Sociedad

Rumanos en Italia: el palo y la zanahoria

Artículo publicado el 28 de Agosto de 2008
Artículo publicado el 28 de Agosto de 2008
En Italia, entre trescientas y setecientas mil personas, casi todas mujeres y rumanas, trabajan como asistentes domésticos para ancianos o enfermos. Trabajos a menudo en negro que el gobierno, al tiempo que penaliza la inmigración, finge no ver. Testimonios desde Salerno

Nicole ha oído en los telediarios del 23 de julio la noticia sobre la Ley de Seguridad. El periodista del telediario de las ocho de la primera cadena estatal decía: "El ministro del Interior, Roberto Maroni (Liga Norte) ha tipificado como delito el de “inmigración clandestina". Para los clandestinos que delincan, las penas aumentarán en un tercio. Se prevé la confiscación de las viviendas alquiladas en negro a extranjeros sin permiso de residencia en regla. Podrá ser expulsado el extranjero condenado a más de dos años de cárcel, juicio rápido y condena de seis meses a cuatro años para aquellos pillados en flagrante delito. No más matrimonios de conveniencia. Puesta en marcha de un censo en los campamentos gitanos por medio de huellas digitales…

Bajos costes salariales en Bulgaria y Rumanía

Nicole, que lleva un año en Italia, es una cuidadora rumana, de los entre trescientos y setecientos mil que las estimaciones sobre trabajadores domésticos clandestinos calculan que hay en territorio italiano. Nicole cumplió treinta y un años en mayo. Cuando comienza a contar su historia, nos damos cuenta de que esta viene de lejos, una distancia que, desde Petrila –la ciudad del carbón, en Transilvania, situada entre Ucrania, Hungría y Serbia- traduce en kilómetros vidas y vidas de partidas, separaciones y retornos. Cuida a una anciana paralítica y pasa sus jornadas en casa, pero, a pesar del decreto y del hecho de que trabaja ilegalmente, no correría ningún riesgo: la policía italiana no patrulla los parques públicos en busca de cuidadores a quienes esposar mientras llevan a los viejecitos a dar su paseo vespertino.

En un país que envejece y con un estado del bienestar incompleto, las mujeres procedentes del este de Europa (Rumanía y Bulgaria casi exclusivamente) pueden realizar un trabajo a bajo coste, como el de cuidar de los abuelos no autosuficientes. Realizan, en resumen, ese trabajo que pocos italianos están dispuestos a hacer o que, en todo caso, harían con retribuciones más elevadas. Por este motivo, el Decreto Ley presentado por el gobierno no contempla ningún tipo de medidas contra las asistentas extranjeras. "Me marché después de haber comprado casa. Tenía que pagar el préstamo y el dinero que me daban en el mercado donde trabajaba -550 leus, unos 150 euros- era poco".

Así, el 17 de abril de 2007, Nicole subió a uno de esos autobuses organizados por agencias (un billete cuesta 160 euros) y llegó a Salerno (en Campania), al sur de Italia. La esperaba "el hombre de aquí que nos da trabajo". Por doscientos euros la recogió en la estación y la llevó a donde debería comenzar a prestar servicio, a quince kilómetros de distancia. "Tuve suerte. Si no hubiera tenido un puesto de trabajo inmediatamente, habría debido dormir en su casa y pagar diez euros al día", cuenta. Ahora recibe 600 euros al mes que envía al hijo que dejó en Petrila: "Aquí gano cuatro veces mi salario del mercado y, de todas formas, cuando trabajaba en Rumanía tampoco tenía ninguna seguridad. Me tratan bien, no me quejo".

Rumano y napolitano: todo el mundo es un pueblo

Para la anciana de la que cuida, esta joven rumana ha pasado a llamarse Nicoletta, ya no es Nicole, al igual que las Anja se convierten en Anna o, como hace algunos años, las ucranianas y las polacas acababan teniendo los dos nombres habituales: María y Olga. Permanece 24 horas en casa de la mujer que cuida, con dos tardes libres a la semana. El jueves y el domingo, después de las tres de la tarde, buena parte de Italia se llenan de grupos de jóvenes mujeres, con pantalones ajustados y los labios pintados de un rosa perlado. Se encuentran en las paradas de los autobuses y van a locales –bares y pubs- que se han adaptado a los nuevos clientes. Ofrecen cerveza a precios bajos y ponen música rumana de cantantes muy similares a los neomelódicos napolitanos.

Por otro lado, la misma Nicole dice que la dicción rumana es muy parecida a la del dialecto napolitano. También los vendedores ambulantes han comenzado a vender copias de películas en rumano y búlgaro junto a los deuvedés piratas en italiano. Nicole aprendió las primeras palabras en italiano con la televisión, los domingos. Más tarde las memorizaba de un libro que lleva siempre consigo, Ghid de Conversatie Roman-Italian, Pentru toti (Guía de conversación Rumano-Italiano para todos). Algunas expresiones pueden ser útiles, como: "Voi putea ost fel sa ma revan sez pen tru norea dumnea voastra amabilitate", traducido como: "Puedo así responder a su exquisita amabilidad".

Con el gran consenso obtenido durante las últimas elecciones legislativas por la Liga Norte, el debate sobre la cuestión de inmigración no ha hecho más que empeorar. La nueva ley es una de las más severas de Europa, tanto como para haber recibido el veto de Bruselas por la recogida de huellas en los campamentos gitanos y la decepción de organizaciones humanitarias, del Vaticano, la ONU y los jueces. Pero Nicole no parece preocupada: "Por suerte, ahora está Europa y puedo, pronto, dentro de algunos meses, volver a Petrila. Mientras tanto, la nueva ley no nos causa problemas". En Italia, en un apartamento espartano y con ancianos necesitados de cuidados, viven pensión completa incluida) los europtimistas.