Sociedad

La Marcha de las Mujeres, en 75 ciudades europeas

Artículo publicado el 24 de Enero de 2017
Artículo publicado el 24 de Enero de 2017

[OPINIÓN] ¿Qué repercusión internacional ha tenido la Marcha Global de las Mujeres? Echamos un vistazo a las ciudades europeas que se han movilizado para condenar la misoginia, el machismo, el odio y la intolerancia.  La "excusa" de las protestas era la investidura Trump, pero a fin de cuentas las marchas son un canto a favor de los derechos humanos. 

"Pero esto no acaba aquí. Ahora es cuando hay que ponerse los zapatos más cómodos, juntar a amigos y familia y hacer historia. Las acciones continúan." Tras la Marcha de las Mujeres celebrada por todo el mundo el pasado fin de semana, se pueden sacar tres conclusiones: Una: en Europa no todos los países se movilizan de la misma forma. Dos: vivimos en un mundo muy interconectado y no se puede augurar el alcance de un evento de Facebook. Tres: cuando existe una injusticia o no se está de acuerdo con algo, es importante hacerlo saber porque, por ridículo que parezca, siempre hay alguien que comparte la misma inquietud o dilema. Y ya se sabe que, en materia de revoluciones, dos cabezas piensan más que una. 

Esta marcha, que comenzó como un evento de Facebook contra la investidura de Donald Trump, archiconocido ya por muchas cosas, pero sobre todo por sus comentarios misóginos y machistas, ha dado la vuelta al mundo y ha logrado inspirar a unos cinco millones de personas, (sólo en Washington se han movilizado un millón de asistentes), para protestar contra una realidad política que, aunque democrática, consideran injusta. La actitud del nuevo Presidente no puede pasar por alto. Porque, con ella no sólo los grupos minoritarios pierden. El conjunto de la sociedad da un paso atrás. 

Las marchas han dado la vuelta al mundo. En Europa, donde las cifras de asistencia aún no se han hecho públicas, la participación ha estado muy repartida geográficamente. En total, 75 ciudades de 29 países del continente europeo han organizado "marchas hermanas", donde mujeres y hombres han salido a la calle para compartir lo que piensan, lo que sienten y lo que les enfada. Por ellos mismos, pero sobre todo por nosotros. Los cuatro países con más marchas han sido: Reino Unido, con marchas en 15 ciudades (Londres parece haber sido la más numerosa, con 80.000 personas); Francia, con 8Alemania, con 7 y Portugal, con 5. El resto de lugares puede consultarse en el siguiente mapa. 

(Elaboración propia con datos de Women's March Global)

Sin embargo, no en toda Europa han soplado vientos de protesta. En la mayoría de países, solo una o dos ciudades (principalmente capitales y grandes urbes) se han sumado al movimiento. Y en otros países ni siquiera eso. Chipre, Estonia, Croacia, Malta o Ucrania, han quedado al margen. En los Balcanes, a excepción de Kosovo y Serbia, tampoco se han organizado concentraciones. ¿A qué se debe esta ausencia? Mostrar solidaridad con una "causa" americana, parece quedar lejos. Pero no hay que olvidar que Europa no queda exenta de batallas por las que luchar y esta marcha, a fin de cuentas, era una buena excusa para que cada uno mirara dentro de su propia casa y gritara alto lo que está bien. Polonia, es un buen ejemplo de cómo las movilizaciones sí valen para algo. Su reciente protesta #CzarnyProtest logró evitar que el Gobierno prohibiera el aborto. En Macedonia, donde sin embargo no ha habido marcha, la revolución feminista ya no es un tabú y las mujeres son muy conscientes del poder de su voz. 

Hoy, mientras Donald Trump y su equipo, compuesto mayoritariamente por hombres, firmaba una ley que retira la financiación estadounidense a ONG internacionales que asesoren y asistan en temas de planificación familiar, salud sexual y aborto, muchos se preguntarían de qué sirve protestar. ¿Es momento de tirar la toalla? La respuesta es No. Primero porque la Historia es cíclica. Y segundo porque como dice Noam Chomsky:

"Las batallas no se ganan mañana (You don't win victories tomorrow)". 

(En tu vida verás una foto de siete mujeres firmando una ley sobre lo que pueden o no hacer los hombres con sus óganos reproductivos.)