Sociedad

Inmigrantes en Bélgica: Regularización o muerte

Article published on 14 de Marzo de 2008
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Article published on 14 de Marzo de 2008
En Bruselas, 150.000 inmigrantes solicitan ser regularizados. Todos llevan al menos diez años en Bélgica y quieren ser ciudadanos de pleno derecho. Su método: la huelga de hambre.

“Regularisation ou mort!”. Éste es el ultimátum que dan los 150.000 inmigrantes sin papeles que ocupan un edificio en el número 91 de la Rue Royale de Bruselas. Están en huelga de hambre desde principios de enero de 2008. La Rue Royale es una de las principales calles de la capital europea y conecta el Palacio de Justicia con la iglesia de estilo gótico y portada barroca de Sainte-Marie.

Los sin papeles en huelga de hambre en Bruselas (Foto: Giovanni De Paola)

Los sin papeles, en su condición clandestina, exigen aquí, en el centro de Europa, su regularización. Hay sudamericanos, africanos y asiáticos. En el edificio nos encontramos con Elif (nombre ficticio), de doce años y de familia turca. Elif asiste a la escuela flamenca en Bruselas y vive en Bélgica con su familia. Es ella quien tiene la responsabilidad de las entrevistas. Los niños, a pesar de ser residentes irregulares, van a la escuela y, a diferencia de los más mayores, hablan con fluidez el flamenco y el francés. Elif dice que su madre está aquí, en la Rue Royale, por la huelga de hambre. Viven en Bruselas desde hace más de diez años y no les parece justo no estar regularizados y, por tanto, vivir sin tranquilidad. ¿Diez años no es suficiente?

Al preguntarle si se siente integrada, Elif responde con seguridad: “Sí, soy feliz aquí. Hablo muy bien el flamenco porque es la primera lengua en la escuela. Si tuviese que volver a Turquía sería muy difícil aprender turco. Por eso quiero quedarme en Bélgica”.

En huelga de hambre desde hace más de dos meses

Elif dice una frase que uno no se espera de una niña de su edad: “La huelga de hambre es nuestra última oportunidad”. Habla en plural. Lo hace en nombre de su familia y de todos los ocupantes del nº 91 de la Rue Royale.

“¿Tu madre puede quedarse en Bélgica?”

“Si no consigue la regularización... no”.

“¿Y cómo vivís? ¿De dónde sacáis el dinero para comer?”.

“Eh... no he entendido la pregunta”, dice, y murmulla algo en un flamenco incomprensible para un italiano. Elif tiene doce años, pero es bastante madura para su edad. Sus padres están aquí de manera irregular; cualquier trabajo que hagan tiene que ser en negro y Elif no puede decirlo.

Cuando deja de hablar en perfecto flamenco, se vuelve hacia nosotros: “Es muy difícil pagar el alquiler y la comida, mis padres no trabajan. Es muy difícil porque no tenemos dinero”. Tiene un hermano mayor y dos hermanas y todos van a la escuela.

En Bélgica está garantizado el derecho a la educación para los niños, sean residentes regulares o no, con tal de que hayan vivido entre Valonia, Flandes y la región de la ciudad de Bruselas durante al menos dos años.

“¿Durante cuánto tiempo seguirá tu madre con la huelga de hambre?”

“Hasta que nos concedan la regularización.”

“¿Te parece que la huelga de hambre es la forma adecuada de conseguirlo?”

“Mi padre ya ha participado en una huelga de hambre, pero no sirvió de nada. Esperemos que esta vez sea la buena. Es lo único que podemos hacer.”

(Foto: Giovanni De Paola)

Incluso al pasar de casualidad por la Rue Royale, es fácil ver la ambulancia llegar con la sirena activada. Es probable que algún inmigrante necesite atención médica. La huelga de hambre está debilitando sus organismos y necesitan recuperarse. El médico que ayuda a los sin papeles de la Rue Royale siempre está en estado de pre-emergencia. La huelga dura ya más de dos meses. Se dejan morir porque no les queda nada más que hacer. Están aquí, ocupando este edificio, porque prefieren esta vía a la delincuencia. Se dejan morir esperando que el Gobierno los regularice. Todos ellos llevan mucho tiempo en Bélgica; algunos nueve años, otros diez, otros incluso catorce. Piden no tener que seguir escondiéndose, convertirse en ciudadanos belgas y poder andar con la cabeza erguida. Piden tener los mismos derechos ante la ley que aquellos (y no son pocos) que, en el fondo, no aman tanto este país y desearían su inmediata escisión.