Sevilla

La Europa en la era del 2.0: entre la integración y la desintegración

Artículo publicado el 26 de Enero de 2018
Artículo publicado el 26 de Enero de 2018

Tras el descubrimiento del fuego y la invención de la máquina de vapor, la digitalización tecnológica supone el tercer gran reto al que se enfrenta la humanidad. El futuro es hoy y Europa tiene una oportunidad única para incorporarse a un cambio que exige equilibrio trapecista para conservar su identidad y no perder el tren de la innovación.

Prometeo fue castigado por robar el fuego a los dioses y entregarlo a los hombres. Ahora, la sociedad del 2.0 en la que la interactuación mundial depende de un solo clic corre el riesgo de quemarse. ¿De quién es la responsabilidad? ¿La herramienta o la utilización de la misma? Éstas serán algunas de las cuestiones sobre las que intentará dar respuesta el máster en Historia y Humanidades Digitales de la Universidad Pablo de Olavide.

Entre la libre competencia y la voluntad gubernamental

“Apple, Amazon, Google…..¿Qué tenemos en Europa? Teníamos a Nokia en Finlandia y se la cargaron”.  Así de contundente se mostraba Josep Borrell en la presentación del máster universitario en Sevilla durante su conferencia inaugural. Para el que fuera presidente del Parlamento Europeo entre 2004 y 2007, Europa no puede ni debe permanecer como simple espectadora de los cambios, sino ser parte de él.

Según Borrell, esa será la única vía para combatir la precariedad que ha traído la robotización de nuestra economía. Si la esencia de la UE es la protección del Estado del Bienestar y éste es insostenible porque las cotizaciones disminuyen y el desempleo aumenta vertiginosamente ¿Qué sentido tiene nuestra existencia como Unión?. El socialista catalán propone como posible solución que las leyes de competencia se relajen un poco para dar espacio a la creación de grandes multinacionales tecnológicas y digitales, una prioridad absoluta a la inversión en I+D+i.

Una isla democrática

Si miramos literalmente a nuestro alrededor podremos percatarnos de que la UE es una pequeña isla democrática en una selva hostil que raramente respeta los Derechos Humanos. Al otro lado del Atlántico el señor Trump y su geopolítica, hacia el Este Rusia y China y desde todos los puntos cardinales la amenaza terrorista nos acecha las 24 horas.

Entre 1947 y 2017 hemos pasado de constituir el 25% de la población mundial a ser un escaso 6% de la misma. Pero es que internamente tampoco nos encontramos en el mejor de nuestros momentos. “El ‘Brexit’, los nacionalismos de Escocia, Padania, Veneto, Baviera o Cataluña nos hacen más débiles, por no hablar de los estados 'iliberales' de Hungría y Polonia donde la separación de poderes brilla por su ausencia…es el momento de ser contundentes, de converger más y mejor y puede que el tándem franco-alemán lo consiga”.

Josep Borrell recordaba que aún tenemos recursos nacionales con los que es imposible luchar contra los elementos a nivel global: fiscalidad, sistemas de pensiones o defensa son algunas de las materias claves para defender este oasis democrático, pero mientras no sean competencias exclusivas de la Unión, no se puede pensar en conjunto, y es la única forma. “Cuando pensamos en defensa nos imaginamos a tanques invadiendo ciudades, pero nos olvidamos de que la defensa es seguridad y la OTAN nos ha llamado la atención. O aumentamos nuestro presupuesto o nos quedamos solos. El softpower de la UE ha quedado en evidencia, es hora de tomar las riendas”, explica con ahínco.

Los cinco motores de la integración europea

El autodenominado “europeísta convencido” Josep Borrell invitaba al público asistente a realizar una reflexión sobre los motores y las causas de la integración europea. En su opinión existen cinco, cuatro de ellas pretéritas; la paz tras la Segunda Guerra Mundial, la amenaza rusa , la caída del Muro de Berlín y la democratización de los países del Este y solo una que justifica nuestra existencia presente: la innovación. “Si no nos agarramos a esta quinta, estaremos perdidos”.

Borrell extrae una lección muy clara de la convergencia económica: “no estábamos preparados porque no teníamos ni las competencias ni las estructuras comunes para tal empresa”. Es cierto que el PIB de la eurozona ha alcanzado cifras similares a las de 2008, justo antes de entrar en la crisis económica, de media. Si analizamos país por país, existen diferencias de hasta 10 puntos por arriba y por abajo.

La integración monetaria perseguía estabilizar los tipos de cambio, evitar la devaluación de la moneda devaluando los salarios (con el consiguiente coste para la sociedad) y aumentar la confianza mutua para avanzar en la unión política.  “Nada de esto se ha conseguido, y es que siendo ingeniero, 2+2 jamás serán 5”, sostiene con una sonrisa muy discreta.

A juicio del Josep Borrell, si queremos evitar la desintegración de la UE debemos encaminarnos hacia la mayor convergencia posible. “La ciudadanía e identidad europea no suple ni sustituye las nacionales de cada Estado miembro, se superpone y complementa, cuando lo comprendamos, progresaremos”.