Sociedad

División belga: de acuerdo en los desacuerdos

Artículo publicado el 9 de Octubre de 2007
Artículo publicado el 9 de Octubre de 2007
El 10 de octubre Bélgica cumple 4 meses sin gobierno tras las elecciones legislativas. El país se toma este mal con paciencia. Testimonios.

Un extraño tipo de flor de color negro, amarillo y rojo prolifera después de varias semanas en las calles del País Llano. En la historia de Bélgica, nunca antes se había visto expresar un sentimiento nacionalista tan fuerte en las calles después de que circularan los rumores más absurdos sobre el futuro del país. Si las banderas proliferan en los balcones valones y bruselenses, la ausencia de éstas se hace cruelmente visible en los pueblos flamencos, donde parece reinar una fiebre independentista creciente, conforme pasan los días y siguen sin gobierno.

“Siempre amé Bélgica”, nos dice un anciano preguntado en una calle de Amberes. “¡Pero cuando veo la dirección que toma esta crisis, me entran ganas de decirle a los francófonos que sigan su plan sin nosotros!”. Su francés es absolutamente perfecto, sin una pizca de acento, testimonio del abismo que prevalece en el país en cuanto al aprendizaje de idiomas, los flamencos dominan también el francés, pero los valones del sur apenas comprenden el flamenco.

¿Y la causa del separatismo?

“Hemos repetido demasiado a los flamencos que estarían mejor sin nosotros”, responde Aurélie, estudiante de Económicas en Bruselas. “Pienso que algunas personas tienen cierto interés en dividir el país al máximo separando en especial la seguridad nacional”, prosigue, “los políticos flamencos hacen creer al ciudadano medio que su vida mejorará sin los francófonos. ¡Pero los sindicatos, que es lo último todavía separado en este país, no se engañan y apelan a la unidad!”.

Esta constante la comparte también Christelle, empleada de Stib, el sistema de metro bruselense, que dice no tener ninguna dificultad trabajando con sus colegas flamencos. “Somos idénticos, me parece patético que intentemos atacarnos los unos a los otros”.

Una cuestión de idioma

¿En serio son iguales? “La diferencia está básicamente en el idioma”, continua Aurélie “es un vehículo cultural que de hecho nos separa. El otro día, quería ver un debate político en la televisión flamenca para conocer su punto de vista con respecto a la crisis política. Estuvo bien comprobar que es muy diferente al nuestro. En Flandes no se tratan los mismos temas. Y mis conocimientos de neerlandés no son tan buenos como para comprender el contenido en profundidad”.

¿Cómo explicar esta falla lingüística cuando todos los jóvenes bruselenses deben dar clase de neerlandés durante 12 años, a razón de 4 horas por semana? “Hablo alemán, inglés y español fluidos”, afirma Aurélie, “pero esta lengua no es para nada atractiva, incluso para mí que me encanta salir por Flandes: Gante y Lovaina son ciudades fantásticas, ¡si hasta mi novio es flamenco!”.

Si la gente es diferente y el idioma no es atractivo, ¿por qué siguen queriendo cohabitar con ellos?

“El país es ya de por sí bastante pequeño, ¿te imaginas si se dividiera en dos o tres?” responde Sandrine, estudiante de Relaciones Públicas, originaria de Valonia. “Es cierto que el flamenco no es un idioma fácil, pero no es esa la razón por la que no es atractivo: además, yo voy a hacer mi Erasmus en Flandes, ¡no en un país soleado!” dice, considerando que los jóvenes de ambas comunidades tienen todo que ganar y aprender al conocerse.

Lo pondrán en la CNN, ¡qué vergüenza!

“Sabes que si nos separamos, va a pasar en la CNN, ¡qué vergüenza!”, dice Anouk, joven amberina nacida en Haití. “Seguro que los valones pueden hacer ciertos esfuerzos lingüísticos, pero todos somos humanos. Deberíamos ser capaces de vivir juntos. ¡En mi clase todos piensan igual!”.

¿Pero es representativa esta opinión en la ciudad de Amberes dado que tras diez años una tercera parte de sus votantes apoya a la extrema derecha separatista? Una bandera belga gigante, diez veces más grande que las colocadas en los balcones de la capital, apareció pegada al cartel de un bar. “Este país es el único del mundo que no tiene ningún orgullo patrio ni chovinismo alguno”, explica su dueño.

“¡Sin embargo, es por esto que la adoro! Mira a los franceses y los alemanes tan orgullosos de sí mismos. Nosotros somos todo lo contrario. Esa bandera no despierta ningún sentimiento en mí, salvo un gran puño en la garganta de esa minoría extremista que quiere separar a personas que nunca tuvieron problema alguno unos con otros”.

Foto bandera belga en el memorial del Cincuentenario de Bruselas (digitaldinge/Flickr); foto centro de Gante (trqmgd/flickr)