Sociedad

Entrar desnudo en una mezquita: nacionalismo en Kosovo

Artículo publicado el 15 de Septiembre de 2006
Artículo publicado el 15 de Septiembre de 2006
¿Qué es la identidad nacional kosovar? Migjen Kelmendi, editor del semanario Java, abre el debate con el libro ¿Quién es kosovar? recién publicado.

El hombre que inició el debate sobre la identidad kosovar, Migjen Kelmendi, editor del semanario Java, sorbe su café con satisfacción. Hace una tarde lluviosa en Pristina, y el restaurante Hani está desierto. La vez que le conocí, en el verano de 1999, pesaba como mínimo 10 kilos menos. Aún tenía la tez pálida a causa del éxodo a Macedonia en el que se vio envuelto.

Retorno del exilio

Febrilmente, me iba dictando la historia de su huida mientras las tropas serbias perseguían a la población albanesa de su ciudad. Hoy afirma: "Nada más terminar la guerra, al regresar del exilio, me di cuenta de no era el momento de actuar en plan intelectual irónico y distante. Me convertí en el director de nuestra primera compañía de emisión: RTK, la radio-televisión pública kosovar, relevando a los serbios. Sin embargo, la idea del ensalzamiento obligatorio de la gran Albania iba contra mis principios y el sueño que nos había motivado durante nuestro exilio bajo la ocupación serbia parecía pasado de moda. Aun así, ¿puede uno cambiar el sistema desde dentro? Traté de enfrentarme a esa enorme maquinaria de comunicación y al final opté por fundar mi propia publicación para dar espacio a otras opiniones.”

Kosovo es la región más joven de Europa: el 70% de la población tiene menos de treinta años. Cada año, unas 30.000 personas entran de forma clandestina en este país paralizado por dos temas clave, escribe Kelmendi: la independencia y el desempleo, pamvarësia y papunësia. Java fue su solución: una oportunidad laboral para jóvenes periodistas y un foro de debate sobre lo que significa ser un kosovar independiente.

Abriendo el debate sobre el nacionalismo kosovar

Kelmendi planteó la pregunta en el primer ejemplar de Java, el 1 de diciembre de 2001. Le siguió un feroz debate. Recogió las principales aportaciones en un libro, -¿Quién es kosovar?- publicado también en inglés. En cualquier otro lugar de los Balcanes se habría sospechado que el nacionalismo intolerante se escondía detrás de tal pregunta. Aquí, se da el caso contrario. "Si la democracia occidental es la meta de la sociedad kosovar" , escribe Kelmendi, "entonces el punto de referencia no debería ser el identitarismo, la unificación lingüística y el nacionalismo como totems intocables, sino el debate sobre estos asuntos, la identidad albanesa unificada, el idioma común, los símbolos nacionales y el futuro de Kosovo. No tomando el nacionalismo como ideología fundamental del Estado y de la sociedad, sino a través de los Derechos Humanos y de la identidad multiétnica.

Su postura resultó muy impopular. En los años posteriores a la guerra, cualquiera que se distanciara de la reunificación con la madre patria albanesa era pronto acusado de colaborar con los serbios. En el libro, Valon Murati, un ex combatiente del Ejército de Liberación Kosovar (KLA) expresaba: "El objetivo de la gloriosa guerra de liberación librada por el KLA era la unificación de Albania. (...) Aquellos que apoyan la idea de crear una nación kosovar trabajan, deliberadamente o no, por la integración del protectorado de Kosovo en Serbia”. Es más, para él, la idea de un Kosovo independiente es contraria a "los procesos de globalización e integración mundial". Afirma que "en una época en la cual las fronteras tradicionales son abolidas, la fragmentación de una nación en dos es más que absurda, es más que conservadora, es reaccionaria de pleno.”

Entre dos frentes: la identidad kosovar

Kelmendi está atrapado entre dos frentes nacionalistas: los serbios y los albaneses. Ambos proclaman la existencia de dos pueblos, que nunca pueden tener una identidad compartida. Como solista de una banda punk, The Traces, Migjen Kelmendi fue el primer yugoslavo que cantó en Albania y ahora promueve el reconocimiento del gheg, el dialecto del norte de Albania, abolido por el último dictador albanés Enver Hoxha. ¿Acaso no le granjea esta postura la simpatía de todos en Kosovo, un país en el que todos -fuera del parlamento y de los medios de comunicación estatal- hablan gheg? El viejo roquero sonríe desafiante. "Es como entrar desnudo en una mezquita: el idioma albanés estandardizado ha permitido a nuestros líderes presentarse ante el mundo como una nación unid”.

¿Qué hay de la comunidad internacional, que ha estado gobernando el país desde 1999 y trabaja sin cesar en el nuevo estatuto de Kosovo? “No tienen ni idea. Carecen de sensibilidad. Nunca he conocido a un alto oficial de la misión de paz de Naciones Unidas en Kosovo. No se presentaron en el lanzamiento del libro, con la excepción de Yvana Enzler, la embajadora suiza que financió la traducción.”

Los representantes internacionales no son los únicos ausentes. El libro que quiere que Kosovo se convierta en un lugar justo para todas las minorías sólo incluye el testimonio de una mujer ítaloamericana, no figuran rumanos ni serbios entre sus colaboradores. El editor se da por vencido: "Este libro documenta el fracaso de Kosovo, de la comunidad internacional, y de nosotros mismos. Inmediatamente después de la guerra, aislamos por completo a los serbios y a los rumanos. No hemos encontrado una manera de incluirlos en este debate.