Sociedad

Chipre: el trato de Pyla

Artículo publicado el 29 de Junio de 2017
Artículo publicado el 29 de Junio de 2017

Desde la invasión turca de Chipre en 1974, la línea verde separa a los chipriotas griegos de los turcos. Las dos poblaciones viven aisladas desde hace cuarenta y tres años. No obstante, a la espera de la reunificación de la isla, el pueblo mixto de Pyla, situado en la zona fronteriza, revela que una coexistencia entre las dos comunidades es posible. Este reportaje muestra cómo es la vida allí.

Bajo un sol abrasador, la céntrica plaza del pueblo de Pyla acoge a poca gente. No es gran cosa. Entre las antenas parabólicas y algunos coches aparcados a la sombra, solo se yerguen, uno junto a otro, los bares de dos comunidades —la turca y la griega—. Por un lado, en el rótulo del primer local, territorio de los chipriotas turcos, puede leerse: "Pyla, el bar turco". Por otro lado, el cuartel general de la comunidad griega ha adoptado un tono más patriótico, ya que, en su cartel, adornado con la bandera del país, brilla a plena luz del día la inscripción "asociación nacionalista de Pyla". Ambos establecimientos, de habitual frecuentados por los ancianos del pueblo, están desiertos a la hora de la siesta. Las únicas siluetas que se observan en la plaza son las de las personas que se dirigen con lentitud hacia el puesto de vigilancia de las Naciones Unidas. Los serbios, encargados de mantener la paz, se encuentran en el centro del pueblo. Algunos Land Rover de los cascos azules circulan para demostrar la existencia de una cierta guardia, como si el peligro de la guerra mantuviera todavía en alerta a todo el mundo. Sin duda, Pyla es la única población mixta de Chipre situada en plena zona de separación y que es famosa desde hace cuarenta y tres años por su zona desmilitarizada controlada por la ONU.

"Aquí, nadie ha muerto"

1200 chipriotas griegos y 500 turcos cohabitan en Pyla de manera pacífica. Cada comunidad tiene su lugar de culto; el pueblo alberga una iglesia ortodoxa y una mezquita sita entre medias de algunos pinos. Cada grupo posee su propio colegio, peluquería, cementerio y ayuntamiento. "Jamás hemos tenido problemas ni antes ni después de la guerra. Aquí, nunca ha habido incidentes entre ambas poblaciones. Nadie ha muerto. Hay ciertas cosas que no son perfectas y reina aún la sospecha entre las gentes. Por ejemplo, existe cierta distancia entre los jóvenes. Sin embargo, las cosas están mejorando. Ya organizamos actividades conjuntas", explica Simos Mitides, el alcalde griego. "Los turcos de Pyla son ciudadanos europeos y chipriotas", añade.

Al adentrarse un poco más en el pueblo, se puede percibir un puesto de guardia sobre una colina. Allí, ondea la bandera de Turquía, "la madre patria", junto a la turco chipriota. Justo detrás, se halla la autoproclamada en 1983 República Turca de Chipre del Norte, que ni la parte griega ni la comunidad internacional han reconocido hasta la fecha. El territorio que limita las fronteras de Pyla no solo recuerda a sus habitantes la triste realidad de la ocupación turca, sino también cuatro décadas de historia difíciles de sobrellevar. En 1974, la junta militar griega, apoyada por las fuerzas chipriotas, cometió un golpe de estado contra el presidente Makarios con la intención de anexionar de nuevo Chipre a Grecia. El ejército de Turquía intervino alegando una "operación por la paz" que dejaría 3500 víctimas de las cuales 3000 serían ciudadanos griegos y 500 turcos. 200 000 chipriotas griegos se desplazaron entonces hacia el sur y se expulsó a 22 000 chipriotas turcos de sus enclaves. La invasión turca condujo a la ocupación del 38% del territorio de Chipre y dejó tras de sí a 35 000 militares de guardia. A partir de 1963, se estableció una zona de separación desmilitarizada. La que denominamos desde 1974 como "la línea verde" separa la isla en dos convirtiendo a Nicosia en la última capital dividida de la Unión Europea (UE).

Un nido feliz

En el Nido Feliz, un pub que frecuentan los habitantes del pueblo y algunos turistas curiosos, Andronikos Zapitis, chipriota griego de cuarenta años y supervisor financiero del Estado, sorbe su café mientras conversa con un amigo. Nació en Pyla, se junta con los vecinos turcos del pueblo y confirma también que no hay problemas entre las dos comunidades. "Por ejemplo, en Navidad, los niños turco chipriotas siempre se alegran de ver a Papá Noel", cuenta. Es una tradición que no forma en realidad parte de sus costumbres y que demuestra que la comunidad turca está bien integrada en la vida del pueblo. Sin embargo, Andronikos es de esos chipriotas que se niegan a mostrar sus pasaportes cuando visitan el lado ocupado. En 2003 y 2008, la apertura de siete puestos de control en la línea verde permitió la libre circulación de griegos y turcos. El tránsito entre una zona y otra acercó de nuevo a las dos poblaciones, que hasta ese momento vivían casi aisladas la una de la otra. Esto también permitió que los refugiados griegos pudieran visitar por primera vez las casas que se vieron forzados a abandonar durante la guerra.

La situación en Pyla no preocupa a Andronikos en realidad. Por el contrario, el cuadragenario se siente muy interesado respecto al problema de Chipre. La elección del líder turco chipriota Mustafa Akinci en 2015 y la salida progresiva de la crisis económica de los años 2012 y 2013 aportaron una nueva dinámica al país. Las negociaciones pudieron reactivarse y se retomarán en Ginebra el próximo 28 de junio con Akinci y el presidente de la República de Chipre, Nikos Anastasiades, como protagonistas. Todo tendrá lugar bajo el auspicio de la ONU y de Grecia, Turquía y Reino Unido como países garantes. El proyecto de reunificación versará sobre la creación de una federación "bizonal y bicomunitaria". Los dos últimos años, se pudieron llevar a cabo grandes progresos relativos al aspecto interno del problema chipriota, es decir, relacionados con los cuatro capítulos sobre la restitución de las propiedades, la economía, la gobernanza y la UE. Una primera cumbre, que tuvo lugar en Ginebra, en enero, se calificó incluso de "histórica". No obstante, quedan aún numerosos puntos en el aire. Por ejemplo, los ajustes territoriales o, también, ciertas cuestiones cruciales como las garantías, la seguridad y la forma que adoptarán el gobierno y el ejecutivo.

"¿Por qué debe lucharse?"

"Antes de la guerra, los chipriotas griegos y turcos vivían de manera pacífica", recuerda Andronikos. "Yo estoy a favor de que se tome una solución entre chipriotas griegos y turcos. No quiero que Grecia o Turquía se postulen como garantes. Prefiero que lo sea la UE", recalca. La UE participa en las negociaciones en calidad de observador. Sin embargo, Turquía se opone a que la UE asuma un papel de mayor relevancia. En el Nido Feliz, se sienta unas mesas más lejos un turco chipriota de veintitrés años llamado Huseyin Yahi. Nació en el lado ocupado, en Famagouste. El joven examina algunas estadísticas deportivas para completar la formación en eSports que sigue en una universidad del norte de la isla. Sus padres son de Pyla y ha decidido quedarse en su pueblo natal. Huseyin va a diario al bar greco-chipriota. "En Pyla, tengo amigos griegos. Escuchamos música griega y bebemos juntos. Ojalá exista una solución para que podamos vivir todos unidos", remarca.

Hoy, los turco chipriotas de la parte norte siguen en minoría frente a los colonos turcos venidos en masa a partir de 1974 para llenar el vacío. Se cuentan entre 80 000 y 89 000 chipriotas turcos por cada 115 000 colonos de manera aproximada. Los chipriotas turcos no tienen la misma cultura que los colonos. No obstante, Huseyin no oculta su sentimiento de pertenencia. "Yo me siento europeo. Para mí, Europa significa libertad", afirma. "Nacimos unidos en el mismos territorio. Entonces, ¿por qué debe lucharse?".

Por su parte, el alcalde de Pyla no ve las negociaciones con buenos ojos. "Soy pesimista. Perdimos la ocasión de reunificarnos en 2004. Para mí, no hay más solución. Ya está todo dicho", critica. La postura política del alcalde remite al famoso plan Annan. En 2004, la ONU trató de alcanzar una solución federal "como la suiza". Sin embargo, un referéndum organizado el mismo año echó un jarro de agua fría sobre las intenciones de la organización internacional. Los chipriotas griegos rechazaron el plan de manera masiva con un 75,8% de votos en contra. Por el contrario, los chipriotas turcos lo aceptaron con un 64,9% de los votos.

Después de trece años, Pyla podría convertirse en el ejemplo viviente de que la coexistencia entre chipriotas griegos y turcos es posible. Además, podría servir de escaparate en caso de que, un día, la isla se reunificara. Sin embargo, si un acuerdo deriva de las negociaciones, las dos poblaciones deberán aprobarlo a través de un referéndum. Uno nuevo.