Política

Emmanuel Macron: una historia interminable

Artículo publicado el 12 de Mayo de 2017
Artículo publicado el 12 de Mayo de 2017

Emmanuel Macron ha sido elegido Presidente de la República por más de veinte millones de franceses. Una historia que solo debe mirarse como el estreno de una serie en el que la trama y los personajes aún son desconocidos. El contexto sigue siendo el mismo: Francia está dividida.

No nos engañemos, no lo veíamos venir. Hace seis meses, cuando Emmanuel Macron presentaba de manera oficial su candidatura presidencial, se pensaba que las oportunidades del candidato de En Marche! equivalían a las de una startup especializada en VHS. Metimos la pata. Por completo. Pero hoy, nos damos cuenta de la historia absurda que acaba de desfilar ante nuestros ojos: un hombre de 39 años, nunca antes elegido y desconocido hace tres años, se ha convertido en el presidente de la República. 

Macron, Mad Max y Mario Bros

El guion se escribe rápido. Al principio hubo valentía. La de crear un movimiento con sus propias iniciales para terminar con los plazos de un gobierno que se asusta cada vez que trata de actuar. La de pedir la renuncia del Ministerio de Economía que significa lanzarse al vacío olvidado entre la derecha y la izquierda, allí donde muchos no han negociado ni la caída ni el aterrizaje. Después está la oportunidad. La de ver a François Fillon ganar las primarias de la derecha y del centro para sorpresa general y de ver a Benoît Hamon quemarse la piel con las cenizas del Partido Socialista. En Marche! se lanza como una bala sobre una autopista despejada que dejará sobre el arcén al candidato de los republicanos de cara a los negocios y al del Partido Socialista frente a él mismo. 

Al día siguiente de la primera vuelta, la votación mostró una división ya conocida. Después de Reino Unido y los Estados Unidos, Francia está dividida en dos entre los ganadores y los perdedores de la globalización. En realidad, está fragmentada en cuatro. En el camino de los sondeos, En Marche! andó sobre las huellas del Frente Nacional. A diez días de la votación, el movimiento vio volver a la Francia insumisa de Jean-Luc Mélenchon. Tres formaciones se dividen la adhesión de los franceses sobre un tema que sirve como gasolina: "el libertinaje". La famosa 'pasokificación' europea (del nombre de la casi desaparición del Pasok, el partido social-demócrata griego, ndlt) toca también a la derecha que no representará al gran partido en la segunda vuelta por primera vez en la historia de la quinta república. Sin embargo, Marine Le Pen se dedica a la política desde hace veinte años, Mélenchon en realidad desde 1968 y Macron es un antiguo ministro. Y durante este tiempo, François Fillon vuelve a aparecer en el retrovisor como un mal remake de Mad Max, a solo un punto de la segunda vuelta, tal y como señalaban las encuestas. 

Las presidenciales en Francia funcionan como Mario Bros. Cuando perdéis, volvéis al principio, cuando ganáis, descubrís un mundo nuevo. Pulsando el play, la campaña a dos vueltas lanza a los insumisos de Mélenchon y a la derecha conservadora de Fillon lejos del escenario. ¿El nuevo terreno de juego? Whirlpool. Esta fábrica situada en Picardie y que fabrica secadoras va a cerrar. Descentralizada en Polonia, cientos de empleados van a perder sus trabajos. Símbolo del partido de la globalización, el encuentro se desarrollará en el aparcamiento de la fábrica. A nuestra derecha, Le Pen que se hace selfies. A nuestra izquierda, Macron que reclama un «megáfono» para convencer. La semana antes de la votación, las ideas divergentes de esta Francia dividida en cuatro dan lugar a un pase de armas triste. Durante el peor debate presidencial de la historia, la extrema derecha de serie B disputa con el candidato del frente republicano que solo tiene que recordar las clases de economía de sexto para acabar la partida. 

Diez por ciento

A día de hoy, veinte millones de franceses han elegido a Macron. Es menos de un tercio de la mitad de la población. En cuanto al mapa de las provincias está casi inmaculado. Más allá del arrastre de los votos, de los bloqueos y del voto útil, En Marche! ha ganado en todas partes. En las ciudades y en los campos, al este y al oeste, en los bastiones seguidores de Fillon y de Mélenchon. Es enorme, pero eso no quiere decir nada. Cabe recordar que dieciséis millones de franceses no han querido expresarse, nadie sabe quién es en realidad En Marche! Algunos mueven la cifra de 10 % cuando se calcula la adhesión del pueblo a las ideas del presidente elegido. Mirando al equipo de campaña del movimiento, es una Francia feliz, multicultural, joven, proeuropea y buena que lleva deportivas. Pero un 10% también es la (reciente) cota de popularidad de François Hollande.

La política francesa funciona como GTA (Grand Theft Auto). Todo es posible, pero nunca se acaba. Detrás de las presidenciales, hay elecciones legislativas que deberán dar los colores del futuro Parlamento y un asiento indispensable al nuevo líder. La próxima campaña acabará el próximo 18 de junio y podrá por fin revelar el verdadero valor de En Marche! De aquí en adelante, Macron es presidente de las ideas de hacer su camino. El movimiento ha prometido nuevas caras. Dicho de otra forma, desconocidos. Son los "representantes de la sociedad civil" que lucharán en las cuatro esquinas de Francia, a menudo lejos de las cámaras y de las polémicas del sistema mediático. Y como las personas no olvidan tan rápido, estamos de nuevo ante un país dividido en cuatro – la del frente, de los insumisos - que funcionará. O no.

Lo queramos o no, la de Macron es una buena historia. La realidad es que esta no es un película en VHS. La victoria del candidato de En Marche! no es más que el primer episodio de una larga serie que se anuncia tanto apasionante como imprevisible. Pero bueno, siempre nos podemos plantar.