Sociedad

Buscando prácticas en el parlamento sin morir en el intento

Artículo publicado el 2 de Noviembre de 2006
Artículo publicado el 2 de Noviembre de 2006
¿Unas prácticas en Bruselas? Es el objetivo de miles de jóvenes europeos. Una experiencia gratificante y suculentos contactos.

La sede en Bruselas del Parlamento Europeo se ha convertido en un lugar cada vez más solicitado para las prácticas de los jóvenes en el Viejo Continente. Los números hablan por sí solos: si en 2001 las solicitudes enviadas a la Oficina de prácticas del Parlamento eran unas 2.000, en el 2005 rondaron casi las 6.500. Sin embargo, aunque el número de solicitudes crezca, los puestos disponibles en el Parlamento son siempre cerca de 600. ¿Cuáles son los criterios de selección?

No me pagan pero lo acepto porque…

“No tenía ningún contacto cuando mandé mi solicitud por e-mail. Pero me han aceptado. He tenido la oportunidad de comprobar que no siempre pasa”, revela Julian Boecker, alemán de 23 años que está realizando una práctica en el Partido Popular Europeo. En efecto, a diferencia de lo que sucede en la comisión europea, los europarlamentarios gozan de total libertad para elegir el número de asistentes y de becarios. Una libertad que se refleja también en las retribuciones. “Tengo un sueldo que me llega para pagar el alquiler y poco más”, afirma Jens Jonatan Steen, becario danés en el Partido de los Socialistas Europeos. Y prosigue: “El Parlamento Europeo debería fijar unos estándares comunes para los becarios”. María Formisano, estudiante italiana del Instituto de Ciencias Políticas de París, está de becaria en la delegación del Partido de los Socialistas Europeos: “No me pagan pero lo acepto porque el beneficio es mayor; he accedido a información muy valiosa, puedo informarme libremente sobre los temas que me interesan. Y, sobre todo, entro en contacto con gente importante.”

Los becarios quieren seguir siéndolo

Ahora, los contactos. Pasar algunos meses en los pasillos del Parlamento significa conocer a las personas precisas para un futuro laboral. La beca se convierte en una verdadera inversión para un futuro puesto de trabajo u otra práctica en una ONG o en alguna institución europea. Después de tres a seis meses, la beca se termina: “Me gustaría mucho quedarme, pero no hay sitio”, dice Barbara Renna, becaria de la europarlamentaria Adriana Poli Bortone (Grupo Alianza para la Europa de las Naciones, derecha), “habitualmente los becarios se convierten en asistentes de un europarlamentario si el asistente en curso esta finalizando su estancia y el puesto queda vacante”. Estar bien informado y “permanecer en el centro” es imprescindible. Por ello, desde finales de 1966 existe la Asociación de antiguos becarios de la Unión Europea. Para mantener un contacto directo entre los ex -becarios y las instituciones europeas.

Ni siquiera tengo la impresión de vivir en Bélgica

“Mi relación con Bruselas es casi nula. Ni siquiera tengo la impresión de vivir en Bélgica”, confiesa el danés Jens Jonatan. “Es más, me gustaría tener una vida social más europea, más internacional. Pero no tengo tiempo.” Jens, de hecho, vive con ocho compatriotas y su círculo es puramente danés.

Stella Duzhar y Christoph Kopp, becarios húngaros en el Partido Popular Europeo (PPE), se sienten ajenos a la dinámica de la ciudad: “Nos limitamos a hacer turismo los fines de semana. Para nosotros en particular, Bruselas es una ciudad bastante cara”. Stella, además, señala el problema de la especulación con los alquileres de pisos en la ciudad: “He llegado aquí sin tener ni idea de los precios y me he encontrado con la sistematización de Internet, pago 1.300 euros al mes y fue al llegar cuando me di cuenta del disparate.”

Para ayudar a los becarios que llegan cada mes de toda Europa se ha creado la asociación Trainees in Bruxelles que se ocupa de buscar todo tipo de soluciones para quien necesita una habitación, alojamiento en hotel o en una familia.

Los precios de la capital belga aún no han llegado al nivel de ciudades como Milán o París. Y es precisamente de la Villa Lumière de donde llega Jerome Boniface, de 28 años, con un máster del Colegio Europeo de Varsovia bajo el brazo. Su novia, italiana, trabaja en la Comisión Europea y ha llegado a Bruselas hace una semana para buscar trabajo. “La situación es difícil, en cada esquina encuentras un cuatrilingüe plurilicenciado y la competencia es altísima”, confiesa, “estoy preguntando a amigos, buscando en Internet… si no me va bien lo intentaré también con una beca”.