Política

Sebastian Kurz: el canciller más joven de Austria

Artículo publicado el 24 de Octubre de 2017
Artículo publicado el 24 de Octubre de 2017

En las elecciones del 15 de octubre en Austria, el Partido Popular (ÖVP) se hizo con la victoria. Sebastian Kurz se convirtió en el jefe de Gobierno más joven del mundo, conocido por su inclinación hacia el extremismo. Pero eso no es todo. Hablaremos sobre un político que, tras haber afirmado que en Austria no existía una cultura de bienvenida, es ahora el mejor defensor del cierre de fronteras.

Campos que resplandecen como el oro al atardecer. Manzanos frondosos y verdes, rostros felices hasta donde la vista alcanza. También hay cobayas y fotografías de niños. Al fondo suena una melodía idílica que, cuando va a tocar a su fin, deja de evocar un ambiente de ascensor para cobrar mayor contundencia. No, ni se trata de un anuncio de quesos artesanos austríacos ni de la contratación de un seguro familiar: es un vídeo de una campaña electoral. ¿Su protagonista? Sebastian Kurz, el joven y atractivo candidato a la presidencia del partido conservador de Austria. Es alto y delgado, siempre luce un afeitado impecable. Tiene el pelo negro, peinado hacia atrás con un poco de gomina, y un rostro inmaculado, hasta el punto de que a veces resulta artificial. Su silueta aparece repetidas veces, siempre en movimiento, a menudo a cámara lenta. Lleva un traje que realza su figura y que le sienta como un guante —no solo en este anuncio, sino a todas horas—.

Cercano a los ciudadanos, convincente: parece que Kurz reúne todo tipo de cualidades. También es competente, pese a su corta edad. Es, en definitiva, perfecto. Esta es la imagen que se vende de él: la de Don Perfecto. Sin embargo, en muchas apariciones públicas el candidato denota falta de personalidad y de naturalidad. "He estudiado Economía, mientras que usted ha estudiado ÖVP", le echó en cara su rival Peter Pilz, antiguo miembro del partido ecologista, durante un duelo por televisión. "Ha disfrutado de una formación excelente", añadió. ¿Fue una indirecta, porque Kurz abandonó sus estudios, o un reconocimiento del cálculo estratégico que ha ayudado al líder del ÖVP a construir su imagen actual? Quizás tanto lo uno como lo otro. Aun así, el comentario de Pilz no reflejaba demasiada admiración.

Kurz aprende sobre la marcha

A los diecisiete años, Kurz ingresó en la organización juvenil del ÖVP y, seis años más tarde, ya era presidente de la misma. Por desgracia, abandonó la carrera de Derecho, lo cual ni siquiera consta en su currículum oficial. Desde aquel entonces sigue con su novia, Susanne. Comenzaron a salir cuando iban a la escuela y todavía son pareja. Ambos viven en Meidling, un barrio obrero de Viena en el que Kurz creció. Kurz, hijo de una profesora y de un ingeniero, se muestra tranquilo, prudente y educado. Según confiesa, los valores familiares son muy importantes para él.

'Schwarz macht geil' ("El color negro hace cosas guays") - Sebastian Kurz en la Geil-O-Mobil de 2010, uno de los pecados de su juventud 

No obstante, el yerno perfecto de Austria tuvo que cosechar primero esta fama. Cuando el vienés fue nombrado secretario de Estado de Integración en 2011, se convirtió en blanco de críticas de los medios al principio. El diario Der Standard comentó que Kurz solo pensaba en "tonterías y fiestas" y que no tenía ni idea acerca de la política de integración. Esta fue una época que marcó al joven político. Por aquel entonces aprendió a no dejarse influir por los resultados de las encuestas y la opinión de los medios. Las críticas acabaron cesando.

A los 27 años, Kurz se convirtió en el Ministro de asuntos exteriores más joven de Austria y, el pasado julio, el joven de 31 fue elegido líder del partido, lo que le posicionaba como el candidato estrella para las elecciones nacionales. Finalmente, el pasado domingo, pasó a ser el jefe de Gobierno más joven de Europa, tras el estonio Jüri Ratas (38) y Emmanuel Macron en Francia (39). 

Mano de hierro

A pesar de su meteórica carrera política —la prestigiosa revista Time lo ha elegido este año como uno de los diez Next-Generation-Leaders—, Kurz recibe críticas con frecuencia. Con sus comentarios afilados y provocativos, se ha consolidado como un partidario de la línea dura que se aproxima cada vez más a la extrema derecha. ¿Cuáles son las ventajas de esta estrategia con respecto al antiguo ÖVP? La confianza de muchos austríacos de que las promesas de Kurz se cumplirán. "El señor Kurz ya demostró en su cargo como ministro de Asuntos Exteriores que es capaz de defender a Austria de manera neutral y diplomática", declara Ina Kumanovic-Heindl, de 34 años, que colabora con la campaña de Kurz en las redes sociales. También destaca que Kurz actúa de la misma manera en materia de política interior, para disgusto de otros partidos "anquilosados". Kurz aborda directamente las inquietudes de las personas, condena las campañas irrespetuosas contra otros rivales políticos y sorprende gracias a su energía (un estilo proactivo que logra convencer a muchos austríacos).

Hacer de lo viejo algo nuevo

No era ningún secreto que desde hace tiempo se veía venir que Kurz sería el próximo líder del ÖVP, un partido conservador y de intereses económicos. Sin embargo, las exigencias que le impusieron para hacerse cargo del partido causaron mucho revuelo. Estas fueron, entre otras, la creación de una lista con candidatos de las elecciones al Consejo nacional y la posibilidad de que se vetasen los candidatos de las distintas regiones. Las malas lenguas dicen que el ÖVP ha renunciado a la democracia. ¿A quién podría sorprenderle que el nuevo líder le haya puesto su propio nombre al movimiento? "Lista Sebastian Kurz, el nuevo partido popular". También ha cambiado el color. Ahora el ÖVP aparece con un novedoso color turquesa, en vez de con el clásico negro. El resto de militantes del partido aceptaron de buena gana estos cambios y la concentración de poder, dándole a Kurz más del 98% de las voces.

"No tiene por qué ser una prueba de su competencia", comenta Livija Marko-Wieser, estudiante de Relaciones Internacionales que ya cuestionó que Kurz fuese nombrado Ministro de asuntos exteriores. "Me pregunto hasta qué punto el nombramiento tenía que ver con las capacidades y la ambición de Kurz, así como con la seria crisis del ÖVP. El partido carece de políticos carismáticos y capaces de liderar", declara la joven de veintitrés años. Kurz no solo ha aportado una imagen más joven, sino una reestructuración del partido completamente nueva.

Los austríacos parecen verlo con buenos ojos: ya en mayo, cuando el antiguo líder del ÖVP, Reinholf Mitterlehner, dejó el cargo y Kurz se puso al mando oficialmente el 1 de julio, el partido logró aumentar más de un diez por ciento en las encuestas. Incluso en los países vecinos hay muchos seguidores, como un alemán que publicó en Facebook: "Corazón, inteligencia y carisma. Algo con lo que aquí en Alemania solo podríamos soñar".

De repente, el partido popular ascendió del tercer puesto al primero en los sondeos electorales y desbancó a los populistas de derecha (FPÖ) y a los socialdemócratas (SPÖ), dependiendo del estudio, al segundo o tercer puesto. Desde entonces, la previsión para el ÖVP se mantuvo constante en torno al 33 por ciento. Casi nadie podía arrebatarle el puesto de canciller a Sebastian Kurz. 

¿Populismo o convicción?

Hasta el momento, el tema con mayor éxito de Kurz ha sido el de la migración. A finales de 2015, miles de sirios llegaron a Alemania a través de Austria. Fue por estas fechas cuando Kurz se convirtió en el centro de todas las miradas, al ser supuestamente el responsable del cierre de la ruta de los Balcanes, lo que desencadenó toda una serie de cierres de fronteras donde no tomaron parte ni Alemania ni ningún otro país de la Unión Europea. Este hecho se enfrentó al principio a críticas internacionales, hasta que poco después otros países de la UE hicieran lo mismo con el acuerdo UE-Turquía. Ambas medidas fueron objeto de fuertes críticas por parte de organizaciones humanitarias. Pese a ello, Kurz anunció un año más tarde que el próximo objetivo era cerrar la ruta del Mediterráneo. Desacreditó a las ONG encargadas de salvar a los refugiados de este mar y se manifestó a favor de la creación de un centro de acogida en Estados africanos. Estas soluciones no conllevaron pérdidas de votos en Austria. Kurz encarnaba la fortaleza europea, mucho antes de que el resto de sus colegas europeos siguiesen su ejemplo.

"Cuando Kurz era secretario de Estado de Integración, ya se notaba que no estaba interesado en que nuestros nuevos conciudadanos lograsen integrarse. De ahí que no resulten sorprendentes sus cambios de parecer en materia de migración. Kurz no representa nada en absoluto, sino que se limita a subirse al tren en marcha de la opinión pública para lograr el mayor beneficio posible. Aunque muchos políticos hacen lo mismo, normalmente no se les alaba como si fuesen el Mesías del partido", apunta Marko-Wieser.

Es cierto que Kurz no siempre fue tan afín a la derecha. "El inmigrante medio goza de una mejor formación que la del austríaco medio", dijo a mediados 2015, lo que instigó toda una serie de protestas. Su rival Strache (FPÖ) le echó en cara "haber cambiado de opinión en el último momento" por su actual inclinación hacia la derecha. Un claro ejemplo de este cambio se observó en 2016, cuando Kurz solicitó la prohibición del velo integral, que entró en vigor el 1 de octubre. No es una estrategia nueva: Kurz está buscando votantes de la derecha. Aun así, no se le haría justicia a su programa si se le metiese dentro del saco junto con otros partidos de ultraderecha como Alternativa para Alemania (AfD) o el Frente Nacional. Aunque hay algunos votantes de la AfD que le admiran, Kurz se distancia por su rotundo sí a Europa.

Pragmatismo en vez de idealismo

La imagen con la que nos encontramos es la de un político joven y ambicioso que actúa más bien guiado por el pragmatismo, no tanto por el idealismo. Alguien que se ha ganado el respeto de muchos austríacos al desempeñar el cargo de secretario de Estado y el de ministro de Asuntos Exteriores, además de brindarles la esperanza de que se produzca un cambio. "Mi voto no es por pura simpatía hacia Kurz como persona, sino que considero que es la mejor opción para nuestro futuro", aclara la joven austríaca Ina Kumanovich-Heindl. "Está claro que a Kurz solo le importa su éxito y carrera. Aun así, su estrategia está funcionando y la gente quiere ver más de lo que en realidad hay", contraargumenta Marko-Wiesner.

De lo que no cabe duda es de que Kurz ha inaugurado una nueva era política donde el populismo y una imagen pública impecable se combinan. Resulta evidente que en una democracia europea también surte efecto la estrategia de un hombre que concentra todo el poder, que se manifiesta en contra del islamismo y que promete con palabras simples seguridad y prosperidad. Gracias a su edad y profesionalidad de cara al público, Kurz se distancia de líderes como Putin y se presenta como un político decidido que ha logrado convertirse con 31 años en el jefe de Estado más joven del mundo.

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