Sociedad

España: bombas y libertad

Artículo publicado el 11 de Septiembre de 2006
Revista publicada
Artículo publicado el 11 de Septiembre de 2006
192 muertos y mil heridos despertaron a España para siempre de ese sueño ignorante de quien no quiere ver lo que se avecina: sólo el 11 de marzo de 2004 comenzó su lucha contra el terrorismo yihadista.

18 de agosto, Sevilla. Un conductor de autobús grita de pánico: alguien ha dejado una bolsa abandonada bajo su asiento. Saltan todas las alarmas. Tras el desalojo de los angustiados viajeros y la intervención policial, vuelve la calma. La bolsa sólo tenía juguetes de un vendedor ambulante. Hace dos años nadie hubiera reparado en ese paquete, lo que demuestra que en la población va calando la necesidad de estar atentos.

¿Contra-reconquista en España?

Es la prueba de la ceguera de años, pues España siempre ha estado en el punto de mira de los islamistas, cuyo objetivo es hacer pagar a la vieja Al Andalus su desviación del Islam tras ocho siglos de dominio musulmán. “El hecho de que los españoles no hayamos seguido el ejemplo de quienes ellos consideran padres fundadores de sus movimientos (los antiguos almorávides y almohades del medioevo español), les parece sencillamente inaceptable”, explica Gustavo de Arístegui, portavoz de Exteriores del Partido Popular (PP) en el Congreso y diplomático arabista. La caída del Reino de Granada (1492) es un trauma colectivo en el Islam, punto de inflexión de la decadencia de su poder. Si España fue parte de la umma (comunidad de creyentes) debe volver a serlo. El apóstata debe ser atacado y castigado, tal es su filosofía.

El país en babia

Sólo en los años ochenta se comenzaron a ver señales de peligro. El 12 de abril de 1985 la Yihad Islámica libanesa mataba a 18 personas en el bar El Descanso de Madrid. Incursiones cada vez más firmes de Hezbolá y el GIA argelino evidenciaron el problema emergente del islamismo, pero entonces la prioridad era ETA. En 1998, Osama Bin Laden señaló a España por vez primera como objetivo prioritario: hasta entonces, los presuntos terroristas españoles sólo habían financiado ataques en el extranjero.

Lo inexplicable es que, pese a los indicios, los servicios de seguridad se “relajaron ostensiblemente”, denuncia De Arístegui. ¿Por qué? El riesgo se veía muy lejano y sólo el 11-S sirvió de aviso y llevó a la movilización policial. Aquí, en Tarragona, Mohamed Atta se había reunido con una red que le suministraba dinero.

Están localizados

Hoy, el Centro Nacional de Inteligencia confirma que existe un millar de islamistas en España, de los que sólo una pequeña parte estaría dispuesta a atentar o a inmolarse. Forman parte de seis grupos clave: el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, el GIA (del que nació el anterior), los Soldados de Alá, Ansar Al Islam, el Grupo Islámico de Combate marroquí y, claro, Al Qaeda, relacionado con los demás e inspirador de sus actuaciones. Forman células dormidas que financian y tapan a los ejecutores de los ataques. Roban en casas de lujo, falsifican tarjetas de crédito y documentación y derivan a sus redes dinero legal obtenido con comercios-tapadera. Incluso, pese a que el Islam reniega de vicios como las drogas, trafican con ellas, sobre todo con el hachís. “Es una manera de corromper más aún a la juventud de Occidente”, argumenta Javier Jordán, profesor del departamento de Ciencia Política de la Universidad de Granada.

Concentrados en la costa mediterránea, Andalucía, Aragón, Madrid y Barcelona, atacan a España, además, porque es un país vulnerable. Por su situación geoestratégica de frontera con países árabes, por la creciente llegada de inmigrantes entre los que es fácil ocultarse, por haber perseguido mal la economía sumergida y, “sobre todo, porque España era un país de gente confiada, nada consciente del problema”, lamenta Fernando Reinares, asesor del Presidente Rodríguez Zapatero y miembro del Terrorism Prevention Branch de la ONU.

Apretando sin ahogar

Lejos de los blindajes antiterroristas de EE UU y Reino Unido, donde el “vale todo” se ha convertido en la política habitual (uso de información privada, prolongación de las detenciones provisionales, ficheros con tintes xenófobos para el control en los aeropuertos, intento de control de la libertad de expresión de los imanes), las autoridades españolas han optado por la alerta mesurada. Son los servicios de inteligencia los que se han vuelto más eficaces, mejor coordinados, con más información compartida (algo clave en un país con dos policías nacionales y otras dos autonómicas). Con independencia de las resoluciones internacionales adoptadas para preservar los Derechos Humanos en la lucha antiterrorista, la gran baza del presidente español es la misteriosa Alianza de Civilizaciones. Una iniciativa diplomática internacional para forzar el diálogo entre el mundo islámico y Occidente, cuyos padrinos son el secretario de la ONU, Kofi Anan, o el ex presidente iraní Mohammed Jatamí, entre otros. Dicho esto, Human Right Watch y Amnistía Internacional critican a los jueces por extender a dos años “de forma casi automática” la prisión sin juicio para los acusados de terrorismo.