Sociedad

Eutanasia: Noël Martin quiere morir

Artículo publicado el 12 de Marzo de 2008
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Artículo publicado el 12 de Marzo de 2008
Noël Martin, británico de origen jamaicano, quedó parapléjico tras un ataque de neonazis alemanes y siente que la discriminación ha marcado su vida. Antes por “ser negro y pobre, y ahora, por ser minusválido”, dice.

Noël Martin en unencuentro con alumnos de la ciudad alemana de Mahlow (Foto: Von Loeper Litteraturverlag)

La vida de Martin dio un vuelco el 16 de junio de 1996. Ese día, el obrero y yesero autónomo, entonces de 37 años, volvió muy tarde con dos colegas a Mahlow, una pequeña localidad al sur de Berlín. El trabajo había terminado y querían recoger sus últimas pertenencias. Se detuvieron después en la estación de trenes de Mahlow, porque Noël Martin quería hablar por teléfono con su mujer en Birmingham, Inglaterra. Dos neonazis le insultaron, igual que había oído tantas veces en su vida: “¡Negrata!”.

Él se limitó a hacerles un gesto irónico cuando volvía al coche. Unos minutos después, un Golf GTI los adelantó en la carretera y uno de los neonazis les lanzó una piedra de seis kilos en un cristal lateral. Noël Martin perdió el control sobre el coche y se estrelló contra un árbol. Se rompió dos vértebras del cuello y no volvió a incorporarse nunca más en su vida.

“Es alguien con una personalidad muy fuerte y ha podido superar todo muy bien”, dice Robin Herrnfeld, su representante y coautora de su autobiografíaNenn es, mein Leben (Llámalo mi vida, publicada en 2007 en Alemania. “No ha perdido nunca su sentido del humor”, por ejemplo. Aunque desde luego es una persona amargada, y sufre mucho.

Amargura sin acritud

“A pesar de todas las dificultades, Noël Martin ha encontrado el ánimo para luchar durante los últimos años en público contra el racismo y la intolerancia. “Quizá porque tuvo una infancia muy difícil”, dice Robin Herrnfeld. Sus padres le pegaban desde que llegó a vivir con ellos a partir de los 10 años en Gran Bretaña y antes de ello creció en mucha pobreza con unos tíos en Jamaica.

Noël Martin creó en 2001 una fundación que apoya el intercambio cultural entre jóvenes de Birmingham y de toda la región de Brandemburgo. “Yo no los odio”, dice cuando habla de los jóvenes radicales de ultraderecha, que abundan en los deteriorados pueblos con una alta tasa de desempleo y problemas sociales como Mahlow, al este de Alemania. “¿Sabe qué hago?, traigo a los niños de los neonazis a Birmingham, para que aprendan que pueden vivir con gentes de otras culturas y razas”.

Superarse ganando el Royal Ascot

En su nueva vida, ha centrado también gran parte de sus esfuerzos y sus recursos en conseguir el reconocimiento social que siempre le fue negado, por uno u otro motivo; con el dinero del que dispone ahora se compró hace unos años un caballo de carrera que ganó el prestigioso Royal Ascot en Inglaterra en 2006 y le convirtió en el primer propietario de raza negra en ganar el premio. “Ahí estaba toda esa gente en las tribunas, en casa delante de la tele, la Reina desde su palco, mirándome a mí, el negro en la silla de ruedas.”

Pero también está el desánimo. Jacqueline, su mujer, murió de cáncer en 2000. “Todos me preguntan cómo me siento”, nos dice al teléfono. “En realidad, deberían preguntarme cómo estoy, porque yo no siento, sólo existo. Siento el dolor en los hombros o la atrofia de mi espalda”, continúa, “pero no siento como una persona normal”. Por ello, en 2006 anunció que quería quitarse la vida con el apoyo de Dignitas, una asociación proeutanasia radicada en Suiza, que aceptó ayudarle.

Noël Martin y su mujer Jacqueline. (Foto: Von Loeper Litteraturverlag)

Un suicidio comentado por neonazis

Volvió una vez más a Alemania para dar los detalles en la televisión pública. En una tertulia política sobre el racismo y la ultraderecha, Noël Martin comentó que el día elegido para su muerte sería el 23 de julio de 2007, el día en que cumpliría 48 años. Sin embargo, dos meses antes de la fecha, aplazó el viaje a Suiza por un tiempo indeterminado. Aún necesita tiempo para organizar sus cosas y dejar su patrimonio en herencia a su fundación y a proyectos educativos. “Pero sí, quiero hacer el viaje”, nos asegura ahora al teléfono.

En los foros neonazis en Internet se comentaba con desprecio y sorna la decisión de Martin de aplazar su muerte (“... esperemos que se haga cargo de la eliminación de su cadáver también en Suiza”). En sitios como www.altermedia.info se especulaba que el anuncio del viaje a Suiza era sólo parte de una estrategia publicitaria para impulsar la venta del libro.

“A Noël le interesa mucho que se conozca su caso y se alegrará mucho de poder hablar con usted”, nos escribió Robin Herrnfeld desde Berlín por correo electrónico. Y “desde luego” espera ganar dinero con su autobiografía, aunque la mayor parte del mismo esté destinado a su fundación. Lo paradójico, en todo caso, es que en una sociedad fundada en la competencia y el lucro se menosprecie la iniciativa de un hombre marcado por el sufrimiento individual y la discriminación de la misma sociedad.

Explotación de los minusválidos

La sociedad moderna vive de la explotación de los minusválidos”, dice Noël Martin. “Los abogados, los médicos, toda la sociedad necesita a los enfermos y los criminales, porque si no, no tendrían qué comer”. “¿Sabe cuánto cuesta una silla de ruedas eléctrica?”, vuelve a lanzar una pregunta retórica antes de volver a la carga: “22.900 euros. ¿Por qué cuesta tanto como un coche, si no es ni tan rápida ni tan equipada como un coche?”.

También se refiere a la atención de los enfermos y los ancianos en sociedades opulentas cuya evolución demográfica apunta al envejecimiento de la población. “¿Conoce usted bien Inglaterra? El personal de cuidados públicos es malísimo, cualquiera que esté en el paro puede hacerlo, casi sin formación previa. Lo único que les interesa es ganar dinero y Noël tiene que enseñarles él mismo lo que deben hacer. ¡Y aquí en Alemania había gente que quería que lo mandáramos a un asilo! Eso sería la muerte más cruel para él”, se escandaliza Herrnfeld.

“Al fin y al cabo, todos tenemos que morir, y lo único que yo quiero es elegir el día de mi muerte”, dice Noël Martin; “al fin y al cabo”. Repite a menudo esas palabras al iniciar sus reflexiones, y la cadencia de la construcción en inglés (“at the end of the day”) tiene un aire más definitivo, de veredicto de un hombre que ya ha decidido su destino final. Se queja del “sistema”, que le quiere privar de su libertad de elección, que le vigila y cambia a sus auxiliares, quizá por temor a que se conviertan en cómplices de un posible suicidio. Concluye, por último, que esta sociedad debería ser sincera y dar “una elección real a los minusválidos”, ya que no quiere ocuparse de ellos.

Todas las fotos: Von Loeper Litteraturverlag