Sociedad

El Líbano de entreguerras se aprieta el cinturón

Artículo publicado el 1 de Marzo de 2007
Artículo publicado el 1 de Marzo de 2007
Los partidos libaneses se acusan de estar rearmándose. En un ambiente de pre-guerra civil, ¿de qué viven los libaneses?

“Yo antes trabajaba en Europa, en el negocio de la importación y exportación, y cerraba acuerdos de cientos de miles de dólares”, dice Hassan en perfecto alemán mientras conduce su viejísimo taxi Mercedes por las calles plagadas de alambre de espino y controles militares de Beirut. “Ahora estoy de vuelta en el Líbano, viviendo de trayectos a un dólar. La vida es difícil por culpa de Israel y por las huelgas”, dice lleno de resentimiento al avistar la sentada organizada por las fuerzas de la oposición en la Plaza de los Mártires.

Conflictos en la posguerra civil

Como Hassan, la mayoría de los libaneses se ven obligados a ajustarse el cinturón para sobrevivir, ya que la economía se encuentra en punto muerto desde que en febrero de 2005 comenzara la Revolución de los Cedros que, alimentada en parte por el deseo de liberar la economía libanesa de las cadenas de Damasco (capital de la dictadura baasista de Siria), derrocó al Gobierno pro-sirio. Según un informe en 2001 de la ONU, analizado por el escritor británico Nicholas Blanford en su libro Killing Mr. Lebanon, los sobornos a los oficiales sirios durante la llamada Pax Syriana, el periodo de relativa calma entre 1990 y el fin de la ocupación siria en 2005, comprendieron el 5% del Producto Interior Bruto (PIB) del país.

Según el informe Emerging Lebanon 2006 del Oxford Business Group, las innumerables huelgas y manifestaciones llegaron a costar al Líbano el 8% del PIB en 2005, y causaron que el crecimiento del mismo se viera completamente estancado. En 2006, la situación empeoró con la agitación política que arrastraron los ataques aéreos y la invasión por parte de Israel el verano pasado.

Según Albert Nasr, director del Centro de Investigación Económica de Beirut, el coste total de la Guerra entre Israel y Hezbolá rondaría los 7.000 millones de dolares (5.300 millones de euros). Sólo para cubrir las urgencias básicas, incluida la reconstrucción de las viviendas destruidas, se necesitan 1.000 millones de dólares (760 millones de euros). La reconstrucción de las infraestructuras dañadas se sitúa entre los 2.500 y 3.000 millones (entre 1.900 y 2.280 millones de euros) . Además, el impacto directo de la guerra en el turismo y el comercio se tradujo en una pérdida del 10% del PIB, causando que para finales de 2006 la economía hubiera encogido un 5%.

Fuera de juego

La economía libanesa aún se enfrenta a una dura lucha. El Líbano todavía no ha vuelto a la normalidad: “Las pérdidas ocasionadas seguirán afectando a la economía durante mucho tiempo”, vaticina Nasr, revelándonos otro de los obstáculos a los que se enfrentan los empresarios locales. Los dólares estadounidenses se han venido usando como moneda legal de facto desde 1992, una política surgida de la necesidad de asegurar los préstamos y contener la inflación en el periodo de la posguerra civil. Nasr explica que este tipo de cambio fijo ha convertido al Líbano en un país en el que es muy caro invertir, por lo que las fábricas están abandonando el país, desplazándose sobre todo a Egipto.

Sin embargo, el eje de la economía libanesa sigue siendo el sector financiero, que necesita una divisa fuerte para poder prosperar, según cuenta el libanés Camille Noun, asesor de economía para el Medio Oriente en Dubai. Las grandes inversiones han echado raíces en el casco antiguo de la capital en un intento por restaurar la posición de Beirut como capital financiera de la región y como paraíso fiscal al estilo de Dubai.

Hoz y martillo

En el centro de la ciudad, un cartel informa a los transeúntes de la nueva ganga de Propiedades Damac: “Compra un apartamento y llévate un Jaguar X-TYPE gratis”. Noun afirma que no todos los libaneses sienten haber ganado algo con el plan de reconstrucción. Ali, un adolescente de Baalbek, la ciudad más grande del valle de Bekaa, pasa los días vendiendo chicles por las descuidadas aceras. Siempre se queja de que “la vida es demasiado cara”, mientras elogia los logros de la comunidad chií y del líder de la oposición, Hassan Nasrallah.

La política de reconstrucción se sustenta en gran parte en el renacimiento del sector financiero, dejando de lado los intereses de otras industrias, sobre todo la agrícola. Las innumerables hoces y martillos pintados en las paredes de la Plaza de los Mártires son indicio de exigencias económicas seculares. Los agricultores libaneses, concentrados en las regiones en su mayoría chiíes del valle de Bekaa y del sur, se sienten abandonados por las actuales políticas económicas que favorecen a los empresarios.

“Analizar el brete en el que está hoy en día la política nacional a partir de la situación económica puede llevar a confusión, pues ésta es sólo un aspecto del problema”, asegura Noun. Sin poner en duda la necesidad de reformas sociales, Noun cree que la polarización del Líbano tiene mucho que ver con las políticas internaciones. Enredado en la “guerra fría” regional entre Teherán y Washington, el país tiene dos opciones: “O bien espera a que se resuelva la crisis o bien abandona el juego”.

Tachonada de estrellas

A pesar de las significativas donaciones aprobadas en la reciente conferencia París III, la UE sigue sin ser percibida como un posible mediador. “En realidad, la UE no existe en el Líbano, no pasa de ser una billetera tachonada de estrellas”, concluye Noun.

Mientras tanto, los mejores jóvenes cerebros siguen abandonando la tierra sembrada de conflictos (y, en gran medida, de balas) en la que nacieron, para unirse al ejército de libaneses que trabajan en el extranjero, la mejor baza del país. El dinero que envían desde el otro lado de las fronteras, según Nasr, asciende a 4.000 millones de dólares al año (3.000 millones de euros), el 20% del PIB del país, e insufla algo de aire fresco a una economía que se ahoga en rivalidades políticas.