Sociedad

Ámsterdam alternativo: mucho más que canales

Artículo publicado el 28 de Agosto de 2006
Artículo publicado el 28 de Agosto de 2006
Los museos, el Barrio Rojo, los coffee shops: todo lo que suena alternativo es en realidad el turismo de masas de Ámsterdam. Sin embargo, es posible tener un plan original. Os contamos cómo.

Los jóvenes que pasan un par de días en Ámsterdam se encuentran a menudo con el plan de siempre: el primer día visitan un museo conocido para cumplir con sus obligaciones culturales autoimpuestas, y después se van a curiosear por el Barrio Rojo haciendo, por último, una pequeña visita a un acogedor coffee shop en el que quedarse dormidos con la sonrisa en los labios. La mayoría de estos turistas jóvenes se quedan sin saber qué hacer al día siguiente. Por eso, bien vendrán estos consejos para bucear en la realidad multicultural y variada de la capital holandesa más allá de las procesiones de turistas.

Colorido distinto

Al oeste de la estación central se extiende la Haarlemmerdijk. Al coger por esta calle desde el centro de la ciudad, se abre un mundo distinto que pronto permite olvidar las hordas de turistas. En esta larga calle se suceden las diminutas tiendas y los cafés y restaurantes decorados con todos con imaginación desbordante.

En el número 49, se esconde la pequeña floristería Fleurmonde. Aafje Stregker, una chica cabello a lo rastafari, dispone de una selección exclusiva de flores. “Esta tienda es distinta de las demás floristerías”, nos cuenta, y es que se nota: hay flores de traídas de todo el mundo. Las flores de jardín según la estación anual se exponen delante de la tienda. El escaparate está decorado con cuidado con jarrones coloridos, piezas de arte hechas a mano y capullos de flores.

El café y la iglesia

El barrio de los artistas, que limita al sur con la Haarlemmerdijk, recibe el nombre de Jordaan. En las estrechas y verdes callejuelas del canal Prinsengracht reina un ambiente tranquilo y romántico que transporta al viajero hasta el siglo XVII. En verano, los habitantes de las viejas casitas se sientan en los minúsculos cafés de las callejuelas o del Noordermarkt. Algunas cafeterías no ponen sillas en las terrazas, sino que se contentan con colocar una especie de soporte unido a las sillas con el espacio justo para una taza de café. Sentaos en un café en el Noordermarkt y disfrutad del sol y de la vista de la iglesia octogonal (Noorderkerk) en el corazón de la pequeña plaza.

Una gramola y doce tipos de ginebra

Cambiemos de aires y vayámonos al sur de la ciudad: la calle Utrechtsestraat une las plazas Rembrandtplein y Frederiksplein. En medio de este eje turístico se esconde, en el número 76, un refugio nostálgico: el café Krom, con aires de viejo pub por la oscuridad de su ambiente y la longitud de su barra. Nació en 1925 y hasta hace poco seguía perteneciendo a la familia Krom.

Una antiquísima gramola que todavía funciona, una vitrina en la que se acumulan souvenirs casi ya irreconocibles y una gran mesa redonda tapada con una colorida alfombra sirven para crear una atmósfera única. “A este café no vienen turistas”, dice Schelpo Doyer, un cliente habitual. Enseguida nos cuenta también por qué: “Aquí se puede escoger entre doce variedades distintas de ginebra y beber en cada época del año la cerveza que mejor convenga”.

Comer para entenderse mejor

Un poco más al sur está De Pijp, un barrio multicultural y muy vivo, un crisol de distintas culturas y nacionalidades. Es aquí donde se encuentra la mayoría de los bares de Ámsterdam, de entre los cuales sobresale el Bazar (Albert Cuypstraat, 182). Este restaurante oriental está situado en una antigua iglesia cristiana. En su interior, en una de sus altas paredes, hay una frase escrita en grandes letras hebreas de color azul claro: “Comer juntos es la clave de la amistad”.

El propietario, un iraní, escogió esta frase a modo de lema porque quería crear un lugar en el que cualquier persona, sin importar su nacionalidad, se sintiese bienvenido. En Bazar se escucha música de todas partes del mundo (excepto quizás de Holanda y de Inglaterra). Las numerosas luces de colores llevan al viajero al mundo del Oriente. La barra, circular, en medio del enorme espacio interior, está hecha de latas de conserva provenientes de Turquía, el Norte de África y Oriente Próximo. Bazar es el lugar ideal para empezar la noche y hacer nuevos amigos, aparte de las cadenas de restaurantes que se encuentran en el centro de Ámsterdam. Sanne De Bruin, una chica de la ciudad que encontramos en un restaurante, nos habló de ello: “Mucha gente viene a Ámsterdam, monta en bicicleta y tira para los museos. Piensan en el Barrio Rojo y en los canales. Es mucho más bonito venir a sitios como estos para conocer el día a día del capitalino.”

Colaboró Thamar Zijlstra, de nuestra redacción local en Ámsterdam

Fotos de Kinga Timaru-Kast