Sociedad

El pueblo romaní y su eterna lucha contra los estereotipos

Artículo publicado el 13 de Abril de 2017
Artículo publicado el 13 de Abril de 2017

El pueblo romaní continúa sufriendo discriminación en Alemania y el resto de Europa. La comunidad exige el "derecho de permanencia para todos", mientras que las autoridades los devuelven a sus países de origen. El pasado 8 de abril se cumplieron 46 años desde que empezó a celebrarse El Día Internacional del Pueblo Gitano.

El ambiente que se respiraba en la manifestación de Berlín era una mezcla de ira, frustración y ganas de luchar. Un heterogéneo grupo de personas se reúne en la Hermannplatz en el barrio de Neukölln. En las enormes pancartas que sostienen algunos de los manifestantes aparece la bandera del pueblo romaní y frases como "¡Todos los romaníes se quedan aquí!". Llega un momento en el que la variopinta comitiva, acompañada de la policía, se pone en movimiento con gran estrépito. Va encabezada por una camioneta amarilla, en cuyos altavoces resuenan rotundos eslóganes.

Inmigrantes buenos y malos

Los romaníes son la minoría étnica más importante de Europa. Muchos provienen de Europa del Este y del Sur. Sin embargo, la palabra "romaní" también se emplea como término paraguas para todas aquellas personas que sienten que pertenecen a esta etnia, incluyendo a la comunidad sinti. La mayoría de los romaníes de Alemania viven aquí desde hace una o varias generaciones y poseen la nacionalidad alemana. De acuerdo con un informe de 2011 elaborado por la República Federal de Alemania y dirigido a la Comisión Europea, los romaníes consideran que se han integrado bien y que no reciben ningún tipo de programas de ayudas especiales.

Johannes Kiess, investigador asociado de la Universidad de Siegen, nos explica su estudio Die enthemmte Mitte ("El centro desinhibido"), publicado en 2016. Este se basa en encuestas realizadas a escala nacional sobre opiniones de extrema derecha en Alemania. El estudio revela que el extremismo de derechas ha disminuido, pero que en la actualidad ha surgido otro problema: "Nos distanciamos del clásico rechazo hacia los inmigrantes y el antisemitismo para acercarnos a un tipo más concreto de aversión hacia las personas. Esto implica que hay 'buenos' y 'malos' inmigrantes. Entre los 'malos' inmigrantes se encuentran los romaníes, los refugiados y los musulmanes". A dichos grupos se les atribuyen características negativas: "A los romaníes, por ejemplo, se les considera una amenaza para la prosperidad", declara Kiess.

Georgi Ivanov, quien coordina el servicio de orientación Amaroforo, afirma que en realidad no es posible definir a los romaníes como un único grupo. Amaroforo es la asociación regional en Berlín de la comunidad AmaroDrom, la cual ayuda a los romaníes y no romaníes a movilizarse y a participar en la vida comunitaria.

Me da vergüenza ser romaní

Otro de los obstáculos con los que se encuentra esta minoría es que a muchos les cuesta identificarse como romaníes. Safeta Zwietasch, que trabaja para Amaroforo, habla de un joven que ha hecho unas prácticas en la asociación: "Se avergüenza de mostrar un certificado de prácticas de Amaroforo, por el simple motivo de que consta que nuestra organización trabaja para y con romaníes". Ella misma, de origen bosnio, no se atrevía a hablar abiertamente sobre sus raíces romaníes hasta que comenzó a trabajar para la organización. "Antes tenía miedo de que me costase el trabajo y de que mi hijo sufriese insultos y discriminación en el colegio. Ahora quiero mostrar con orgullo mi procedencia".

Ser identificado como romaní y, por consiguiente, sufrir discriminación, solo suele producirse al poseer determinados rasgos físicos. Esto suele ir de la mano del constructo de "extranjero". Kiess lo resume así: "El romaní rubio de ojos azules no tendrá ningún problema".

¿Quién debe quedarse?

En Berlín la cuestión se centra en detener la expulsión del pueblo romaní. De acuerdo con el portal de estadística Statista, la población romaní en Alemania ronda en torno a las 120.000 personas. Pero esto tan solo son estimaciones, ya que desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en la República Federal no está permitido preguntar acerca de la procedencia étnica, por lo que esta no aparece en el registro civil. Así, desde el punto de vista legal y oficial, "ser romaní" no tendría que influir en absoluto el estatus social de los ciudadanos en Alemania.

Sin embargo, son precisamente los romaníes quienes tienen que luchar por sus derechos como romaníes, no tanto por sus derechos como rumanos, serbios o albaneses. Quizás se deba a que no solamente son la minoría étnica más importante de Europa, sino que son a su vez el grupo social que más discriminación sufre. De acuerdo con Marijo Terzic, el presidente del centro municipal de integración en Duisburg, esto afecta igualmente a la minoría que vive en Alemania, por lo que se traduce en una desigualdad en todos los ámbitos.

Puede que los romaníes luchen con tal vehemencia por sus derechos porque Alemania les debe un mejor trato, como consecuencia del exterminio sistemático llevado a cabo durante el nacionalsocialismo. En la manifestación de Neukölln, se mencionó repetidas veces la responsabilidad de la República Federal frente al pueblo romaní. Creen que Alemania les debe el derecho de libertad de circulación y de residencia.

Querer y poder

Terzic, responsable de integración, trabaja en la ciudad de Duisburg (Renania del Norte-Westfalia), el epicentro de inmigración romaní proveniente de la región de los Balcanes. Él lo tiene muy claro: "El Estado se desentiende un poco de su responsabilidad y deja en manos de las autoridades locales una enorme pila de trabajo en asuntos de integración, y estas acaban con el agua hasta el cuello. Nuestras oficinas se llenan de romaníes en busca de cursos de alemán y no somos capaces de dar abasto", declara Terzic.

Para él, no reviste importancia si los inmigrantes son romaníes o no y recalca que, de todas maneras, no está permitido recabar dicha información. "Las medidas de integración son las mismas para todos. El pilar del proceso de integración siempre lo constituye la educación, educación y más educación. Darles a los niños la oportunidad de obtener formación profesional en el futuro. En el caso de los adultos, la integración en el mercado laboral desempeña una función primordial".

La opinión de Ivanoc en cuestiones de responsabilidad propia va en la misma línea: "Deben venir con un poco de iniciativa propia. Si uno se queda en casa y se queja de que nadie le ayuda, resulta utópico que pueda llegar a integrarse". Pero añade que uno de los mayores problemas para la integración son las restricciones en el mercado laboral, ya que los romaníes no pertenecientes a la Unión Europea (UE) no pueden trabajar, a pesar de ser "tolerados". "Aunque a muchos les gustaría trabajar y ya dominan el idioma al nivel necesario para hacerlo, no les está permitido. Es una paradoja".

Un variopinto paquete de medidas en Europa

Desde hace años, la UE lleva impulsando paquetes de medidas en distintos ámbitos para erradicar la discriminación de este grupo social. En 2005, doce de los estados miembros firmaron la iniciativa Decenio de la Inclusión Romaní, promovida por la UE y el Banco Mundial. Alemania no se encontraba entre ellos. Además, con motivo de la Década de la Inclusión Romaní, se fundó el Fondo para la Educación de los Romaníes, destinado a fomentar la educación del pueblo romaní en aquellos países miembros que forman parte de la iniciativa.

No obstante, las competencias de la UE en materia de protección de minorías son limitadas. Queda en el aire la cuestión de hasta qué punto todos estos esfuerzos dan sus frutos, algo que solo podrá observarse dentro de las fronteras de cada país. Algunos lugares como Duisburg, Mannheim, Gelsenkirchen, Dortmund o Berlín, donde hay un similar porcentaje de población romaní, no han dejado ver hasta ahora que las estrategias de integración hayan tenido demasiado éxito.

"¡Queremos los mismos derechos que tienen los judíos que vienen a Alemania!", clama una voz a través de los altavoces durante la manifestación. De acuerdo con el ministerio alemán de migración y refugiados, si bien existen requisitos especiales de acogida para los judíos, estos tampoco pueden entrar en el país sin restricción alguna. De este modo, deben ser apátridas o pertenecer a un país de la antigua Unión Soviética y poseer conocimientos básicos de alemán.

Los romaníes son europeos, no entiendo por qué deben irse

Entre los manifestantes en Neukölln se encontraba también mucha gente no romaní, como un turista brasileño que considera importante participar en la vida política: "Los romaníes también son europeos, no entiendo por qué deben irse", declara.

Desde el punto de vista legal, tampoco deberían irse de Alemania por ser romaníes. Pero no cabe duda de que la práctica y la percepción de los afectados continúa siendo bien distinta. En Alemania, el pueblo romaní sigue sufriendo discriminación. Sería una actitud miope creer que todos los romaníes son víctimas, del mismo modo que lo es meterlos a todos dentro del mismo saco. En Alemania viven romaníes alemanes, romaníes inmigrantes que se han integrado a la perfección, así como aquellos que no quieren o no pueden integrarse. Una chica que se encuentra algo más al final de la manifestación logra resumirlo en pocas palabras: el prejuicio imperante es "puro racismo", ya que al fin y al cabo en cualquier grupo social "hay personas y personas".