Sociedad

Jóvenes solidarios en los campos de refugiados

Artículo publicado el 6 de Noviembre de 2017
Artículo publicado el 6 de Noviembre de 2017

Los jefes de Estado y las instituciones europeas continúan reflexionando la manera en la que acoger a los cientos de inmigrantes que llegan cada día a las costas europeas. Durante este tiempo, jóvenes voluntarios como Camille y Alyssia, han decidido acercarse al propio lugar y ayudar allí donde se necesite.

Las jóvenes estudiantes Camille y Alyssia han decidido, al ver la afluencia de imágenes de la crisis migratoria europea, que quedarse en casa no es una opción; la cual es una decisión que no todo el mundo toma. Cuando se les pregunta el motivo de su partida y el momento en el que se les ocurrió, ambas responden que en verdad no lo saben, que era algo evidente. Como cuenta Camille, procedente del departamento francés Norte "siempre he vivido en la costa de Calais donde veía a muchos inmigrantes y asociaciones que ayudaban, por lo que yo también quise participar". Así mismo, Alyssia proviene de una zona de tránsito migratorio, Niza, la cual ha tenido importantes tensiones con la frontera italiana. Sobre todo, ahora al haber condenado a Cédric Herrou a cuatro meses de cárcel con pena en suspenso por haber ayudado a unos doscientos inmigrantes a cruzar la frontera italiana por el valle del Roya.

Cuando Camille se fue de Erasmus a Turquía, concretamente a Estambul, en enero de 2016, no dudó ni un segundo: "Por las calles, veíamos a refugiados sirios que parecían estar pasando bastantes penurias. Intenté buscar una asociación para colaborar como voluntaria, pero no pude. O estaban lejos de mi casa, o tenía que aguantar a la gente que me preguntaba que por qué quería hacer eso gratis. Si me contrataban tenía que estar allí a tiempo completo, o no lo hacían. Me di cuenta de que la isla de Lesbos estaba muy cerca de Turquía, así que el mes que me quedaba hasta mi vuelta a Francia decidí ir".

Camille: el caos de Lesbos

Sin ningún contacto y solo con la información obtenida gracias a grupos de Facebook, Camille llega a Lesbos con un plan en mente. Tiene claro que no estará allí mucho tiempo, pero, aun así, quiere dejar huella. Entonces, pone en marcha una campaña de financiación voluntaria para lograr su objetivo de conseguir mil euros en un mes. Con este dinero, pretende comprar ropa, sábanas, zapatos… Sin embargo, al ponerse en contacto con voluntarios y otras asociaciones se dio cuenta rápidamente de que eso no es lo que el campo necesita: "Desde el segundo día en el campo de Moria, conocí a la persona que gestiona la asociación Better days for Moria (Moria es una antigua cárcel de la isla de Lesbos que, gracias al organismo de las Naciones Unidas, ha pasado a ser un lugar de acogida para los inmigrantes. Por razones de espacio, el campo se ha montado alrededor de la antigua prisión, dirigida por la asociación Better Days, hasta que esta sea derribada, ya que, debido a un acuerdo establecido entre la Unión Europea y Turquía, no llegarán más inmigrantes a Lesbos), a quien le expliqué que tenía dinero suficiente para poder comprar ropa, zapatos… Me dijo que era muy amable por mi parte, ya que no todo el mundo estaría dispuesto a hacerlo, pero que de nada serviría ya que no había espacio suficiente para acoger a tanta gente. Al final, muchos tendrían que volver al mar, lo cual es desalentador. Lo que verdaderamente necesitábamos lo teníamos, dinero para comprar calefactores para sobrellevar el invierno. Por todos estos cambios, tuve que informar a los donantes voluntarios en mi blog".

Allí mismo, Camille conoció a otra asociación, Dirty girls, que, al estar endeudada, había suspendido sus actividades. Sin embargo, todo esto llevó a la ingeniosa idea de recuperar las ropas húmedas que los inmigrantes dejaban atrás en las playas, para lavarlas, secarlas y así poder dárselos a los nuevos inmigrantes que llegasen. Gracias a quinientos euros que donó Camille, la asociación podrá volver a poner en marcha sus actividades. "Me enviaron un recuento de la ropa y calzado que habían lavado y secado, lo cual subí al blog. Fue muy motivador ver como tanta ropa había podido ser reutilizada gracias a quinientos euros".

Al igual que Alyssia, Camille participó en diferentes misiones en los campos. En Lesbos, se ocupó de limpiar el campo, de acoger a los inmigrantes, entregarles mejores ropas y de atender a llamadas de emergencia. Si vemos cómo fue su segundo día en aquella realidad, Camille tuvo que apresurarse para desplazarse a la vez de una punta a otra de la isla con otros voluntarios, zona en la cual se acogía a los inmigrantes y se esperaba a que los ferris, que estaban en huelga, retomasen sus recorridos.

Alyssia y el campo idealizado de Elpida

Alyssia ha vivido una experiencia totalmente distinta. En el interior del campo Elpida, en Tesalónica, en vez de ayudar a inmigrantes, ayudó a “residentes”. El campo, construido en una fábrica en desuso, pretende acoger a familias de la forma más digna posible. La iniciativa, propuesta por tres asociaciones (The Racliffe foundation, Better Days y Médicos sin fronteras), no tiene nada más que tres semanas. Alyssia cuenta que la mayor parte de las habitaciones están listas, así como los sanitarios, pero la cocina todavía no está terminada. Este campo podría ser un modelo para el resto de Europa: un jardín, varios grupos de voluntarios con distintas actividades, los propios residentes siendo conscientes de la forma de vida del campo, paneles solares… todo con el objetivo de que "llegue el día en que nadie necesite acudir a asociaciones".

Mientras tanto, es difícil saber qué hacer para resultar útil. Sobre todo, a su llegada, para lo cual Alyssia está informada: "Cuidado con acercarse demasiado a los residentes si no llevas mucho tiempo en el campo, tampoco hagas promesas que no vas a poder cumplir". Aunque en esas condiciones también se pueden establecer vínculos. Los inmigrantes comparten sus historias, algunas de ellas muy duras, con los voluntarios: "Por ejemplo, una vez había un chico de dieciocho años que había perdido a toda su familia, estaba muy solo, también por el hecho de que era kurdo y no hablaba árabe. Se relacionaba con un grupo de voluntarios, pero por desgracia tuvieron que irse; aunque, al llegar yo, pasó a llevarse conmigo". Como en cualquier compromiso, surgen las dudas. Alyssia comparte su miedo de hacer más mal que bien: "Nos dirigimos hacia un lado dañino y peligroso de la humanidad".

Por lo tanto, Alyssia decidió hacer aquello que se le daba mejor; proporcionar la alegría de vivir: "Decidimos ir todos los días con una sonrisa en los labios". Cuenta algunos de los momentos únicos que tuvo con los inmigrantes y su familia, sobre todo al tomar al encargarse de la "tienda". Agrupaba todas las donaciones recibidas por parte de las asociaciones para la ropa para así, cada familia, pudiese estar bien equipada.

Después de la tormenta viene la calma

Tanto una como la otra merecen ser admiradas. Ver como en medio del caos, los hombres y las mujeres son capaces de organizarse y crear campañas solidarias. Camille, asombrada, se ha dado cuenta de que la mayor parte de asociaciones de Lesbos han sido creadas por los propios locales. La primera asociación en las playas de Lesbos, creada por un jubilado, consistía en una caseta en la playa, donde el hombre ofrecía comidas. "Hay que imaginar cómo en aquella época llegaban todos los días unos cien barcos, donde en cada uno había veinte personas. Aquello era un no parar. Hoy en día, no llegan mas que dos o tres por día".

Hombres y mujeres de todas partes, ya sean de Lesbos o de Tesalónica, se han unido por una misma causa, ayudar. Algunos que estaban de vacaciones, decidieron quedarse. Alyssia cuenta que tanto los banqueros, como los aseguradores, los estudiantes, los matemáticos, los médicos… Pueden hacer algo y lo hacen.

Las experiencias de estas dos estudiantes has sido totalmente diferentes, pero las dos comparten un mismo pensamiento: no será la última vez que hagan esto. Las dos han hecho sus prácticas en ONG, y a su vez continúan participando en este gran movimiento solidario. Alyssia, en SOS Méditerranée, ha estado en una misión para recaudar fondos para Grenoble. Además de lo mediático que es el barco que rescata a los inmigrantes que se encuentran en el mar, Alyssia comparte ese sentimiento de utilidad. "Es una cadena solidaria; que para que funcione, el barco necesita once mil euros cada día. No obstante, el 99% de las fuentes de ingreso de la asociación provienen de donaciones privadas. Todo el mundo puede ayudar, aunque sea con un pequeño gesto a pesar de no tener demasiadas cosas. Alyssia además declara que no quiere que en veinte años se señale a la gente acusándoles de no haber formado parte de esta crisis humanitaria.

¿Cuál es la política de la Unión Europea y su gestión sobre la crisis emigratoria? Para Camille, la cuestión no es esa: "La asistencia humanitaria no tiene que ver con la política, pero ahí es donde encontramos las consecuencias de esas políticas".

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