signo de protesta contra las últimas decisiones arbitrarias de su gobierno.

En efecto, Orbán ha suscitado preocupación y decepción en toda la Unión Europea con el anuncio de un reciente proyecto de ley que prevé un auténtico golpe blanco: fusionar el Banco Central Húngaro (Magyar Nemzeti Bank) con la autoridad gubernamental de control de mercados, privando de esta manera al banco nacional de su autonomía. En materia jurídica, pretende, por otra parte, oficializar el nombramiento político sistemático de los magistrados. Por último, ha propuesto introducir un procedimiento de urgencia que permita al gobierno aprobar nuevas leyes en 48 horas sin ningún tipo de debate parlamentario.

Para compensar, imaginando tal vez una restauración, Orbán ha concedido a todos los ciudadanos eslovacos, rumanos, serbios y ucranianos de origen húngaro el derecho a voto al Parlamento nacional, remontándose probablemente a la Gran Hungría de la época nazi. Por el contrario, reserva solo escaños simbólicos, pero sin derecho a voto, a las minorías presentes en suelo nacional, como los gitanos.

¿Nuevo contagio?

“Todo demócrata, independientemente de su ideología política, debería rechazar cualquier forma de poder que desde lo alto intente callar un canal de información”, ha declarado, sin que de momento nadie le haga caso, el fundador de Reporte Honesto (Movement for Honest Reporting). Sería apasionante, de hecho, que surgiera una nueva primavera, totalmente europea, como hacen esperar los últimos ecos de Rusia. Pero aquí el miedo recorre incluso internet: parece que el régimen de terror promovido por Orbán haya contagiado también la red, donde cada vez más ciudadanos tienen miedo de verse implicados o espiados a través de listas de correo o incluso perfiles en redes sociales. Ahí está la noticia de la detención del ex primer ministro húngaro. Detención que tuvo lugar durante la manifestación de protesta frente a la sede del Parlamento contra las últimas propuestas de ley, último golpe de una coalición que en pocos meses ya ha introducido 40 nuevas normas y modificado 6 veces la constitución.

Así, mientras Praga se prepara conmovida para el funeral de Vaclav Havel, héroe de la Revolución de Terciopelo, cuando Croacia parece alcanzar por fin la adhesión a la Unión Europea y Rusia vuelve a salir a las calles contra los habituales fraudes electorales de Putin, el viento en Hungría sopla en dirección contraria. Se lleva por delante a todo un país y hace saltar por los aires, sin llamar demasiado la atención, las libertades fundamentales de los ciudadanos húngaros. 

Foto: portada (cc) Casey David/flickr; Orban (cc) europeanpeoplesparty/flickr