Política

La colorida Marcha por Europa

Artículo publicado el 30 de Marzo de 2017
Artículo publicado el 30 de Marzo de 2017

Cinco mil personas se manifestaron el pasado 25 de marzo en la capital italiana para celebrar el 60º aniversario del Tratado de Roma. Una marcha pacífica que puso de manifiesto que los ciudadanos quieren una Europa más unida. 

El 25 de marzo de 1957 se firmaron dos Tratados de Roma: el tratado fundacional de la Comunidad Económica Europea (CEE) y el de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (CEEA o Euratom), dos pasos fundamentales para la construcción de la actual Unión Europea. Ambos tratados fueron firmados por la entonces Alemania Federal, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos. Para conmemorar la fecha, Roma ha sido testigo de una marcha a ritmo de banderas, colores y eslóganes a favor de Europa. 

Ni las televisiones, ni la alerta de atentados o el presunto peligro de manifestaciones antiglobalización lograron arruinar la fiesta de los jóvenes europeos. "Fue demasiado, seis manifestaciones en Roma", dijeron al día siguiente del atentado londinense. El centro de la ciudad, que se vació durante todo el fin de semana, se blindó e incluso no se pudo acceder a muchas partes, pero la 'Marcha por Europa' se celebró y fue un festival de canciones y colores. 

Cinco mil personas según el Ministerio del Interior italiano, diez mil según los organizadores. En cualquier caso, un número pequeño si se compara con otras manifestaciones proEuropa. Por ejemplo, la iniciativa Pulse of Europe movilizó el mismo fin de semana a 40 mil personas en toda Europa. 

Por razones de seguridad –esta vez incluso excesivas– muchas personas tuvieron que renunciar a llegar hasta el Coliseo para encontrarse con otra de las seis manifestaciones, bautizada Nuestra Europa y organizada por los sindicatos y el movimiento de Yanis Varoufakis, exministro de Economía griego del primer gobierno de Tsipras, denominado DiEM25 (siglas del inglés Democracy in Europe Movement 2025), un movimiento democrático, paneuropeo y sin fronteras. "Más tarde coincidiremos en un lugar de encuentro", aseguran los Federalistas Europeos, principales defensores de una manifestación que reunió una miríada de asociaciones a favor de la integración europea.

En uno de los puntos de encuentro, en la Boca de la Verdad (una enorme máscara de mármol de la que se cuenta que mordía la mano de aquel que mentía, y a día de hoy su historia sigue generando intriga N.del T.) se agolpaban una gran cantidad de banderas ucranianas y escocesas. Marianna, estudiante en Roma y originaria de Lviv, está segura de que habrá un futuro para su país dentro de esta Unión Europea, "porque esto es solo una crisis pasajera y, como las anteriores, se superará". Natt Paterson, que viene de Edimburgo y tiene 24 años, acaba de traducir al inglés la biografía de Primo Levi: "Me ayuda a recordar el pasado, las guerras, y por eso estoy aquí para defender Europa. Sueño con una Unión Europea que, después del referéndum por la independencia, reconozca a Escocia como un nuevo país europeo a pesar de que el Reino Unido no quiera hacerlo".

Las personas que se han encontrado aquí son antiguos estudiantes de Negocios Europeos, trabajadores en Bruselas o activistas. Son miembros de la famosa "Burbuja Europa" (en general, los funcionarios y trabajadores alrededor de la Unión Europea suelen entablar relaciones estrechas solo con compatriotas o con otros extranjeros que se mueven en entornos similares N. del T.). Laurin, un alemán de 25 años que pasó su infancia entre Europa y el Medio Oriente tiene una bandera en la mano: "Estoy aquí porque el proyecto europeo está en peligro en las manos de políticos que mienten a la gente. Queremos una Europa más fuerte e integrada".  Simone Fissolo, 27 años y presidente de los jóvenes Federalistas italianos, quiere más participación: "Aquí en Italia nuestra presencia es fuerte, pero es necesario que los ciudadanos de a pie se involucren más, como hace en Alemania el movimiento 'Pulse of Europe'. Espero que haya otras manifestaciones en toda Europa con motivo de las próximas elecciones nacionales".

Caminando entre la multitud, nos encontramos también con personas que no tienen ninguna filiación política. Han venido simplemente porque les apetecía, porque creen que es un deber cívico. Irene, ingeniera en Roma y que estudió en Francia, habla con el corazón: "A veces pienso que la única cosa buena que nos ha dejado la generación de nuestros padres es Europa. Tenemos que entender que lo que hemos adquirido no es algo inmóvil. Y defenderlo". Andrea, de Pisa, muestra un cartel para recordar la libertad del movimiento ciudadano: "Mi madre me enseñó a viajar. Todavía recuerdo mi estupor cuando desde Viena no se podía pasar a Budapest si no se tiene el pasaporte". Y algunos incluso llegaron a Roma con sus progenitores desde Wroclaw, en Polonia: "Estamos aquí porque nuestro gobierno no nos representa –cuenta Ewa, acompañada por su padre Suavez y su madre Kasia–. Nuestro mensaje es positivo, queremos más Europa".