Política

Eurostat, el relojero europeo

Artículo publicado el 29 de Mayo de 2008
Artículo publicado el 29 de Mayo de 2008
El viernes 30 de mayo, la UE publicará las cifras oficiales de desempleo en la Europa de los 27. ¿Pueden realmente compararse las realidades económicas de los diferentes países? El debate está servido.

¿Cuánto crece la UE ¿Y el paro? ¿Y la balanza económica? La encargada de responder a estas preguntas es la oficina europea de estadística: Eurostat. Aunque poco conocida, Eurostat desempeña un papel protagonista en la integración europea. Tras la aparente neutralidad de las cifras económicas que proporciona, se esconden disputas políticas cruciales. Son los bastidores de las estadísticas europeas.

Contando patatas y cebollas

Eurostat es un éxito a la europea. No tardó en convertirse en imprescindible tras su fundación en 1953. Desde entonces, todas las cooperaciones europeas se han apoyado es sus diagnósticos. ¿Su papel? Elaborar estadísticas europeas, como el producto interior bruto (PIB), el crecimiento, el desempleo… y así tomar el pulso de la economía y de la sociedad.

El principio de subsidiaridad obliga a que los Estados miembros recojan los datos y Eurostat los centralice. Sin embargo, a veces la maquinaria se detiene puesto que no todos los países cuentan de la misma manera. Para evitar verse contando patatas y cebollas, Eurostat ha impuesto reglas comunes que crean debate.

Todos los países defienden su propia manera de hacer las cosas. Por ejemplo, en el Reino Unido un parado es la persona que solicita el paro, mientras que en Francia es aquel que lleva más de dos semanas sin trabajar. Así pues, se puede ser parado en París pero no serlo en Londres. Para evitar estas divergencias, Eurostat impone sus normas… y el resultado es algo destartalado: el índice de desempleo disminuye casi un 1% si se siguen las cifras del INSEE en Francia o del INEM en España. ¡Magia potagia numérica!

Incertidumbres y estrategias políticos

No obstante, el recelo de Eurostat, siempre exigiendo mayor precisión, obliga a revisar con regularidad las cifras antiguas: El crecimiento francés en 2003 resultó ser un 0,9% más alto cuando se revisó, tres años después. No es fácil tener una política económica cuando existen tantas incertidumbres. Menos aún cuando se sabe que la Comisión asigna puntos positivos y negativos en función de las cifras; de ahí el desafío de las definiciones.

Tras las disputas de estadistas se esconden batallas políticas. Si se opta por una sola definición para todos, se reconoce la existencia de una ‘norma’ de sociedad. Pese a que los Países Bajos -país a la cabeza de contratos a media jornada- y Reino Unido -con un mercado de trabajo de una fluidez enorme- no tienen nada que ver, comparten la misma manera de calcular el desempleo.

Barajando las cartas

Al comparar países, Eurostat elimina sus diferencias socioculturales. ¿Cómo dirigir entonces una política social a partir de estas cifras? Algunos sienten la tentación de jugar con los indicadores para esconder sus dificultades. Las disputas sobre las cifras de desempleo o, más recientemente, sobre los precios al consumo, son del mismo orden: de la realidad a su lectura estadística hay mucho trecho y un mundo de variaciones. Para que los salarios aumenten con la inflación es necesario que se la evalúe correctamente, lo que no siempre ocurre.

Pero la independencia de Eurostat y de las instituciones estadísticas las coloca en una posición cada vez menos influenciable y más implicadas en las normas internacionales, lo que permite ganar en transparencia, ya que pueden compararse los países y evitar que uno cabalgue solo en detrimento del resto. Respeto de diferencias o transparencia: ¡Hay que elegir!